Ahora más que nunca, los destinos rurales, la naturaleza y el aire libre están de moda. Lejos ha quedado el turismo de masas en el que el visitante se unía a una marabunta de personas para visitar una ciudad, se apiñaba para ver un cuadro -como es el caso de La Gioconda en Louvre- o se daban cita en la aglomeración de un conciero. Ahora, más que nunca, el turismo rural está en alza y ha venido para quedarse.

Si bien España esconde numerosos pueblos y villas que merecen un viaje, hay algunos que podrían considerarse las mecas del turismo rural. Como siempre, los listados son cortos, imperfectos e inabarcables, por eso aquí presentamos una pequeña selección que recoge algunos -que no todos- de los pueblos más bellos para hacer turismo rural dentro y fuera de la Península.

Valldemossa

Las contraventanas verdes, las casas de piedra, los maceteros a rebosar de flores en calles, entradas y ventanas, y la naturaleza en plena Sierra de Tramuntana -Patrimonio de la Humanidad- hacen de Valldemossa un destino indispensable para disfrutar del turismo rural en Baleares.

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Recorrer lo interesante de esta bella villa es cosa de disfrutar de un paseo por sus calles. No hacen falta muchas indicaciones, pero no puede faltar la visita al Palacio del rey Sancho I de Mallorca ni al claustro y al jardín de la Real Cartuja, antigua residencia real. Desde allí no se puede no acercarse a conocer Deià, Banyalbufar, Fornalutx o Sóller, cuatro pueblitos que harán de esta ruta rural toda una delicia.

Cadaqués

El nombre de este pueblo ubicado en plena costa Brava podría provenir de la evolución de cabo de Quers, cabo de Rocas, debido a la gran cantidad de rocas que hay en la zona del cabo de Creus y dando como resultado el nombre de Cadaqués. Este pueblo de no más de 2.700 habitantes es considerado la perla de la costa por su belleza y por la historia que cuentan sus calles y es perfecto durante todo el año para una escapada de turismo rural.

© Turismo de Cadaqués

Llegar hasta allí es realizar un camino zigzagueante entre montañas para aparecer casi por sorpresa en un entramado laberíntico de calles con origen medieval. Uno de los puntos indispensables a visitar es la Iglesia de Santa María de Cadaqués que, ubicada en la parte más alta del casco antiguo, logra una vista panorámica de todo el pueblo. Y tampoco hay que olvidar la arquitectura modernista que puebla esta villa, con la Casa de Don Octavio Serinyana, la Torre del Colom o el Casino de la Amistad. Y, para rematar y poner la guinda cultural, la visita a la Casa-Museo de Salvador Dalí, considerada la única casa estable del artista por ser el lugar donde vivió y trabajó hasta que el 1982 falleció su mujer Gala.

Calatañazor

En la desconocida provincia de Soria se ubica un pueblo maravilloso, por su cultura y su historia, que es capaz de trasladar al visitante a lo más profundo de la época medieval. Si bien, Calatañazor no es muy grande, es uno de los destinos de turismo rural por excelencia en la provincia.

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Sus calles, pedregosas y empinadas, y sus casas construidas entre madera de sabina y adobe son parte de la esencia del pasado de esta villa cuando se la consideró la frontera física entre la España musulmana y la cristiana. Entre los monumentos que no se pueden dejar de ver en este paseo se encuentra la Iglesia románica de Nuestra Señora del Castillo y la Ermita de la Soledad, además de su plaza Mayor, a los pies de la base del castillo en el que, según cuentan, los sorianos vencieron al caudillo árabe Almanzor.

Muxía

El verbo mugir dio origen al nombre del bellísimo pueblo de Muxía (Mugía), una pequeña localidad ubicada en plena Costa da Morte (Costa de la Muerte) llamada así por ser el último lugar de España en donde se pone en sol, en donde muere el sol.

Costa da Morte © Lucía Díaz Madurga

Llegar hasta allí, no nos engañemos, no es nada sencillo si se vive fuera de Galicia pero el recorrido bien merece la pena. La virginidad de sus costas, sus aguas cristalinas y su naturaleza salvaje no son sus únicos atractivos. El misticismo del santuario de la Barca, la historia escrita en piedra en Moraime así como el recorrido de la arquitectura tradicional gallega son algunos de los atractivos que ofrece este pequeño y bello pueblo. Ah, y su Parador, cuyas paredes cuentan la historia de la desgracia natural del Prestige.