Empresas Las cinco razones por las que El Corte Inglés ya no será el mismo tras la junta de accionistas

Hay un antes y un después a este domingo para los grandes almacenes, que afrontan cambios necesarios que deben desembocar en una compañía más profesionalizada y con una gestión mucho más propia de un gigante del gran consumo.

El siglo XX fue un siglo glorioso para El Corte Inglés. Comenzando como pequeña sastrería en la calle Preciados de Madrid, la compañía conoció una expansión sin freno en España bajo el mando de Ramón Areces primero y de su sobrino Isidoro Álvarez después. Ocuparon los lugares más valiosos de las grandes ciudades, fueron innovadores en temas como las rebajas o la publicidad televisiva y se hicieron un hueco preferente en el imaginario colectivo. Sin embargo, los primeros años del siglo XXI vieron cómo la empresa cometía algunas decisiones erróneas amparada en la época de crecimiento y burbuja. La apertura de centros en lugares poco rentables y el endeudamiento la pusieron contra las cuerdas alcanzando momentos muy convulsos en 2012, cuando se rumoreaba hasta con la quiebra de los grandes almacenes.

El estrés financiero ha servido, sin embargo, como catalizador para que El Corte Inglés, empresa familiar dirigida con códigos del siglo XX en plena segunda década del XXI, ejecute cambios que deberán ser beneficiosos para la compañía. Muchas cosas ya no volverán a ser las mismas en la empresa tras la junta de accionistas de este domingo, marcada por la destitución de la consejera de grupo Ceslar, Carlota Areces, por filtrar información confidencial.

1. Transparencia

Una compañía como El Corte Inglés, con un nuevo y poderoso accionista internacional como ex jeque catarí y con un plan de expansión en ciernes que ha de ser financiado acudiendo a los mercados financieros, no podía permitirse seguir anclado en un pasado de opacidad y falta de transparencia. El nuevo presidente, Dimas Gimeno, ha puesto en marcha una revolución tranquila que va lenta, pero ya marca sus primeros pasos.

Por primera vez en la historia, el grupo de distribución contará con dos comisiones de control dentro del consejo: la de Nombramientos y Retribuciones y la de Auditoría. Por algo se empieza.

También por primera vez, el grupo podrá nombrar consejeros sin necesidad de que éstos sean accionistas, algo que estaba prohibido hasta la junta de accionistas de ayer. Shahzad Shahbaz ya es consejero, en representación del ex primer ministro de Qatar, y no tiene ni una acción del grupo.

Es un primer paso de cara a la futura profesionalización del consejo de ECI, hasta ahora copado por miembros de las diferentes ramas familiares. Sólo Manuel Pizarro, que tuvo que comprar acciones para poder ser nombrado consejero, ejerce de outsider en el seno del consejo.

Su perfil financiero le llevó ahí de la mano de Isidoro Álvarez, pero tras la muerte de éste se ha quedado un poco apartado en cuanto a funciones de peso, pese a que Dimas Gimeno le ha mostrado su más absoluta confianza, señalan en el entorno de ECI.

2. Guerras accionariales

Gimeno y su equipo tendrán que aprender a convivir con la disidencia interna en el consejo del grupo. Jamás un accionista se había atrevido a montar una guerra abierta, escenificada tanto a nivel privado en el consejo como de forma pública a través de los medios de comunicación.

Ceslar (9%) lo ha hecho con todas sus consecuencias (ha sido expulsada del consejo por el resto de los accionistas) y Mancor (7,3%) lo ha hecho constar al menos en las actas del consejo.

Estos dos accionistas, herederos de otras ramas familiares de la familia Areces, han criticado la opacidad y las formas con las que se ha negociado la llegada del jeque, si bien en El Corte Inglés insisten en que durante meses, los asesores del contrato han estado disponibles para todos los accionistas y se les ha tenido informados puntualmente de todo el proceso.

La lección que parecen haber aprendido en ECI es que los años en los que nadie rechistaba en el consejo han pasado a mejor vida. Tocan ahora tiempos de cambio en los que las decisiones del grupo estarán sometidas a un mayor escrutinio en el seno tanto del consejo como de la propia junta.

Así lo ha puesto de manifiesto la junta que se celebró este domingo, que se prolongó por más de 5 horas y desembocó en la destitución sorpresiva y fulminante de la representante de Ceslar, lo que va a dar lugar a una guerra abierta. Fuentes de Ceslar han confirmado que van a impugnar la junta ante los Juzgados de lo Mercantil y exigirán la readmisión inmediata de Carlota Areces.

