Inteligencia Artificial ¿Compensarán los robots la marcha de trabajadores de Reino Unido tras el Brexit?

Un estudio de KPMG estima en un millón los trabajadores que abandonarán el país tras su salida definitiva de la UE. Los políticos británicos ya miran hacia la inteligencia artificial como posible ayuda al problema

Vista aérea de la 'City' de Londres
Vista aérea de la 'City' de Londres EFE

Una de las consecuencias más inminentes del Brexit, cuando se haga efectivo, es la emigración desde Reino Unido de una parte importante de la población, gente principalmente joven y en una situación activa. La ‘fuga’ de mano de obra y del talento es una de las cuestiones que más preocupa a los técnicos y políticos británicos casi desde que comenzó todo el proceso y desde hace tiempo se habla de robots como posible solución.

El dato es el siguiente: un millón de trabajadores de la UE podría abandonar Reino Unido tras el Brexit, según el informe del pasado mes de agosto de la consultora KPMG llamado ‘Efectos del Brexit sobre los ciudadanos de la UE’. La misma firma elaboró otro, un mes más tarde, en el que concluía que las empresas británicas compensarían con el uso de “inteligencia artificial, robótica y automatización” esta marcha de empleados.

Hay pasos de automatización que pueden ser tomados al invertir capital, pero no se tomarán mientras se tenga acceso a mano de obra barata"

Los políticos británicos están al tanto de la IA como una ayuda, pero no necesariamente como una solución. El ministro de Hacienda británico, Philip Hammond, suscribió hace un año ante la Casa de los Comunes esta posibilidad, asumiendo que “hay pasos de automatización que pueden ser tomados al invertir capital”. Sin embargo, añadió que “no se tomarán mientras se tenga acceso a mano de obra barata”.

Esta declaración, junto con la de otros políticos británicos, las ha recogido esta semana el Mit Technology Review para poner en foco esta cuestión y los problemas que pueden derivar de ella. Así, por ejemplo, el diputado conservador Alan Mark señaló en una tribuna para el ‘Telegraph’ que la nueva “era tecnológica” que entra está “caracterizada por la inteligencia artificial (IA), la hiperconectividad y la automatización masiva”. Estos serían los pilares de lo que llama la “Cuarta Revolución Industrial”. También la exsecretaria de Estado para Medio Ambiente, Alimentos y Asuntos Rurales, Andrea Leadson, recalcó que ya existe “una gran cantidad de nuevas tecnologías que complementan” el trabajo de los empleados.

El ministro del Gobierno británico para el sector digital, Matt Hancock, alerta sin embargo de que es demasiado simplista pensar que existe un reemplazo (de trabajadores a máquinas) de igual a igual", aunque mantiene que el Gobierno está trabajando "para crear un escenario en todo el Reino Unido que sea más receptivo en cuanto a la adopción de la automatización".

¿Cómo puede ayudar la IA?

Este periódico ha recogido algunos casos que reflejan cómo la Inteligencia Artificial ha superado las capacidades humanas, lo que demuestra que, a riesgo de hacer peligrar algunos empleos, puede ayudar a automatizar las labores mecánicas para que los humanos se dediquen exclusivamente a las tareas cualitativas.

Así, por ejemplo, el pasado mes de noviembre, unos estudiantes de Derecho de la Universidad de Cambridge demostraron que el algoritmo de su firma, Case Cruncher Alpha, logró obtener mejores resultados a la hora de predecir los resultados de cientos de casos de incumplimientos de pagos en los juzgados que algunos de los bufetes de abogados más prestigiosos de Londres.

La inteligencia artificial también se está abriendo camino en otros ámbitos, como por ejemplo, en la Bolsa. Los ‘robots bursátiles’ llevan años ya funcionando en España para asesorar a los inversores en función de los análisis del mercado.

No pueden ‘suplir’ todos los trabajos afectados

Sin embargo, gran parte del problema para Reino Unido sigue siendo que muchos de los trabajos que desempeñan trabajadores que se irán tras el Brexit son demasiado complejos para ser automatizados. Un análisis del Observatorio de Migración de la Universidad de Oxford (Reino Unido) muestra que los empleos más afectados por la salida de trabajadores extranjeros serán los relativos a la limpieza, fabricación textil, hostelería y atención médica.

Pero muchas de estas labores, a día de hoy, no pueden ser desempeñadas simplemente por ordenadores o máquinas, aunque ya hay quien lo está intentando. Es el caso, por ejemplo, de la 'moda predictiva' para diseñar prendas y complementos con una base matemática. En medicina hay importantesavances como los robots 'Da Vinci' para cirujías con laparoscopia, que multiplican la precisión de las incisiones y operaciones y minimizan los riesgos, pero que igualmente necesitan de una inteligencia humana detrás que les vaya guiando.

El año pasado, una compañía de seguros japonesa, Fukoku Mutual Life Insurance, decidió reemplazar a 34 trabajadores de venta de seguros por la tecnología 'IBM Watson Explorer'. Una herramienta, de acuerdo con el comunicado de la compañía, se encargaría de analizar los registros hospitalarios, las lesiones por factorización, las historias médicas del paciente, los procedimientos administrados y otros documentos para determinar los pagos del seguro. Una automatización de tareas 'mecánicas' que podría ayudar al resto del equipo a centrarse en las cualitativas.

Sin embargo, más allá de Reino Unido, la preocupación de algunos gobiernos empieza a ser el posible desempleo que genere la inteligencia artificial al suplir algunas tareas humanas. A pesar de que reconocidos miembros de la comunidad científica, política y empresarial suelen repetir que la IA también generará nuevos empleos, recientemente ha surgido una teoría para combatir este problema, el 'New Deal'. Se trata de un conjunto de iniciativas económicas para reintegrar a los desempleados en el mundo laboral, entre los que se aplicaban prestaciones a los parados para que adquirieran nuevos conocimientos con los que adaptarse al mercado.

Al fin y al cabo, una revolución como ésta (que tendrá lugar después de la llamada 'revolución digital'), conllevará unos riesgos que pueden evitarse o, al menos, minimizarse, siempre y cuando los gobiernos tomen precauciones antes de que se convierta en una realidad.



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