Urbanismo

‘Más difícil todavía’ de la operación Chamartín: nacer con las 3 Administraciones en distintas manos

El desarrollo urbanístico del norte de Madrid va camino de cumplir 25 años sin que se haya puesto ni una valla. Un esfuerzo conciliador de las partes sin precedentes podría propiciar que su desbloqueo se produjera en el escenario, a priori, más complicado: con las tres Administraciones Públicas controladas por otros tantos partidos

Imagen aérea de Madrid Nuevo Norte
Imagen aérea de Madrid Nuevo Norte

"Alcaldesa, tenemos que hablar de Chamartín". Recién aterrizado en el Ministerio de Fomento, Íñigo de la Serna priorizó en su agenda un encuentro con Manuela Carmena para tratar de revivir la más ambiciosa operación urbanística de la democracia, que había vuelto a quedar varada por enésima vez. Aunque entonces no lo pareció, fue toda una declaración de intenciones y anticipo de lo que sucedería después: políticos de diferentes partidos dispuestos a dejar al pie de la mesa de negociaciones sus ideologías y planteamientos dispares en busca de una solución reclamada durante largo tiempo por aquellos ciudadanos para los que gobiernan.

Casi 22 meses después de aquella llamada y aquel encuentro en la sede ministerial del Paseo de la Castellana, el cuartel general de la otra artífice de aquella reunión, el Palacio de Cibeles (sede del Ayuntamiento de Madrid) luce estos días una imponente maqueta de casi 16 metros cuadrados en la que se contempla por vez primera el proyecto que la ciudad de Madrid lleva esperando casi un cuarto siglo. Aún sin las aprobaciones administrativas necesarias pero con el convencimiento generalizado de que nunca se llegó tan lejos debido a la existencia de un fuerte consenso para que salga adelante.

Y todo ello con el añadido de que las tres administraciones, involucradas en un desarrollo que lleva asociada una inversión de más de 6.000 millones de euros, están a día de hoy en otras tantas manos. Mientras Ahora Madrid controla la corporación municipal, el Gobierno regional está en manos del Partido Popular (en minoría con el apoyo de Ciudadanos) y el Palacio de la Moncloa ha vuelto a tener a un socialista, Pedro Sánchez, como inquilino.

En el anterior intento de sacar adelante la siempre conocida como 'operación Chamartín', las tres Administraciones estaban en manos del PP. Corría el año 2015 y los trámites administrativos llegaron aún más lejos que en la actualidad. El proyecto llegó a superar la aprobación inicial del Consistorio y estuvo a punto de obtener la provisional, que lo hubiera dejado pendiente del visto bueno de la Comunidad de Madrid.

Pero, a diferencia de lo que sucede ahora, el consenso político brillaba por su ausencia. Los trámites se habían superado gracias a las mayorías absolutas de las que disfrutaba los populares pero cualquier cambio haría descarrilar de nuevo de la operación. Y ese cambio llegó con las elecciones municipales y autonómicas de la primavera de 2015.

Sin importar la herencia

Por el contrario, a día de hoy sería más difícil pensar en un paso cambiado que llevara a Madrid Nuevo Norte (actual denominación oficial del desarrollo) al fracaso. De hecho, el proyecto ha superado la prueba. El pasado 1 de junio, el Congreso de los Diputados asistía a un hecho inédito en la historia de la democracia española: el repentino cambio de Gobierno merced al triunfo de una moción de censura, la promovida por el actual presidente contra Mariano Rajoy. Se consumaba el circense desafío del "más difícil todavía": tres Administraciones, tres formaciones políticas distintas.

¿El resultado? José Luis Ábalos, actual ministro de Fomento, precisamente el que tomó el relevo de De la Serna, fue uno de los presentes en el acto de presentación en sociedad de Madrid Nuevo Norte. "A mí no me importa estar aquí, aunque el apoyo al proyecto sea heredado del PP. Al fin, hemos conseguido dejar de lado las diferencias partidistas".

Y para acabar su intervención dejó una frase con visos de declaración de intenciones: "a veces, en política no todo lo que uno recibe tiene que desconsiderarse".

Sacrificios y consenso

Poco antes había intervenido Antonio Béjar, presidente de Distrito Castellana Norte, la promotora de la operación, el elemento privado de la operación. Y había destacado lo alejadas que estaban las posturas de las diferentes partes al comienzo, cuando de aquella reunión entre Carmena y De la Serna había surgido la opción de volverlo a intentar. "Por eso, todos hemos tenido que asumir sacrificios importantes".

Uno de los principales fue, sin duda, hacer que el proyecto pasar a ser de iniciativa privada a iniciativa pública; es decir, que el Ayuntamiento tomara las riendas, marcara los tiempos. Manuela Carmena, encargada de cerrar el acto del viernes, desveló que en aquel primer encuentro con De la Serna, el ya exministro entendió que una de las claves pasaba por ahí. "Venía de ser alcalde y de inmediato se dio cuenta de que el protagonismo tenía que ser asumido por el Ayuntamiento de la ciudad".

Y así, la palabra más utilizada durante la presentación de Madrid Nuevo Norte fue "consenso". Y también "ejemplo", aplicada sobre todo a lo que debe ser un proyecto de colaboración público privada.

El tono, los mensajes y el ambiente harían pensar a cualquiera que en los próximos días se pondrá la primera piedra del desarrollo. Lo cierto es que ni siquiera se ha podido alcanzar la aprobación inicial del Ayuntamiento antes de acabar julio, como se pretendía. Se hará durante la primera semana de septiembre. Después restará la aprobación provisional y la definitiva, a cargo de la Comunidad de Madrid. Pero, a diferencias de anteriores ocasiones, ahora hay consenso de todos. Y si se mantiene, el inicio de las obras solo es cuestión de tiempo.



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