3. Internacionalización

Uno de los ejes centrales del plan de negocio a 5 años es la salida al extranjero. Los responsables de la compañía tienen claro que el margen de crecimiento en España se ha agotado ya, y parte del crecimiento futuro que es necesario para que se cumplan los acuerdos alcanzados con Al Thani se basa en la salida a América Latina. En la compañía creen que hay varios países que podrían servir como primera parada, ya que consideran que "ECI es una marca reconocida por muchos en sitios como México, donde muchos turistas que vienen a España buscan pasar por nuestras tiendas".

La América de habla española será el lugar donde El Corte Inglés se establecerá fuera de España y Portugal

La compañía ya tuvo una infructuosa salida a Norteamérica en los años 80 a través de la compra de los almacenes Harris, que tras más de 15 años fusionaron con Gottschalks a cambio de quedarse con el 16% de la resultante. Pero esta centenaria cadena tampoco soportó la crisis de consumo norteamericana causada por las hipotecas subprime y acabó desfondándose en 2009. Exceptuando este caso, la empresa sólo tiene experiencia internacional en Portugal, en cuyo centro comercial de Oporto dio sus primeros pasos como gestor el propio Dimas.

La cercanía cultural, de lengua, y también el hecho de que son mercados menos maduros que los europeos, convierten a Latinoamérica en el paso natural para el crecimiento del grupo.

4. Profesionalización del consejo

Tal vez una de las medidas más importantes aprobada este domingo por la junta de accionistas ha sido la eliminación del punto de los estatutos que obligaba a ser accionista para sentarse en el consejo de administración, una condición atípica en una empresa de gran tamaño y que provenía de los años 30, cuando se redactaron por primera vez los estatutos de la sociedad. Incluso Manuel Pizarro cuando fue incorporado al consejo por Isidoro hubo de recibir acciones para poder sentarse en él. De esta forma, la empresa se aseguraba que la gestión de la misma siempre estuviera controlada por miembros de las familias originales, pero sus puntos negativos eran evidentes. En las grandes empresas modernas, tal y como ha indicado por activa y por pasiva el dueño de otra gran empresa familiar -Juan Roig-, una cosa es quien detenta el capital y otra muy distinta quién gestiona. No tienen por qué ser la misma persona.

Shahzad Shahbad se estrenará en esta condición de consejero no accionista, al ser un hombre de total confianza del ex jeque Al Thani que además ya ha venido negociando por él con los responsables del grupo. Shahbad se las verá en la mesa del consejo con nuevos consejeros-accionistas, como la hija menor de Isidoro, Cristina Álvarez Guil, que lleva trabajando 10 años en la compañía y se incorpora al fin al consejo donde ya está su hermana mayor, Marta, que entró el 16 de diciembre. Ambas representan a IASA Cartera de Valores, la sociedad patrimonial del fallecido Isidoro Álvarez que ostenta el 22% de la compañía.

Con una mayor profesionalización de la gestión se cumple una de las exigencias de los bancos acreedores de la deuda del grupo y los inversores a los que se podría acudir en un futuro vía emisiones de bonos.

5. Salida a bolsa

Siempre protagonizando la rumorología de la compañía desde tiempos inmemoriales, la salida a bolsa gana enteros como opción de futuro de la empresa ya que podría interesar a muchos de los accionistas. En primer lugar, porque otorgaría liquidez y facilitaría que aquellos que quieran deshacerse de su participación y salir de la compañía puedan hacerlo. Históricamente ha habido una demanda de ciertos accionistas que reclamaban su derecho a salir de la empresa y hacer caja, algo que con las fórmulas rígidas muchas veces no fue posible.

Históricamente, dueños de participaciones relevantes venían pidiendo la posibilidad de hacer caja con sus acciones y salir de la compañía

En segundo lugar, porque permitiría a la sociedad adquirir financiación para poder llevar a cabo algunos de sus objetivos más ambiciosos. Por supuesto, frenar la caída en las ventas del grupo, que alcanzaron su pico en 2007 con casi 18.000 millones de euros (una cifra próxima aunque inferior a lo que hoy en día factura Mercadona) y ahora están en 14.000. Pero también dotar a la empresa de estabilidad para el reto de internacionalizarse con éxito.

Los propios acuerdos que ha obligado a firmar el árabe para recibir compensación si los accionistas de referencia deshacen posiciones y se marchan de la compañía dan por sentado que El Corte Inglés debería salir a bolsa en los próximos años, lo cual obligaría a la compañía a aumentar aún más su transparencia y facilitar más información al accionista. Ver a una compañía como El Corte Inglés, con ese peculiar pasado que arrastra, sometida a las exigencias de buen gobierno, al control de la CNMV y a la fiscalización diaria de los inversores será un interesante ejercicio socio-empresarial que quizá algún día se pondrá de ejemplo en alguna escuela de negocios.

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