Infraestructuras

El Gobierno saudí sólo quiere al Rey emérito como interlocutor político en el AVE a La Meca

La relación del Ejecutivo saudí con Moncloa, con independencia de su inquilino, hace tiempo que se tensó por el proyecto ferroviario. Los Gobiernos de Rajoy y Sánchez han quedado excluidos de los principales hitos en torno al AVE a La Meca. El Rey emérito es la única interlocución institucional que los saudíes quieren mantener con España

El Rey emérito con el monarca saudí, Salman
El Rey emérito con el monarca saudí, Salman Efe

La denominada 'crisis de las bombas' no ha contribuido a mejorar las relaciones entre los gobiernos de España y Arabia Saudí pero tampoco éstas atravesaban precisamente por su mejor momento. Al contrario, el clima de tensión está instalado hace tiempo en el trato bilateral y el proyecto de la línea de alta velocidad entre La Meca y Medina, cuyo principal contrato ha desarrollado un consorcio español, tiene mucho que ver. Hasta tal punto que hace tiempo que los dirigentes saudíes no quieren apenas tratar asuntos con políticos españoles y, siempre que es posible, acuden a la figura del Rey eméritoJuan Carlos I, al que precisamente han manifestado su descontento con la representación política española.

El pasado día 25 de septiembre, el Gobierno saudí organizó un acto de inauguración oficial del AVE a La Meca en el que no estuvo presente ningún representante del Ejecutivo español. De acuerdo con la información publicada este lunes por el diario El Mundo, las autoridades saudíes decidieron no invitar a ningún representante de Moncloa, en mitad del clima de tensión generado por la manifestada intensión del Gobierno español de dejar sin efecto el contrato para la venta de armas a Arabia Saudí.

Pero el problema con el denominado 'AVE de los peregrinos' de fondo viene de más lejos e incluso trasciende el Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez. A finales del pasado año, exactamente el último día, tuvo lugar el primer recorrido completo del tren, alcanzando la velocidad de 300 kilómetros por hora que figura en el contrato. Fue el primer ensayo con pasajeros en estas circunstancias pero, además, constituía un hito muy importante para el proyecto, toda vez que los acuerdos entre cliente y contratista exigían que se realizara este ensayo general con éxito antes de que concluyera 2017.

La prueba se desarrolló de forma satisfactoria ante la satisfacción de las numerosas autoridades saudíes que se embarcaron en el convoy. Pero ya aquel acto, aun con el Gobierno de Mariano Rajoy en el poder y crisis de la venta de armas de por medio, no hubo representación alguna del Ejecutivo español.

En el plano institucional, tan sólo estuvo presente el embajador, Álvaro Iranzo; por lo demás, representantes del consorcio Al-Shoula, en especial su presidente, Jorge Segrelles, que sí mantiene una buena relación con las autoridades saudíes.

Quejas ante Juan Carlos I

Ya por entonces, las relaciones entre los gobiernos se habían torcido y todos los retrasos e incidentes en torno al desarrollo de la línea ferroviaria tenían mucho que ver. En aquel momento, los dirigentes saudíes habían manifestado en repetidas ocasiones que no querían ver a políticos españoles, que sólo hablarían con ejecutivos que aportaran menos palabras y más soluciones.

De esta situación de tensión, el Rey emérito ha sido durante este tiempo un testigo de excepción, toda vez que ha sido prácticamente la única persona a la que los representantes de la familia real saudí han mostrado su descontento con el comportamiento de los políticos españoles en cuestiones como las del AVE a La Meca. En sus múltiples y casi periódicas visitas a Riad, Juan Carlos I ha escuchado en repetidas ocasiones que era la única persona en el plano institucional con el que querían tener una interlocuciónfluida.

El episodio de la venta de armas ha terminado por dinamitar una relación que vivía unos momentos notablemente críticos, aunque es altamente probable que ningún miembro del actual Gobierno hubiera sido invitado al acto del pasado 25 de septiembre aunque no hubiera habido ningún incidente con anterioridad.

Un acto más íntimo

"En primer lugar, los deseos de la familia real saudí pasaban por celebrar un acto con una presencia occidental mínima; y después, el cambio de inquilino en Moncloa no ha sido un motivo para que las relaciones entre ambos gobiernos se hayan encauzado", apunta una fuente diplomática que, además, añade que "hubiera sido extraño que, con todo lo que ha sucedido, se hubiera invitado a un miembro del Gobierno español con el que apenas ha habido contacto y que, por lo tanto, es desconocido para los mandatarios saudíes".

La tradicional desconfianza de la zona se llevó probablemente al extremo por la crisis de la venta de armas y lo que venía arrastrando de la época anterior. Una situación que sigue siendo muy delicada puesto que las relaciones comerciales entre ambos países sigue vigente.



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