Economía

¿Es el coronavirus el nuevo Lehman Brothers?: hablan los expertos mundiales

La última vez que la Reserva Federal de Estados Unidos realizó un recorte de 50 puntos básicos en los tipos de interés fue en octubre de 2008, una semana después de que cayera Lehman Brothers. Doce años más tarde, la Fed ha vuelto a hacer lo mismo pero esta vez por un caso muy distinto: el Covid-19

Alerta en Wall Street: dos fondos buitre congelan la retirada de capital por falta de liquidez.
Alerta en Wall Street: dos fondos buitre congelan la retirada de capital por falta de liquidez. Efe

El coronavirus que se ha propagado desde China ha puesto en jaque a las autoridades monetarias mundiales. Las primeras en actuar han sido la australiana y la estadounidense, pero la que más temor ha infundido en los mercados ha sido la segunda por la brusquedad del recorte y también porque se ha anticipado dos semanas a la reunión que tenía prevista.

"Lo que nadie puede cuestionar es que después de unas jornadas salvajes en los mercados, la semana pasada, la Fed hizo una declaración de intenciones", explica Andrew Mulliner, gestor del equipo de renta fija de Janus Henderson.

Ariel Bezalel, responsable de estrategia del área de Renta Fija de la gestora Jupiter AM añade que esta respuesta de la Fed se debe a "la precaución del mercado por el shock de oferta y demanda al que se enfrenta el mundo debido al coronavirus". Y es que, según señala el experto, el hecho de que la actividad económica se haya detenido en China, tendrá "implicaciones para el crecimiento global". Además, Bezalel considera que "habrá una recesión económica antes de que nuevas medidas monetarias vengan al rescate".

Esty Dwek, líder de la estrategia global de Natixis IM Solutions, se suma a la idea de que otros bancos centrales secundarán a la Fed, reduciendo tasas o agregando liquidez y brindando así un apoyo adicional a los mercados.

Por otro lado, Mike LaBella, responsable de estrategia de inversión de QS Investors, filial de Legg Mason, considera prematura la medida emprendida por la Fed. "El mercado sigue intentando determinar el efecto del coronavirus y no está claro si la caída de la semana pasada fue el inicio de un movimiento de pánico en los mercados financieros o un ajuste justificado de la valoración de los riesgos económicos que persisten", enfatiza.

"Resulta poco probable que la política monetaria cure el coronavirus. La flexibilización tendrá un efecto positivo en la confianza a corto plazo, pero hasta que las tasas de contagio no alcancen su punto álgido, debemos esperar una continuidad de la incertidumbre y la volatilidad", agrega LaBella.

Sin memoria

Frank Dixmier, director global de renta fija de Allianz Global Investors, considera que "los mercados financieros, que han olvidado la noción de riesgo en los últimos años gracias a la intervención de los bancos centrales y la abundancia de liquidez, han entrado en pánico".

Luc Filip, jefe de banca de inversión de SYZ, teme que las medidas que se han anunciado no sean "suficientes para mitigar el impacto económico real que el coronavirus está teniendo en los mercados mundiales". "De hecho, aunque este recorte podría ayudar a mejorar el sentimiento del mercado, no creemos que resuelva el problema subyacente al que se enfrentan las empresas hoy en día, que es que no sólo la cadena de suministro está en declive, sino también el gasto de los consumidores", afirma.

El vínculo de Lagarde con dos filiales de Baker & Mckenzie en paraísos fiscales.
El vínculo de Lagarde con dos filiales de Baker & Mckenzie en paraísos fiscales.

Wolfgang Bauer, gestor del equipo de renta fija de M&G¸enfatiza que ahora todas las miradas están puestas en el BCE y en la respuesta que dará a la situación. En vista de que el tipo de los depósitos ya marca un mínimo histórico de -0,5%, su margen para aplicar recortes de emergencia es considerablemente inferior al de la Fed.

No obstante, el BCE podría intensificar su programa de relajación cuantitativa. En la actualidad, las compras netas de activos ascienden a 20.000 millones de euros al mes, pero este importe podría incrementarse fácilmente hasta, pongamos, 80.000 millones de euros —como ya vimos entre abril de 2016 y marzo de 2017—, con una presencia destacada de la deuda corporativa. Ello seguramente lograría que los perjudicados inversores en deuda corporativa suspirasen aliviados.

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