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La industria alimentaria ante las alertas de seguridad. Informando casi siempre tarde y mal

"Se da la circunstancia de que, en la época en que más seguridad alimentaria existe, la mayoría de historias que aparecen tienden a alarmar a la población con la calidad y seguridad de lo que estamos comiendo".

La carne roja no subió de nivel de peligrosidad, sólo se confirmó en el que ya estaba
La carne roja no subió de nivel de peligrosidad, sólo se confirmó en el que ya estaba YOUTUBE

"Tenemos un nivel de seguridad alimentaria que hace una década era impensable, pero curiosamente esta no es la percepción del público. En los medios de comunicación todo lo que te encuentras son mensajes del tipo 'el trigo es veneno, el azúcar es veneno, nos estamos muriendo e intoxicando' y la realidad es que cada vez vivimos más, entre otras cosas por la mejora en la alimentación. ¿Cuál es el problema? Quizá sea problema de la industria, que no ha sabido comunicar, que muchas veces no tiene portavoz, o que no quiere hablar. Y si dejas que el espacio comunicativo lo ocupen otras personas, como ecologistas o consumidores, te vas a encontrar con que otros transmitan información incierta, sesgada o que no coincide con el punto de vista de la industria". Así se expresa el profesor universitario y experto en alimentación, José Miguel Mulet, que recomienda a la industria que se 'ponga las pilas' rápidamente en comunicación.

La necesidad de cambiar la comunicación sobre seguridad alimentaria ha sobrevolado una reunión de grandes compañías del sector (juntadas por la patronal Aecoc) este jueves en Madrid. "La industria nunca ha tenido tradición de comunicar, pero se encuentra de frente con agentes que solamente comunican en su perjuicio", asegura Mulet, que recuerda que "en casos como el de la carne roja, la IARC (Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, en sus siglas en inglés) no dijo nada que no se supiera, solamente hizo una recategorización, pero nadie supo explicar que esa lista es cualitativa, dice qué y no dice cuánto, y las recomendaciones sanitarias no se han movido: 2 veces por semana o 50 gramos al día, que es lo que había que decir, que la carne sigue siendo tan peligrosa como era antes, está arriba de la pirámide alimentaria y hay que consumirla pero con moderación, al igual que antes. Nadie fue capaz de explicarlo así".

El resultado de una mala política de comunicación fue palpable. Un estudio de la consultora IRI publicado recientemente concluyó que el efecto en el mercado español de estas informaciones supuso una caída del 10% en volumen.

El catedrático de Toxicología de la Universidad de Granada Antonio Hernández también ha lamentado que la imagen social de la seguridad alimentaria sea mucho peor que la que, según su punto de vista, sería justa, y ha criticado el "sensacionalismo" de los medios. "Tenemos ahora el nivel de protecciones de los consumidores frente a los fitosanitarios más grande de la historia pero la prensa prefiere enfocar la realidad desde el punto de vista negativo, como vaso medio vacío", ha asegurado el catedrático de Toxicología de la Universidad de Granada, Antonio Hernández, quien ha asegurado que "no existe zona en el mundo con mayor seguridad alimentaria que la Unión Europea".

La desinformación sobre transgénicos

La red es amplia y en algunos foros se cuentan, según el experto en transgénicos Mulet, "información que puede ser basura y que tiene repercusiones, como gente que se muere por comer cosas aberrantes o hacen dietas inadecuadas". También existe gran desconocimiento sobre los alimentos transgénicos, en los que es un experto, y sobre empresas dedicadas a los mismos como Monsanto, siempre rodeada de polémica y en el foco de los grupos ecologistas sobre todo por su potente herbicida, el glifosato (su marca comercial es Roundup). Para Hernández, "el glifosato fue polémico por su composición 'presuntamente cancerígena' el año pasado" y cuando la agencia de seguridad alimentaria europea EFSA consideró "poco probable" que fuera cancerígeno, la noticia no pareció interesar a los mass media. 

Por eso, el experto puso como ejemplo de una comunicación muy mejorable toda la relacionado con los transgénicos, para despojarlos del halo negativo que parecen tener. Mulet ha recordado figuras como Norman Borlaug, fallecido en 2009, premio Nobel de la Paz en 1970, quien sentó las bases de la llamada 'revolución verde' gracias al cultivo de transgénicos aplicados al trigo, que duplicó su producción. La relación de este científico con Monsanto es bien conocida, hasta el punto de que la empresa norteamericana utiliza su figura para defender sus cultivos en vídeos como este, donde un Borlaug muy mayor defiende sus actividades "para la estabilidad social y política del mundo".

En otra de sus declaraciones, este científico hablaba de los ecologistas que estaban contra los transgénicos: "Lo dicen porque tienen la panza llena. La oposición ecologista a los transgénicos es elitista y conservadora. Las críticas vienen, como siempre, de los sectores más privilegiados: los que viven en la comodidad de las sociedades occidentales, los que no han conocido de cerca las hambrunas. Yo fui ecologista antes que la mayor parte de ellos. Pero tienen más emoción que datos". "Hoy, aproximadamente un 60% de toda la soja mundial y un 80% del trigo son transgénicos, aunque Europa es aún restrictiva con estos cultivos y por tanto es básicamente importadora. 

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