Economía

Game over: DIA sale derrotado de la ‘ruleta rusa’ de la Bolsa

El terremoto bursátil vivido por la cadena de supermercados, sumado a su desplome en el último año, empujan a la compañía fuera del mercado como la mejor alternativa para remontar el vuelo

DIA en Bolsa
DIA en Bolsa DIA

DIA salió a Bolsa el 5 de julio de 2011. Aquella jornada el consejero delegado de la cadena de supermercados, Ricardo Currás, tocaba la campana rodeado de dos carros de la compra. La compañía teñía de rojo la Bolsa de Madrid y la expectativas eran muy elevadas por la comitiva que lideraba la nueva presidenta, Ana María Llopis.

DIA declaraba su independencia de Carrefour de manera oficial con la salida al mercado bursátil. Sus acciones se estrenaban a 3,5 euros y su valoración superaba los 2.300 millones de euros. Era el momento de conocer el interés de los inversores por la tercera cadena por cuota en el mercado nacional y con más de 6.400 tiendas repartidas siete países: Portugal, Francia, Argentina, Brasil, Turquía, China y España.

Comenzaba una historia bursátil marcada por la inestabilidad. La inestabilidad que provoca no tener un accionista mayoritario. Porque una de las características que ha acompañado a DIA en estos siete años es su elevado ‘free float’ (el accionariado de una empresa que cotiza libremente en bolsa).

Y es que su folleto de salida ofrecía al mercado un 73% de su capital. Un elevado porcentaje que se exponía a las sensibilidades del mercado sobre su negocio y operaciones corporativas. Un ejemplo fueron las caídas en octubre de 2014 con la compra de la cadena El Árbol o la euforia compradora tras la venta de sus tiendas en Francia a su ‘exjefe’ Carrefour.

Sus acciones llegaron a valer 7,65 euros en abril de 2015, lo que supondría su máximo histórico. Y, desde entonces, el valor de la compañía ha caído en picado. Por el camino se han quedado sus negocios en Turquía, China y Francia. Currás ya es historia y Llopis lo será el próximo 31 de diciembre. Ahora cuenta con un accionista mayoritario de origen ruso que, depende a quien se le pregunte, es una buena o mala noticia. Y, con todos estos ingredientes, su precio en el mercado ha caído hasta los 0,88 euros por acción con los que cerró este viernes.

Pero, ¿qué ha pasado?

El valor de sus acciones ha caído un 50% desde su salida a Bolsa. Aunque por el camino DIA ha ido recompensando a sus accionistas con un dividendo que correspondía a cerca de la mitad de sus beneficios, unos 100 millones al año. Un hecho que, de momento, no sucederá en 2019, ya que ha decidido suspenderlo porque su negocio no deja de dar signos de debilidad.

Un escenario que está reflejando del 80% de sus acciones en este 2018. Un año que está siendo ‘la puntilla’ a una pérdida de valor que arrancó en 2015. Esta ‘sangría’ bursátil se está viviendo todo el sector y, sino, que se lo pregunten a su ‘exjefe’ francés que también cae en Bolsa más de un 50% en estos últimos tres años.

Los inversores están castigando a las compañía de distribución en Bolsa por la guerra que existe por querer vender cada vez más barato, a costa de sus márgenes, y el terremoto en el sector que está provocando la venta online. Pero DIA sufre más que el resto porque, además de los problemas comunes, vive una ‘tormenta perfecta’. Su red de 7.400 tiendas, el 51% gestionado por franquiciados, sufre en sus cuatro mercados: España, Portugal, Argentina y Brasil.

La virtud de no cotizar en Bolsa

En España, sus problemas se llaman Lidl y, sobre todo, Mercadona. DIA ha pasado de tener el 8,6% del mercado al 7,6%, según los datos de la consultora especializada Kantar Worldpanel. La mayor caída entre las grandes enseñas, aunque se mantiene en el tercer puesto. Por su parte, Mercadona ha pasado de liderar con el 23% a controlar el 25,2% del mercado español y Lidl ya tiene el 5% del mercado desde el 3,9% que tenía en 2015.

Dos competidores que le han ganado la batalla en precio y que comienzan a atacar su otro pilar: la proximidad. Pero la mayor ventaja competitiva de ambos es que no cotizan en Bolsa. Lidl y Mercadona sacrifican sus beneficios para invertir en cambiar la cara de sus tiendas, sacrifican márgenes y exploran nuevos nichos de consumo sin ser castigados por el mercado.

Supermercado Mercadona.
Supermercado Mercadona. Tere García

Por su parte, DIA está realizando una renovación de su oferta con modelos innovadores como DIA&GO. Un tipo de tienda que está teniendo buena acogida entre el consumidor, pero que los inversores parecen que no tienen la paciencia suficiente para esperar a la expansión total de estos modelos. Un escenario donde no hay que olvidar que cuenta con el respaldo de Amazon para la venta online de alimentación.

Fracaso extranjero

Ni que decir tiene de la amenaza que implica que Mercadona vaya a dar el salto a Portugal en 2019, un territorio que Lidl ya ha conquistado. Pero el verdadero problema del país vecina es que Continente, de Sonae, y Pingo Doce, de Jerónimo Martins controlan un 50% del mercado. Un panorama que deja poco margen de maniobra para DIA: 

Por último, el problema común de Brasil y Argentina: la divisa. El peso argentino ha caído un 50% y el real brasileño un 10% respecto al euro en 2018. Esto significa que la repatriación de sus ingresos en ambos países pierde valor en el cambio de moneda. Un duro golpe para dos mercados llenos de incertidumbres que representan el 15% y el 17% de sus ventas totales, respectivamente.

Game over

Y con todo este panorama aparece el multimillonario ruso Mikhail Fridman y su fondo LetterOne para tomar el control. Un tiburón devorando un ‘pezqueñín’. Con todas estas amenazas, el empresario que cuenta con una fortuna de cerca de 11.000 millones de euros compró en julio de 2017 el 10% de DIA, que por entonces valía cerca de 2.500 millones. En enero avanzó hasta el 25% y, desde este mes de septiembre, controla el 29%.

La compañía vale menos de 600 millones y Fridman está al límite de ser obligado a lanzar una oferta por el 100% de la compañía, ya que la ley española obliga a lanzar una Oferta Pública de Adquisición (OPA) cuando se supera el 30%. De momento, sus movimientos esconden un complejo entramado de propiedad directa e indirecta de DIA ,que desde el mercado se empieza a interpretar como un trabajo previo a la OPA. 

Mikhail Fridman
Mikhail Fridman efe

El 29% de LetterOne han dejado a la compañía con un ‘free float’ del 31%. Una reducción de las acciones en el mercado a la que también han ayudado fondos como Goldman Sachs (que controla el 16%), Baille Gifford & Co (5,6%), Société Générale (4,9%), Norges Bank (3,8%) y LSV Asset Managem (3%).

Sin olvidarse de las posiciones cortas, aquellos inversores que apuestan por la caída de las acciones, que en actualidad representan el 18,3% del capital de DIA. El mayor porcentaje de este tipo de inversores en el Ibex 35, es decir, el valor que mayor apuestas tiene de que siga sufriendo en el mercado.  

El mercado comienza a dar por hecho que el juego bursátil se ha terminado para DIA. Los problemas de competencia, sus márgenes y sus perspectivas empiezan a poner encima de la mesa las dificultados para afrontar el pago de su deuda neta, que se eleva hasta los 880 millones. Y, ante este diagnóstico, el multimillonario ruso estaría preparando un solución drástica: comprar el 100% de la compañía, sacarla de Bolsa y GAME OVER.

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