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Raúl Pozo

Energía

La salida de Caixabank deja a Repsol en un escenario inédito: una empresa sin dueño

Repsol inició una nueva etapa tras la venta de su participación en la antigua Gas Natural y su entrada en nuevas áreas de negocio. Ahora también afrontará el reto de no contar con un accionista de referencia, un hecho inédito en las historia de la compañía

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz (izqa.), y el presidente, Antonio Brufau
El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz (izqa.), y el presidente, Antonio Brufau

La anunciada marcha de Caixabank del capital de Repsol no sólo pone fin a una histórica alianza que se ha prolongado durante 22 años. También abre un escenario hasta ahora insólito para la compañía que preside Antonio Brufau, que pasará a no contar con un accionista de referencia. Por delante queda el desarrollo de un recién aprobado plan estratégico a cinco años, notablemente bien recibido por el mercado y que también marca el inicio de una nueva era con la apertura de la empresa a nuevas áreas de negocio.

La Caixa siempre ha acompañado a Repsol desde que el Gobierno decidió sacar la compañía a Bolsa. En febrero de 1996, la entidad financiera acudió a la OPV y adquirió un 2% del capital para meses después comprar en el mercado un 3% adicional y completar así su primer paquete de control en la petrolera. Por entonces, invirtió unos 67.000 millones de pesetas (algo más de 400 millones de euros) en las operaciones.

De esta forma lograba ponerse a la altura del Banco Bilbao Vizcaya (BBV, aun por entonces sin Argentaria) y de Pemex, que figuraba en el capital desde la fundación de Repsol en 1987. Desde entonces, su presencia en la petrolera fue en aumento, tanto a través de la propia entidad como en su condición de accionista del vehículo Repinves (alianza de La Caixa con las antiguas Caja de Cataluña y Caja Guipúzcoa), de forma que llegó a aglutinar en torno al 15% de Repsol.

Tras la marcha de BBVA llegó Sacyr, que en 2006 sorprendió al mercado y adquirió un 20% de la petrolera convirtiéndose de golpe en su primer accionista. Por el camino, numerosos institucionales y bancos custodios aparecían y desaparecían de los registros de participaciones significativas, aunque siempre con el núcleo duro de La Caixa y Pemex presente.

La alianza que pudo cambiar todo

Sin embargo, el escenario ha cambiado de forma notable. Transformada ahora en banco, La Caixa dejará Repsol en los próximos meses; Pemex lo hizo en 2014, de forma un tanto abrupta; y Sacyr prosigue aunque con menos de la mitad de la participación, articulada por lo demás con un esquema de derivados que limita los efectos de una posible caída en Bolsa de su participada.

Precisamente, estas dos últimas pudieron cambiar la historia de Repsol de haber prosperado la alianza trazaron para tomar conjuntamente el control de la petrolera y relevar a Brufau de la presidencia. Entre Sacyr y Pemex sumaban entonces el 30% pero, por entonces, el papel de La Caixa fue determinante. La oposición de Isidro Fainé a la operación terminó por sembrar las dudas y dar al traste con ella.

Por medio también surgió el interés de la rusa Lukoil, que añadió más leña a un fuego que empezó a extenderse también por el ámbito político además de por el empresarial.

Aquella aventura acabó mal. Pocos meses después, Luis del Rivero, artífice de la misma desde la presencia de Sacyr, fue cesado por su consejo de administración que al tiempo decidió reducir a la mitad la participación en Repsol para evitar la asfixia financiera a la que estaba llevando a la constructora. A los tres años, Pemex puso fin a cerca de 30 años de relación con la petrolera española, de no muy buenas formas.

Situación de privilegio

Así, sobrevivieron Brufau y el accionista que le aupó a la presidencia de Repsol. Pero a partir de ahora, la compañía deberá afrontar el futuro sola ante el peligro de alguna operación de este tipo o algún desembarco accionarial ante el que no va a tener una posible defensa.

Su caso no es ni mucho menos inédito. Grandes compañías (algunas también del sector energético, como Iberdrola) cotizan en el Ibex-35 sin accionista de referencia. Y desde largo tiempo atrás. Será precisamente esa fuerza de la costumbre la que ahora tenga que cultivar Repsol.

Al menos, ahora está en una situación de privilegio en numerosos capítulos. Su cotización, en máximos de los últimos cinco años, aleja el riesgo de una OPA que habitualmente sobrevuela el cuartel general de la compañía cuando sus títulos cotizan a bajos precios. La subida de los precios del petróleo (artífice de parte de ese comportamiento en Bolsa) sitúa al barril actualmente casi 30 euros por encima de lo presupuestado por Repsol en su plan estratégico.

Desde el punto de vista financiero, su situación es más que desahogada, con una deuda en mínimos gracias a las amortizaciones con los ingresos de la salida del capital de Naturgy.



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