Economía

El BCE sólo desplegará toda su artillería si los países recurren al MEDE

El Gobierno teme admitir que recurrirá a este mecanismo por miedo a que se interprete como pedir un rescate

La presidenta del BCE, Christine Lagarde
La presidenta del BCE, Christine Lagarde EFE

Los países de la Unión Europea, incluido España, tienen miedo a contemplar la posibilidad de recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), por temor a que los mercados -y los votantes- lo interpreten como que han tenido que pedir un rescate.

La cuestión es que sólo si recurren al MEDE aquellos que lo necesiten, el Banco Central Europeo (BCE) podrá actuar con total contundencia. Hasta ahora, los países de la UE tienen tres líneas de defensa para poder hacer frente al impacto económico que ha tenido la pandemia del coronavirus.

La primera de ella consiste en emitir deuda nacional (cada país emite los bonos que considera) y que el BCE se los compre en proporción a su peso relativo en la UE. El BCE ha puesto en marcha un fondo para comprar deuda de la pandemia: en total podrá comprar hasta 750.000 millones de euros en deuda, de los que 120.000 millones se destinarán a comprar deuda pública.

Si el BCE mantiene el ritmo de compras que tiene en la actualidad (unos 31.000 millones de euros a la semana), se calcula que el programa de compras terminará en 27 semanas, es decir, el 23 de octubre habrá finalizado.

La segunda línea de defensa a la que pueden recurrir los países de la UE (por ejemplo, cuando el BCE deje de comprar) es el uso de los fondos de liquidez.

Fondos de liquidez activados en la UE

La UE ha garantizado liquidez de hasta 500.000 millones de euros: 200.000 millones se canalizarán en avales para empresas a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI), 100.000 millones para el plan de préstamos para financiar el desempleo (Programa SURE), y 200.000 millones se canalizan a través del MEDE y se destinarán a gasto sanitario, de prevención y para paliar la pandemia.

Estos últimos son a los que quiere renunciar España para evitar el desgaste reputacional de asumir que ha pedido un rescate.

Luis Garicano, vicepresidente del partido liberal en el Parlamento Europeo, explica en una entrevista con Vozpópuli que no hay nada de malo en recurrir a esos fondos de liquidez. “No podemos cerrarnos la puerta a lo que nos pueda hacer falta. Ojalá no haga falta. Ahora estamos en la primera línea de defensa, pero si empezamos a emitir tanta deuda que los inversores dejan de comprar, entonces necesitaremos usar la segunda y la tercera línea”, advierte.

El bazuca de Draguí, ahora sí

La tercera línea a la que hace mención es la posibilidad de que el BCE active el programa OMT (Outrigth Monetary Transactions), es decir, compras masivas de deuda pública.

“Recurrir al MEDE abriría la puerta para que el BCE use la OMT, que es el bazuca que Mario Draghi puso en marcha pero que nunca tuvo que usar, implica comprar la deuda pública pero sin límites de ningún tipo”, avanza Garicano.

Los programas de compra de deuda del BCE tienen siempre dos limitaciones: la primera es el hecho de que el BCE tiene prohibido financiar a los países, por lo que no puede comprar más del 33% de ninguna emisión de deuda pública, de ningún país, con menos de 30 años de madurez. Por otro lado, debe comprar a los países en función de su importancia dentro de la Unión.

Pero si el BCE activa las OMT, “podría comprar lo que le diera la gana”, señala Garicano, sin fijarse ni en cuánto ni a quién compra. “El único requisito es usar el MEDE. Si el plan especial del BCE se acaba el 23 de octubre y en septiembre u octubre hay que ir al MEDE y usar el plan de pandemia y eso nos permite que el BCE entre con todo, ¿qué problema hay?”, se pregunta.

El economista de Ciudadanos cree que si el BCE tomara esa decisión, el mercado lo entendería. “Es una situación extrema y hay que hacer cosas extremas”.

Fondo de reconstrucción

Aparte de estas tres líneas de defensa, la Comisión Europea está trabajando en un fondo de reconstrucción que podría llegar a movilizar hasta 1,5 billones de euros y se financiará mediante la emisión de deuda conjunta por parte de toda la Unión Europea que podría ser o bien deuda perpetua –sin vencimiento-, como proponen Garicano y el Gobierno, o a muy largo plazo, en la que el emisor sólo se comprometa al pago del cupón anual, sin devolver al principal, y tenga ciertas ventanas de liquidez en las que tenga opción de recompra del bono.

Este fondo se repartirá entre los países en forma de ayudas a fondo perdido y préstamos (los países actualmente debaten en qué proporción).

Al ser deuda emitida por la Comisión Europea -que se financia por todos los países de la Unión de forma proporcional a su peso relativo-  la deuda en sí misma cumpliría los criterios de proporcionalidad, y el BCE podría comprarla sin recurrir a ningún mecanismo excepcional.

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