OPINIÓN

De Lerroux a Rajoy: Lo que va de ayer a hoy

El Ejecutivo del Sr. Rajoy se ha decidido, por fin, a declarar que lo de Cataluña constituye un auténtico golpe de Estado. ¿Y ahora qué?

De Lerroux a Rajoy: Lo que va de ayer a hoy.
De Lerroux a Rajoy: Lo que va de ayer a hoy. TONI ALBIR

¿Quién dijo que la historia se repite? ¿Quién, que la historia no se repite porque siempre es la misma? ¿Y a quién, en fin, se le ocurrió sentenciar aquello de que la Historia es maestra de la vida? Lo que resulta evidente, en todo caso, es que España, en su devenir histórico, parece que se complace en tropezar siempre en la misma piedra. O sea que es una pésima alumna en eso de aprender las lecciones de tan provechoso magisterio como dicen ser el de la Historia.

El caso es que Clío, hija de Zeus y de Mnemósine, musa de la Historia, me ha traído, entre el rollo de papiros que según la mitología griega porta en su mano izquierda, un ejemplar del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra fechado el domingo 7 de octubre de 1934. En él se publica el Decreto “declarando el estado de guerra en todo el país”, firmado por don Alejandro Lerroux , líder del Partido Radical Republicano y a la sazón Presidente del Gobierno, y refrendado por el Presidente de la República, don Niceto Alcalá-Zamora. Transcribo algunos de sus párrafos más notables, por su resonancia en el momento actual:

“En Cataluña, el Presidente de la Generalidad [sic], con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Catalá […] El Gobierno declara que ha esperado hasta agotar todos los medios que la ley pone en sus manos […]En las horas de paz no escatimó transigencia […] Está seguro [el Gobierno de la Nación] de que […] ante la posición antipatriótica de un Gobierno de Cataluña que se ha declarado faccioso, el alma entera del país entero se levantará, en un arranque de solidaridad nacional, en Cataluña como en Castilla, en Aragón como en Valencia, en Galicia como en Extremadura, y en Vascongadas [sic], y en Navarra, y en Andalucía, a ponerse al lado del Gobierno para restablecer […] la unidad moral y política que hace de todos los españoles un pueblo libre, de gloriosas tradiciones y glorioso porvenir […] Todos los españoles sentirán en el rostro el sonrojo de la locura que han cometido unos cuantos […] El Gobierno les pide que no den asilo en su corazón a ningún sentimiento de odio contra pueblo alguno de nuestra Patria. El patriotismo de Cataluña sabrá imponerse allí mismo a la locura separatista […] bajo el imperio de la ley vamos a seguir la gloriosa historia de España”.

Lenguaje hoy en desuso, el del Gobierno de la II República Española. Se habla de “honor”; de “Patria” y “patriotismo”; de “unidad moral y política”; de “gloriosas tradiciones”, incluso de la “gloriosa historia de España”

Lenguaje hoy en desuso, el del Gobierno de la II República Española. Se habla de “honor”; de “Patria” y “patriotismo”; de “unidad moral y política”; de “gloriosas tradiciones”, incluso de la “gloriosa historia de España”. Y, lo que también destaca: se llama al nacionalismo por su nombre: “separatismo”, eludiendo así ese pedante cultismo, ajeno al uso de la mayoría, como es el de “secesionismo”. Expresiones y términos, todos ellos, representativos de valores proscritos en la España actual.

Llama la atención también la manifestación gubernamental de haber “[…] esperado hasta agotar todos los medios que la ley [ponía] en sus manos”, antes de proceder a tan concluyente medida como fue, nada menos, que la declaración del estado de guerra en toda la nación. Seguro que entonces no se agotaron tantos medios legales al alcance del Gobierno como se ha hecho ahora. Lo que sucede es que los ahora empleados no han sido los más eficaces y necesarios, sino los meramente formalistas y retardatarios para la solución del problema.    

