ECONOMÍA

Así han afectado anteriores subidas del Salario Mínimo Interprofesional al paro

El Ejecutivo quiere elevar el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a los 900 euros en 2019, una medida que ha suscitado muchas críticas en el tejido empresarial

Ministerio de Trabajo, migraciones y seguridad social.
Ministerio de Trabajo, migraciones y seguridad social. Tere García

Una de las medidas más polémicas de las que ha propuesto el Gobierno en el marco de los Presupuestos Generales del Estado es la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) desde los 735,9 euros al mes que se cobran en la actualidad a los 900 euros en 2019.

La medida ha sido recibida, en primer lugar, con sorpresa, ya que lleva implícita la anulación del IV Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), firmado en julio de este año entre la patronal y los sindicatos, por el que se comprometieron a elevar el salario mínimo hasta 1.000 euros en 2020 sin pactar subidas previas.

Las reacciones no se han hecho esperar: los sindicatos han recibido la noticia con entusiasmo, la CEOE ha lamentado que la decisión de aumentar el SMI se tome de forma “unilateral” sin tener en cuenta la opinión de los agentes sociales, y distintas empresas y expertos han manifestado su preocupación por si la subida del SMI redunda en un incremento del desempleo.

El SMI no generó paro en el pasado

Si se analiza la relación entre el crecimiento económico del país -medido con la evolución del Producto Interior Bruto (PIB)-, el nivel de desempleo, y la evolución del Salario Mínimo, se observa que en el pasado no ha existido una fuerte correlación entre los dos últimos factores, sino que ha sido la coyuntura económica la que ha marcado principalmente el devenir del paro.

No obstante, y aquí se justifica la incertidumbre a este respecto, si el SMI sube a los 900 millones de euros en 2019 eso significará un alza del 22,3%, es decir, la mayor subida desde 1977 y en un contexto en el que se prevé para la economía española una desaceleración en su crecimiento. Suenan, por ello, las alarmas.

El repaso histórico, y el gráfico anterior, muestran un periodo de bonanza en los ocho primeros años del siglo, cuando la economía española creció con fuerza y bajó el desempleo a números récord, mientras que el Salario Mínimo iba subiendo de forma sostenida (desde los 424,80 euros en el 2000 a los 600 euros en 2008).

Con el estallido de la crisis vino la debacle: cayó el PIB (de 24.300 euros de PIB per cápita en 2008 a 22.518 en 2013), el Salario Mínimo prácticamente se mantuvo sin cambios a lo largo del lustro (una subida de 9 euros cada año), pero se disparó el desempleo (del 13,79% pasó al 25,73%).

Los primeros albores de la salida de la crisis se rozaron en 2013 cuando se invirtió la tendencia: el PIB volvió a subir (hasta los 25.100 euros de PIB per cápita en 2017), el paro se ha reducido casi diez puntos hasta una tasa del 16,55% a cierre de 2017 y el Salario Mínimo ha ido subiendo progresivamente hasta los 707,60 euros el pasado año –un poco más de 15 euros cada año-.

Subida récord, ¿qué se puede esperar?

Si esta tendencia de subida del SMI se mantuviera, cabría esperar que en un contexto de crecimiento del PIB el desempleo siguiera bajando, tal y como espera el Ejecutivo, que pronostica que cerrará 2019 en el 13,8%. Sin embargo, el hecho de que la subida sea tan brusca -164 euros en un solo año- hace que las consecuencias sean inciertas.

Florentino Felgueroso, experto de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), y Marcel Jansen, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, alertan en un estudio de que “motivar aumentos tan elevados y tan bruscos” del SMI, cuando no existe evidencias de las consecuencias que pueden tener, es una estrategia “arriesgada”.

Fedea: “Estamos ante la mayor subida anual del SMI en 40 años y para los grupos más vulnerables supondrá un aumento de su incidencia"

Estos expertos señalan que la medida repercutirá "tanto en tasas de cobertura como en su relación con el salario mediano, como nunca se había registrado hasta el momento”, en alusión a que habrá muchos trabajadores (sobre todo jóvenes) afectados por esta medida, lo que podría llevar a las empresas a plantearse si les merece la pena subirles el salario o si les resulta más rentable prescindir de ellos.

Ante esta tesitura, proponen iniciativas que se realizan en otros países como la constitución de una comisión independiente –al estilo de la Low Pay Commission de Reino Unido- o la introducción de un SMI diferenciado por edades.

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