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El regalo de Cañete al lobby sectorial: una ley del ibérico que liquida a los 'pata negra'

El exministro de Agricultura cambió, antes de marcharse a Bruselas, la ley del cerdo ibérico para disparar la rentabilidad de las explotaciones intensivas. Ahora empiezan a verse los resultados.

Miguel Arias Cañete, cuando era ministro de Agricultura
Miguel Arias Cañete, cuando era ministro de Agricultura EUROPA PRESS

Miguel Arias Cañete tiene motivos para ser un ministro amado por la industria cárnica española, sobre todo por la del cerdo ibérico. Bajo su mandato y gracias a sus regulaciones, la situación del sector ha cambiado. Durante 2013, las asociaciones sectoriales lamentaban su falta de financiación, la caída de la demanda y la rentabilidad, los altos precios de la materia prima. Dos años y poco más después, todo son buenas palabras y optimismo. ¿Cómo se ha obrado el milagro?

Básicamente, lo que hizo Cañete en 2014 fue "intensificar y fortalecer aún más los sistemas de producción intensiva o superintensiva”. Un movimiento que ha permitido que las producciones de peor calidad del ibérico –cebo y cebo de campo, según la valoración que establece la propia norma– se disparen exponencialmente, convirtiéndose en la opción favorita para la gran mayoría de los industriales. Los datos del Ministerio de Agricultura no mienten: los sacrificios de la categoría comercial "cebo de campo ibérico", acomodada para un animal que se alimenta exclusivamente de pienso (no de bellotas) y que en la mayoría de los casos solo dispone de un 50% de genética de la raza ibérica, se han disparado. En los años anteriores a la normativa reformada por Cañete se mataron 34.000 animales de media. En 2014 fueron 310.000. El año pasado, 533.000 ejemplares. Ahora es más barato, más rentable y productivo criar cerdos cuyos productos pueden venderse bajo la misma denominación comercial de cebo de campo ibérico. Crecen vertiginosamente los sacrificios de animales ibéricos cruzados mientras que el auténtico pata negra, 100% ibérico (cuyos padres deben tener también el máximo pedigrí racial y estar inscritos en el libro genealógico) y alimentado con bellotas, languidece y apenas supone un 6,2% del total.

La cría intensiva se caracteriza por el engorde de animales procedentes de un cruce reproductivo entre la raza ibérica y la duroc -una raza de cerdo de origen norteamericano-, exclusivamente a base de piensos en granjas industriales.

Apenas un 6,2% del ibérico comercializado como tal es auténtico pata negra, 100% ibérico de bellota

Curiosamente Cañete ha obrado el milagro mediante una innovadora concesión productiva que no explicó a los periodistas en su performance posterior al Consejo de Ministros el 10 de enero de 2014. Allí, Cañete sí contó cómo serían las nuevas bridas de colores y las etiquetas por porcentajes genéticos para distinguir más fácilmente las distintas piezas nobles del cerdo ibérico –jamones, paletas y cañas de lomo– que saldrían al mercado (pata negra o 100% ibérico de bellota, brida negra; cerdo cruzado de bellota al 50% - 75%, brida roja; cebo de campo, brida verde; cebo, brida blanca) y dedicó muchos minutos para que los periodistas lo entendieran. Pero olvidó, como muestra la referencia del Consejo, hacer alusión al cambio más importante de todos. En ese mismo Real Decreto 4/2014, se permitió que el cerdo ibérico de cebo de campo, que hasta entonces sólo podía criarse en explotaciones extensivas (recintos al aire libre con 15 animales por hectárea como mucho, durante sus últimos sesenta días de vida), pudiera engordarse también de una segunda manera, mucho más rentable para el todopoderoso lobby sectorial: "en instalaciones intensivas al aire libre, pudiendo tener parte de la superficie cubierta y con 100 animales máximo por hectárea". Dos métodos -manifiestamente opuestos- de obtener la materia prima, para un producto que el consumidor pagará siempre al mismo precio.

El veterano político popular, sin embargo, desaprovechó un buen momento en el Palacio de la Moncloa para explicar este cambio como puede comprobarse en este video.

Por su parte, la asociación inteprofesional del cerdo ibérico Asici, con la que este diario ha contactado en distintas ocasiones durante más de 15 días, ha rechazado valorar si este desdoblamiento productivo ha supuesto para alguno de sus asociados una ventaja competitiva adicional.

Dos métodos opuestos de obtener la materia prima, para un producto que se pagará al mismo precio

Una de las grandes perversiones que trae aparejada esta novedosa concesión productiva, –en plena expansión–, es el fomento de prácticas desleales dentro del mismo sector, por cuanto el sistema de reciente creación es totalmente discriminatorio con todos aquellos criadores que posean una explotación catalogada como de producción en régimen extensivo, –15 ejemplares por hectárea–,  ya que en ningún caso se podrán acoger libremente al ceremonial productivo –y notablemente más rentable– de los 100 cerdos por hectárea, que queda reservado en exclusiva para todos aquellos titulares de instalaciones clasificadas como de régimen intensivo.

Aquí vemos un ejemplo de una explotación de 100 cerdos por hectárea y cubierta por techado, la gran innovación de la 'ley Cañete'.

Incumplimiento de las edades de sacrificio 

Una de las funciones más importantes que la Mesa de Coordinación de la Norma del Ibérico –organismo dependiente del Ministerio de Agricultura–, delega en manos de empresas privadas de inspección –mediante un simple protocolo administrativo–, es la expedición de certificados del factor racial de los reproductores cruzados presentes en las citadas explotaciones, [50% o 75% ibéricos] además de los informes que certifican la edad que tienen estos animales antes de su sacrificio. Estas entidades de inspección –a las que pagan los propios industriales–, en un porcentaje muy elevado falsean de un modo rutinario la edad real de este tipo de animales, de tal modo que los cochinos son sacrificados con 2 o 3 meses menos de la apuntada en los informes.

Esta falta de respeto al procedimiento normativo, auspiciada por el Ministerio de Agricultura, subyace bajo la relación de intereses mercantiles entre el ganadero y la empresa inspectora para materializar, ex profeso, el falseamiento de la edad mínima con la que deben ser sacrificados estos animales y que la reglamentación sectorial fija en 10 meses para los correspondientes a la categoría de cebo ibérico, o en su caso 12 meses para los de cebo de campo ibérico. 

Ante este panorama, –ideado y sostenido por Arias Cañete para blindar la hegemonía de las producciones de ibérico cruzado–, el representante de Agricultura de Ciudadanos,Toni Cantó–, está ultimando una serie de propuestas parlamentarias, que impulsará una vez se constituyan las nuevas Cortes, para restablecer la hegemonía del soberano y autóctono cerdo de raza ibérica pura y su sector productor, a quien esta ley perjudica de forma evidente.


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