OPINIÓN

César Albiñana García-Quintana. 'In memoriam'

Cesar Albiñana García-Quintana, fino jurista, expresó una grave preocupación por la deriva del proceso autonómico , y no sólo por la fragmentación de aquella unidad que tanto había costado lograr, sino por el irresponsable enfrentamiento que el mismo alimenta entre los españoles.

Cesar Albiñana Garcia-Quintana. 'In memoriam'.
Cesar Albiñana Garcia-Quintana. 'In memoriam'. Mysticsartdesign

Se han cumplido diez años del fallecimiento, en la madrugada del 11 de marzo de 2007, del profesor Cesar Albiñana García-Quintana. Fino jurista, de rigurosa formación publicista y privatista, estaba en posesión de unos conocimientos de Economía nada despreciables, con los que frecuentemente sorprendía a discípulos y colegas dada su procedencia formal del campo del Derecho, su gran vocación. Sabía como pocos que el Derecho financiero y tributario no podía entenderse cabalmente sin un conocimiento suficiente de la realidad económica que esta disciplina jurídica pretende ordenar.

Cesar Albiñana lo fue todo en la Hacienda pública española

Cesar Albiñana lo fue todo en la Hacienda pública española, desde liquidador de utilidades en la Delegación de Hacienda de Guadalajara, en los años de nuestra posguerra, hasta Director General de Inspección Tributaria, pasando por su condición de inspector de los Servicios del Ministerio de Hacienda y de Secretario general Técnico del mismo, el primero que desempeñó este cargo en el Departamento. Pero su actividad como servidor del Estado (que para él era lo mismo que ser servidor de la Nación, bajo cualquier forma de Estado) no se limitó al ámbito de la Administración ejecutiva. Durante más de una década dirigió uno de los centros consultivos más importantes de nuestra Administración pública: el Instituto de Estudios Fiscales, sucediendo en el cargo a aquél otro gran hacendista y maestro universitario que fue el profesor Enrique Fuentes Quintana. Su fecunda labor como catedrático rebasó los límites de las Facultades de Derecho y Ciencias Políticas y Económicas de la Complutense, para extenderse a través de la Escuela nacional de Administración Pública, el Instituto de Estudios de Administración Local, la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la Universidad CEU-San Pablo y la Universidad Pontificia Comillas (ICADE), donde tuvo la generosidad de aceptar mi invitación para impartir sus últimas y magistrales clases de Doctorado. No ha de olvidarse tampoco su cualificada participación como ponente en la redacción de los anteproyectos de la Ley General Tributaria (1963) y de la Ley General Presupuestaria (1977).

Su proverbial laboriosidad nos dejó una obra científica de singular solidez en la construcción de nuestro Derecho Financiero y Tributario

Su proverbial laboriosidad nos dejó una obra científica de singular solidez en la construcción de nuestro Derecho Financiero y Tributario. Sus catorce volúmenes (desde Tributación del Beneficio de la Empresa y sus Partícipes, de 1949, hasta la última edición de Sistema Tributario Español y Comparado, de 1992) y sus cerca del millar de artículos, colaboraciones en obras colectivas, comentarios legislativos y jurisprudenciales, estudios introductorios, prólogos, reseñas bibliográficas y artículos periodísticos, son fruto de su riquísima experiencia profesional. Como de Albiñana escribió otro gran maestro, el profesor Sáinz de Bujanda: “[…] pocos españoles -quizá ninguno- han llegado a conocer como él, el entramado de órganos y competencias, de funciones y procedimientos, de limitaciones y posibilidades de la Administración financiera española”. Y es seguro igualmente que pocos como César Albiñana han sabido servir al Estado como “[…] al mejor guardián de los intereses colectivos, frente a intereses egoístas, singulares e insolidarios”.

Fue un firme defensor de la unidad fiscal de España, pues abominaba de la diferencia arbitraria y del privilegio

Fue un firme defensor de la unidad fiscal de España, pues abominaba de la diferencia arbitraria y del privilegio. Me consta su grave preocupación por la deriva del proceso autonómico (¡Ah! si hubiera llegado a vivir su inconcebible tensión actual), y no sólo por la fragmentación de aquella unidad que tanto había costado lograr, sino por el irresponsable enfrentamiento que el mismo alimenta entre los españoles. Recuerdo cómo, en una de nuestras últimas conversaciones, me exhortaba con una energía que no se correspondía ya con su debilitado estado físico: “Leopoldo, hay que hablar de España, …hay que hablar de España, …aunque sea mal”.

Ante el olvido de figuras señeras como la del maestro Albiñana, cuando los mercaderes del Templo de las Autonomías venden y reivindican toda clase de “hechos diferenciales”, “regímenes tributarios privativos”, “Haciendas propias” y ese auténtico rosario de disparates inconstitucionales contra los principios impositivos de generalidad, equidad, eficiencia, seguridad jurídica y unidad de mercado, cuando menos; ante el actual estado de descomposición de la Hacienda pública española, repito, y el reconocimiento, e incluso la exaltación envuelta en incienso, de tanto personaje indocumentado y extravagante de la cosa pública, vienen a mi memoria los versos de Fernández de Andrada en su Epístola Moral a Fabio: “Aquél entre los héroes es contado/ que el premio mereció/ no quien lo alcanza”.


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