Urbanismo

Los arquitectos planean la operación Chamartín sobre la base de una Castellana muy peatonal

El diseño del desarrollo urbanístico del norte de Madrid, pendiente de la negociación entre las administraciones públicas y la promotora Distrito Castellana Norte, contempla una extensión del principal eje de la ciudad con protagonismo para el ciudadano. 

Simon Smithson, socio del estudio de Richard Rogers, trabaja en el diseño de la operación Chamartín
Simon Smithson, socio del estudio de Richard Rogers, trabaja en el diseño de la operación Chamartín

El futuro desarrollo urbanístico del norte de Madrid es un secreto celosamente guardado tanto por las administraciones públicas como por aquellos que lo están diseñando, al margen de generalidades como la existencia de zonas verdes, torres de oficinas, viviendas y una nueva estación de Chamartín. A fin de cuentas, todo depende de la negociación que ya se extiende por más de seis meses entre el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Fomento y la promotora Distrito Castellana Norte (DCN), que está viviendo su fase definitiva. Al margen del misterio y de la incertidumbre del futuro inmediato, los arquitectos que dibujan la última extensión de Madrid hacia el norte tienen un concepto muy claro: en sus kilómetros finales, la Castellana tiene que recuperar la idea reflejada en los primeros y que va perdiendo conforme avanza, un espacio que haga honor a su nombre de "Paseo".

"Es fundamental cerrar bien la Castellana. El objetivo del diseño es que el eje del desarrollo replique al del inicio de la vía: una gran banda en el centro para los peatones y viales en los laterales para los vehículos. La calle se llama Paseo de la Castellana; paseo significa 'lugar para pasear'. La idea es respetar esto al máximo". Con nítida sencillez, Simon Smithson, socio del estudio de arquitectura de Richard Rogers, que se encarga de la elaboración del proyecto conocido tradicionalmente como 'operación Chamartín', explica a Vozpópuli cuáles son las bases del diseño de un desarrollo único, por su complejidad, por su inmensa extensión (más de tres millones de metros cuadrados) y por lo particular del cliente: la ciudad de Madrid.

El proyecto contempla extender la Castellana prácticamente 4 kilómetros más. La idea es hacer de este nuevo tramo un espacio muy peatonal, con gran protagonismo para el ciudadano. Porque ese eje le dará al proyecto una peculiaridad que no tienen otros grandes desarrollos urbanísticos del mundo. El final del mismo se topará directamente con espacios naturales, dominados por el Monte del Pardo, al otro lado de la M-40. "Quien decida instalarse en la zona podrá tener un pie en un moderno centro de negocios y el otro prácticamente en el campo. Eso no sucede ni por asomo en lugares como Wall Street o la City londinense".

Además de la peatonalización del nuevo eje de la Castellana, otra de las claves del desarrollo del norte de Madrid es la conectividad que otorgará la nueva estación de Chamartín, en cuyas cercanías se situará el centro de negocios. "Está muy cerca del aeropuerto y tendrá AVE, Cercanías, autobuses urbanos y Metro. Es decir, en un máximo de 30 minutos permite conectar entre 4 y 5 millones de personas", apunta Smithson.

Cambio de mentalidad

Sin duda, la estación ha sido un punto fundamental para que ahora las partes implicadas al menos estén sentadas en una mesa para tratar de sacar adelante la operación. "Fue lo que abrió las puertas, en los planes anteriores la estación era como una especie de espacio en negro, un hueco sin rellenar. Adif necesita una nueva Chamartín para llevar allí el AVE, la actual estación está anticuada y no cumple con los estándares europeos".

No ha sido ni mucho menos lo único que ha cambiado del proyecto original en los seis meses largos de negociaciones. "Uno de los aspectos más complicados de la operación es el cliente, que es ni más ni menos que la ciudad de Madrid. Las dimensiones son enormes, nadie está acostumbrado a un proyecto de este tipo, ni el Ayuntamiento ni los socios, ni siquiera nosotros. Es distinto a todo lo que se ha hecho hasta ahora. Por eso, en estos meses hemos tenido que hacer una alineación de ideas entre todos, lo que ha supuesto un cambio de mentalidad y un proceso mucho más abierto".  

Tan abierto que, si definitivamente hay un acuerdo entre las partes y las tramitaciones urbanísticas se ponen en marcha, aún resta un ímprobo trabajo por parte de los técnicos para perfilar los mil y un aspectos que quedan pendientes. Una labor que se tendrá que extender durante al menos un año más.

Un barrio más

Parte de esos trabajos se dirigirán a que el desarrollo del norte de Madrid no se quede en una mera solución urbanística para cerrar la fractura que ha padecido durante años la capital a causa de las vías ferroviarias. Perfecto conocedor de la ciudad (y apasionado por ella), Smithson asegura que "Madrid ha sido desde siempre una ciudad de barrios, cada uno con su particularidad y su ligazón con la Historia. Y éste tiene que ser uno más, con sus propias peculiaridades".

Además, "es un buen momento para ponerlo en marcha, la cuestión económica está mejorando en Madrid y España, en general".

Los entresijos de la operación siguen siendo casi secreto de sumario, los arquitectos siguen dibujando sin parar y es muy complicado asomarse al proyecto más allá de lo que explica Smithson. Esta misión corresponde llevarla a cabo, sobre todo, con los habitantes de la zona. "La experiencia de otros proyectos similares dice que el trabajo con los vecinos es fundamental".



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