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La caída en desgracia del cuate de Peña Nieto que quiso cargarse a Brufau

El ya ex director general de Pemex, Emilio Lozoya, amigo íntimo de Peña Nieto, ha caído fulminantemente. El joven y agresivo ejecutivo, que estuvo a punto de echar a Antonio Brufau de la presidencia de Repsol, no ha sido capaz de darle la vuelta a las cuentas de la compañía, arrastrado por un petróleo por los suelos y por el deterioro político de su cuate, el presidente de México.

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, saluda a su cuate, Emilio Lozoya, ex director general de Pemex
El presidente de México, Enrique Peña Nieto, saluda a su cuate, Emilio Lozoya, ex director general de Pemex elfederalista.mx

Con sólo 39 años, Emilio Lozoya estuvo a punto de tomar el control de Repsol y echar del sillón presidencial de la petrolera española a Antonio Brufau a finales de 2013. Desde la poderosa atalaya que le daba su cargo de director general de la mayor compañía mexicana, la petrolera estatal Pemex, y el respaldo explícito del presidente del país, Enrique Peña Nieto, Lozoya diseñó su estrategia para asaltar Repsol.

Pemex poseía un 9,4% y el ejecutivo mexicano se coló en la batalla abierta entre la petrolera española con el Gobierno argentino y pidió la cabeza de Brufau. Peña Nieto hizo lo propio con Mariano Rajoy, tal y como adelantó Vozpópuli en noviembre de 2013. Finalmente, la estrategia de Lozoya, respaldada por Luis del Rivero, entonces presidente de Sacyr, naufragó, Brufau consiguió mantenerse en el cargo y Pemex se vio obligada a vender su paquete en Repsol tras 24 años.

Lozoya ha fracasado en su intento de poner en orden las cuentas de Pemex, compañía que ha sido apuntillada por la caída del crudo en el peor momento

Desde entonces, el director general de Pemex se ha dedicado a poner en orden las cuentas de Pemex y a implementar las medidas aprobadas por la reforma energética impulsada por Peña Nieto para abrir el sector y el capital de la empresa estatal a inversores internacionales.

Poco éxito ha tenido Lozoya en esos dos cometidos, hasta el punto de que finalmente se ha visto arrastrado por la imparable dictadura del petróleo barato. Peña Nieto se ha tenido que cobrar su cabeza, en un gesto que en clave interna ha sido considerado una maniobra defensiva ante las horas bajas que vive el apuesto presidente mexicano.

Hay una corriente interna en el PRI opuesta a cómo está dirigiendo el país su correligionario y Pemex se había convertido en un arma arrojadiza contra el presidente del país. Así que Peña Nieto ha tenido que sacrificar a su cuate, que no ha sido capaz de hacer frente a los vencimientos de deuda contraídos por Pemex, una situación insostenible que casi estrangula al gigante petrolero. Con el petróleo a 30 dólares, Pemex camina hacia la quiebra financiera (ha pasado de representar el 30% al 20% de los ingresos estatales) y eso puede hacer mucho daños a las cuentas de la República de México.

Peña Nieto ha tenido que sacrificar a su amigo íntimo, en un momento en el que se recrudece la oposición interna en el PRI contra el presidente

Ante la deriva de la gestión de la compañía, el titular de la cartera de Hacienda, Luis Videgaray, que desde hace un año buscaba la salida de Lozoya de Pemex, ha conseguido forzar su dimisión.

Los números no cuadraban

Desde hace más de un año, Videgaray, a quien en México ven en la carrera por suceder a Peña Nieto como presidente de la nación, instó a Lozoya a ser especialmente escrupuloso con el control del gasto en Pemex y a que no le temblara la mano a la hora de llevar a cabo los ajustes necesarios. Probablemente confiado por el respaldo absoluto del propio Peña Nieto, Lozoya siguió adelante con sus planes y, al cierre de 2015, los números no cuadraban por ningún sitio.

El presidente mexicano se negó sistemáticamente a destituir a Lozoya como director general de Pemex pese a los deseos de Videgaray. Una de las últimas apariciones públicas de Peña Nieto y Lozoya fue en el foro de Davos, donde mostraron su habitual complicidad. Sin embargo, la realidad ha terminado por imponerse. La situación de Pemex es insostenible; los vencimientos de casi 12.000 millones de dólares que debe afrontar a corto plazo, inasumibles.

El ministro Videgaray, que suena a sustituto de Peña Nieto, se ha salido con al suya y ha precipitado la caída de Lozoya

Lozoya pidió dinero a Videgaray para el rescate de Pemex y el secretario de Hacienda le trasladó a Peña Nieto que lo haría sólo a cambio de la cabeza del director general de la petrolera. Y al presidente mexicano no le quedó otro remedio que dársela. Era elegir entre Lozoya y él mismo.

Como destacado productor de petróleo, México afronta en la actualidad una situación muy complicada. Y Peña Nieto se ha visto obligado a llegar a la conclusión de que no es tiempo de lealtades políticas sino de la máxima eficiencia posible.

La historia de los enfrentamientos de Pemex con Hacienda no es nueva. Juan José Suárez Coppel, antecesor de Lozoya, también tuvo sus más y sus menos con esta Secretaría. Habitualmente se quejaba de que no podía mover un papel sin el visto bueno del departamento fiscal. Pero el escenario económico por entonces era bien diferente, sobre todo en lo referido al mercado petrolero. 

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