Baleares se ha convertido en el destino predilecto español dentro de la nueva normalidad pandémica. A pesar de que ya era un archipiélago de ensueño para viajeros nacionales y extranjeros, ahora es un lugar todavía más deseado en el que desconectar y reconectar con uno mismo, en el que vivir la naturaleza en primera persona y donde disfrutar de la buena gastronomía y de hoteles de lujo. Aquí cinco propuestas de hoteles para descubrir las Islas Baleares y no querer salir de ellos.

Can Faustino (Ciutadella, Menorca)

En pleno centro histórico de Ciutadella, entre sus callecitas estrechas de aire isleño, se abre paso Can Faustino, el que fuera hace ocho años el primer hotel de lujo y el primer Relais & Châteaux de la isla de Menorca. Un hotel con aires Mediterráneos y una atmósfera de serenidad absoluta, ubicado frente al puerto, que da vida -y qué vida- a un palacio del siglo XVI.

Vista del palacio de Can Faustino © Daniel Schaefer

Su precioso jardín, ubicado en una de las entradas al edificio, era el antiguo huerto del palacio al que se le hace un guiño desde la belleza de su arquitectura y las plantas con las que cuenta, poniendo color y aroma a este patio que hace las veces de restaurante. Su interior, prácticamente intacto, cuenta con 21 habitaciones, tres suites y una villa privada especialmente pensada para grupos de amigos y familiares, además de con zonas comunes en las que descansar, leer o disfrutar de un cóctel en donde ponen un punto de color los murales de frescos hechos a mano por la artista francesa Delfine Neny.

Interior de la villa privada de Can Faustino

A escasos 50 metros, se encuentran dos palacios más que se suman a sus instalaciones, Cal Bisbe y Can Llorenç, dos joyas arquitectónicas que forman parte del Palacio Episcopal -con unas vistas espectaculares a la catedral-, que han sido rehabilitadas y perfectamente integradas en el hotel y que añaden 20 habitaciones más al conjunto.

Vistas de la piscina y la catedral de Cal Bisbe, Menorca, Islas Baleares

Pleta de Mar (Capdepera, Mallorca)

En plena naturaleza, en un bosque mediterráneo de frondosos pinos y acebuches, y situado frente al mar, se abre paso un hotel de lujo enfocado hacia el bienestar, la serenidad y la armonía. Y es que, Pleta de Mar, es mucho más que un hospedaje, es un hotel al que ir para no salir.

Acceso a Pleta de Mar © Pleta de Mar

Su distribución, que nada tiene que ver con el concepto de hotel al uso, distribuye sus habitaciones de manera individual y en hileras a lo largo y ancho de su bosque. Suites individuales, con tal privacidad que sientes estar en medio de la naturaleza, creadas desde la integración respetuosa con el medio y marcadas especialmente por las maderas y los tejidos naturales.

Además, su restaurante Sa Pleta ofrece a su clientela una experiencia completa por el producto mediterráneo y las brasas de la mano del chef Marc Fosh, redondeando la visita a un hotel en el que el cuidado personal y mental es lo primero.

Una de las piscinas del hotel © Pleta de Mar

Pikes (Sant Antoni de Portmany, Ibiza)

Pikes se mueve entre el aire bohemio de Ibiza y el ambiente ecléctico que hace ya tiempo le puso en el mapa, cuando este hotel se convirtió en el refugio de Freddie Mercury y en el lugar de recreo de la élite de la música y el cine.

© Pikes

Esta finca rústica, ubicada sobre las colinas de San Antonio, permite a los visitantes disfrutar de unos días en la que fuera la habitación favorita de Grace Jones, broncearse junto a la piscina donde se rodó el vídeo ‘Club Tropicana’ de Wham!, conversar una noche cualquiera de verano con Irvine Welsh o desayunar, como solía hacer Mercury, con champagne. Un hotel en el que cada espacio tiene una historia que contar y del que, como dicen, “nunca querrás salir”.

© Pikes

Torre Vella Fontenille Menorca (Alaior, Menorca)

La recuperación de dos granjas típicas menorquinas de sus cenizas es la historia que hoy día da forma a Fontenille Menorca, un Relais & Châteaux conformado por dos hoteles -Torre Vella y Santa Ponsa- ubicados entre viñedos, olivares y plantaciones de cítricos.

Patio de Torre Vella © Torre Vella

El primero, Torre Vella, es especialmente singular y bello -ya lo intuye su nombre-. Un espacio completamente mediterráneo, con esencia isleña, en el que también perdura la historia de lo que fuera esta casa a finales del siglo XVII. Una casa de campo, de esas con establo, ganado y huerto, que hoy día está transformada en pequeñas villas privadas, con terraza, jardín y en algunos casos con piscina individual, que permiten a los viajeros disfrutar del ambiente menorquín en toda su esencia.

Habitación privada con piscina en Torre Vella © Torre Vella

Five Flowers (Es Pujols, Formentera)

La isla habitada más pequeña del archipiélago de las Islas Baleares tampoco hay que perdérsela. Su mar turquesa, su perfume a sabina y sus puestas de sol, son solo algunos de los atractivos de esta indómita y hermosa isla que invita a cualquier viajero a conocerla de cerca. Uno de los espacios en donde poder pasar unos días descubriéndola es Five Flowers, un hotel ubicado a pocos metros del Parque Natural de Ses Salines y diseñado bajo la filosofía flower power, con mobiliario de diseño de los años 60 y 70, y con vistas 360º a Formentera.

© Five Flowers