Bien, y ahora ¿qué? El Ejecutivo del Sr. Rajoy –lo de “ejecutivo” es un decir- se ha decidido, por fin, a declarar que lo de Cataluña –mejor: lo de los separatistas catalanes, todos ellos con nombre y apellidos– constituye un auténtico golpe de Estado. ¿Y ahora qué? repito. Sí, en efecto, Don Mariano Rajoy se ha apresurado –es otro decir- a proclamar que lo del Honorable Puigdemot y compañía es un auténtico golpe de Estado. Pero ¿desde cuándo se está dando ese golpe? Pues, por lo menos, desde que el no menos Honorable Tarradellas dijo -allá por febrero de 1981, si no recuerdo mal-, aquello de que en España hacía falta “un golpe de timón”. ¡Eso fue clarividencia! Pero lo que en realidad sucedió fue que, después del 23-F de aquél mismo año, el advenimiento de la Mendicante y Pía Orden de los Pujol-Ferrusola –él, padre prior; ella madre superiora- comenzó con el negocio de los misales. O sea, “Espanya ens roba”. Y a partir de entonces el totalitario proceso separatista fue in crescendo: inmersión lingüística; falseamiento histórico y cultural hasta lo esperpéntico; apropiación de todos los bienes del Estado, práctica desaparición de éste en la escena política y social catalana, etc., etc. Y todo ello bajo la complaciente mirada, cuando no con la decidida colaboración, de los sucesivos gobiernos de González, Aznar, Zapatero (éste con algo más de complacencia que sus predecesores en el cargo) y Rajoy, el Gran Continuador que denuncia a estas alturas lo del golpe de Estado.

Todo esto y lo anterior, como lo que creo que viene, se hubiera evitado aplicando oportunamente el artículo 155 CE y el 544 del CP, por lo menos

Merece la pena transcribir algunos titulares de la prensa de estos días, así como determinadas afirmaciones de Don Mariano, una vez que, al parecer, se le ha caído la venda de los ojos y… ¡Ve! ¡Milagro,Ve! Veamos nosotros. 23 de Mayo de 2017: “Rajoy otorga la máxima gravedad al ‘chantaje’ de la Generalitat”; “No apoyaré [dice el Presidente] que liquiden el Estado” [es de suponer que quiso decir: “impediré que liquiden…”, ¿no?]; “Es difícil encontrar un precedente tan antidemocrático como este”; “Es liquidar en el Siglo XXI un Estado nacional en 24 horas, porque sí”. 24 de Mayo: “El Gobierno habla de ‘golpe de Estado’ y de ‘dictadura catalana’”; “Puigdemont quiere por escrito el ‘no’ de Rajoy al referéndum”; “el Fiscal general del Estado se reúne hoy con el Presidente de la Generalitat [probablemente se trate de la primera vez que un fiscal se reúne con un delincuente, en la propia ‘casa’ de éste, para no se sabe qué]. 25 de Mayo: “Puigdemont se queja a Maza [el antedicho fiscal] por judicializar el ‘proceso’” [respuesta oportuna del propio judicializable]. 31 de Mayo: “El Gobierno ve las instituciones catalanas [que, al parecer, no forman parte del propio Estado, según creíamos algunos] al nivel de los regímenes totalitarios”. 1 de Junio: “Puigdemont al Gobierno: ¿Está dispuesto a utilizar la fuerza?” No cabe duda, todo esto y lo anterior, como lo que creo que viene, se hubiera evitado aplicando oportunamente el artículo 155 CE y el 544 del CP, por lo menos.

No se sabe cuánto tiempo dejarán aún pudrirse el asunto del separatismo catalán, pero mucho me temo que llegará el momento en que nos vendan, como única salida, una reforma constitucional a su gusto

Y para completar el esperpento, a diferencia de lo ocurrido en 1934, “el golpe” se nos anuncia por los golpistas, no desde el balcón del Ayuntamiento de la Ciudad Condal, en la Plaza de San Jaime, sino desde la llamada “Caja de la Música”, auditorio situado en el primer sótano del mismísimo Ayuntamiento de Madrid, alquilado para el evento por el módico precio de 3.000 euros… ¡Y con la Sra. Carmena, primera edil del Ayuntamiento de la Capital de España, como anfitriona! O sea: “Benvinguts, refugiats”. Ya pueden colgar la nueva pancarta en la fachada del Palacio de la castiza Cibeles.

Si se me permite la autocita, vengo anunciándolo en estas mismas páginas virtuales de VOZPÓPULI, reiteradamente, desde el 24 de enero de 2013: ¿Sabemos dónde nos llevan? Y también en: Mariano, Arturo, Pedro y…Teofrasto en La Moncloa (24-VII-2014). No se sabe cuánto tiempo dejarán aún pudrirse el asunto del separatismo catalán (ni el de otros separatismos), pero mucho me temo que llegará el momento en que nos vendan, como única salida a tan grave situación, una reforma constitucional a su gusto. Comenzó esta historia con lo del Estado de las Autonomías, se pasó luego a hablar de Estado Compuesto, y lo que hoy tenemos en España es un Estado gravísimamente descompuesto, con una gastroenteritis equina.


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