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Marcos Sierra

Economía

¿Es justo cerrar la cuenta de Twitter de Donald Trump? ¿Por qué a él y a otros no?

La red social utiliza baremos distintos para el cierre de perfiles. Los tuits  de Trump han sido tan provocadores ahora como hace cuatro años

Donald Trump reconoce su derrota electoral ante la amenaza de una destitución
Donald Trump reconoce su derrota electoral ante la amenaza de una destitución EFE

Donald Trump se ha quedado sin cuenta de Twitter. La red social norteamericana ha decidido bloquear indefinidamente el perfil del cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos en una decisión inédita. Una tragedia para el del flequillo flácido. No hay mañana que no se desayunara con un tuit incendiario, una chispa sobre la gasolina del universo cibernético. Twitter es su plataforma favorita. Desconfía por defecto de los medios de comunicación, a quienes acusa de manipular sus mensajes. ¿Es justo el cierre de su cuenta? Tanto como que otras continúen abiertas a pesar de comportamientos similares.

El asalto al Capitolio fue alentado por Donald Trump en una comparecencia pública televisiva, no en Twitter. En su perfil se limitó a ponerse de lado. No condenó los hechos y tampoco pidió en un primer momento que los asaltantes -sobre los que tiene un gran poder de influencia- abandonaran el edificio oficial. ¿Por qué se cerró entonces su cuenta? Santiago Abascal tampoco condenó la toma del Capitolio y su perfil en Twitter no ha sido suspendido o cerrado. Y como el suyo, el de miles de personas más, algunas de ellas también políticos, que hicieron lo propio. ¿Qué tiene en cuenta entonces Twitter que no explica en su política de uso? ¿La relevancia mundial del personaje? ¿El momento? ¿La repercusión de los mensajes? ¿Lo que sucede en un lugar concreto? Twitter debería explicarlo. 

Tampoco se bloquearon las cuentas de dirigentes de Podemos como Pablo Iglesias o Pablo Echenique, cuando alentaron escraches contra la oposición o el movimiento 'Rodea el Congreso' que acabó con una manifestación multitudinaria a escasos metros de los leones que jalonan la entrada a la Cámara Baja, concentración en la que hubo incidentes. Es cierto que una cosa es instigar la toma del Capitolio y otra rodear el Congreso, pero el tufo incitador en este último caso es palmario para algunos con determinado sesgo ideológico.

Los excesos de Trump en la red del pajarito no son cosa nueva, por eso sorprende mucho una decisión que apunta directamente a Jack Dorsey, su fundador. La controversia en torno a la figura de Donald Trump es tan evidente como la nieve que estos días cae casi sin descanso sobre la piel de toro. El nivel de estudiada estulticia que rezuman algunos de sus comentarios frisa lo cómico. Ha pasado meses denunciando, sin pruebas, el amaño en las elecciones que ha ganado Joe Biden. También ha sugerido que la inyección de desinfectante podría curar el coronavirus. Dos ejemplos de su particular universo de barbaridades. 

Nada que, por otra parte, no se vea a menudo en la red social; nada que no hayan hecho antes, en mayor o menor medida, algunos de sus homólogos de profesión, como ya hemos visto. Twitter avisa en sus reglas de uso acerca de que aquellos comentarios que inciten a la violencia, fomenten el terrorismo, el extremismo violento o el abuso y acoso serán penalizados. "Suspenderemos de forma inmediata y permanente cualquier cuenta que determinemos que incumple esta política", concluye la red social.

Nicolás Maduro ha visto cómo algunos de sus tuits han sido bloqueados, caso de uno en el que compartía una suerte de preparado de dudosa eficacia, pero que proclamó como solución para eliminar gérmenes. Algo parecido a lo que pasó con algunos comentarios de Jair Bolsonaro, quien compartió un vídeo en el que se ensalzaba la hidroxicloroquina como remedio contra el coronavirus. Sus cuentas siguen abiertas. ¿Es legal el cierre de la cuenta de Trump? Sí. Como red social privada que es Twitter establece sus normas de uso, al igual que Youtube o Facebook. ¿Es un cierre sectario? También. Sin duda, hay un criterio arbitrario en el cierre de su perfil.

Santiago Abascal tampoco condenó la toma del Capitolio y su perfil en Twitter sigue activo. Y como él miles de personas, algunas de ellas políticos

Twitter no facilita quiénes son los profesionales que se dedican a dirimir los tuits que rebasan la frontera establecida en sus reglas de uso. El albedrío juega, sin duda, un papel importante. No hablamos de matemáticas. Que dos y dos son cuatro es indiscutible, pero la ironía o la parodia no son conceptos soberanos. Cada uno los interpreta en función de su cultura, valores e ideología.

La realidad es que no está clara la forma en que Twitter resuelve la suspensión de perfiles. El cierre indefinido de la cuenta de Trump se produjo días antes del final de su mandato presidencial. Trump ha sido el mejor embajador de la red social, con 88,5 millones de seguidores y sexto perfil en el ranking mundial por número de followers, liderado por Barack Obama (127,6 millones de seguidores). Quienes querían leer sin intermediarios los mensajes de su presidente debían abrirse sí o sí una cuenta.

¿Le deberían haber cerrado antes el perfil? Su nivel de provocación en Twitter ha sido exacerbadamente uniforme, pero el cierre se produce a las puertas de su salida de la Casa Blanca. Si no se clausuró hace tiempo por barrabasadas similares no tiene sentido hacerlo ahora. Trump dará casi con toda seguridad menor peso a su perfil a partir de ahora. Reducirá la intensidad y cantidad de sus mensajes, al menos en el corto plazo. Esto cambiará si decide presentarse a las próximas elecciones a la Casa Blanca. Llegado el caso, no tengan la menor duda de que volverá a incendiar las redes.

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