José Ortega Cano no puede más con tantos disgustos. Después de que se conociera que su hijo José Fernando está ingresado en la prisión de Centro Puerto II de Jaén por quebrantar una orden de alejamiento y acumulación de delitos, ahora se han publicado unas imágenes pertenecientes al 16 de febrero, horas antes de que entrara en la cárcel, en las que se ve al joven en la cornisa de un balcón amenazando con tirarse y gritando a los presentes: “¿Pensáis que no tengo narices de hacerlo?”.

Según informa la revista ‘¡Qué me dices!’ José Fernando había estado bebiendo hasta las siete de la mañana e incluso llegó a pedir papel y lápiz para escribir una nota de despedida a su hermana, Gloria Camila, y a su padre. Finalmente la policía apareció en el lugar y logró convencerle para que bajara. La revista incide en que llevaba dos días sin dormir y no soportaba su distanciamiento con Michu, su ex novia con la que tiene una orden de alejamiento, y que está embarazada de su hijo.

Sin duda, el hijo de Ortega Cano y de la fallecida Rocío Jurado, no para de darle disgustos al diestro pero esto no quita que no tenga que pagarlo con otras personas o con los reporteros como fue lo que sucedió la noche del pasado martes. El torero salía de un acto taurino, del Foro de la Juventud Taurina, y perdió los papeles cuando una reportera, haciendo su trabajo, le preguntó educadamente por su hijo y comenzó a gritar: “Tienes mucha cara, no tienes educación. ¡Déjame en paz!” y seguía gritando: “¿Y usted se alegra [de lo que le pasa a su hijo]? ¿Qué quiere provocarme? Déjeme usted tranquilo ya por favor”.

Este miércoles por la tarde el diestro era hospitalizado por un problema cardíaco y ha tenido que cancelar sus compromisos profesionales en México, según un comunicado de la organización del festival del que informa ‘LOC’.

No es la primera vez que tiene problemas de corazón. En 2013 ya fue intervenido de un cateterismo tras ingresar en 2010 en un hospital por insuficiencias cardíacas. Los problemas cardíacos se acentuaron durante su estancia en la cárcel de Zuera, en Zaragoza, aunque el forense determinó que debía seguir en prisión porque el peligro de que le pasara algo era el mismo estando en la cárcel que en libertad.