OPINIÓN

O la teoría monetaria moderna o el caos

Si ustedes detectan caídas en los precios de las materias primas industriales, importantes depreciaciones en las divisas globales de tipos de interés más altos, y una ampliación de los diferenciales de tipos de interés depo-repo, ¡abróchense los cinturones!

El caos.
El caos. EFE

La economía global lleva años en la encrucijada, bordeando el colapso. El lento y continuado veneno inoculado por la ortodoxia dominante se ha ido extendiendo como una gangrena. Sus rasgos más destacados son un exceso de deuda, la insolvencia del sector bancario, la ausencia de inversión productiva privada, el descenso de la productividad, la caída del crecimiento potencial y el aumento de la desigualdad. Las medidas de política económica implementadas, además de una profunda incompetencia económica, han ido destinadas exclusivamente a defender a la superclase. La pregunta es evidente, ¿cuándo y cómo se desmoronará todo?

La macroeconomía y la economía financiera tal como se enseña en las universidades se asemeja a las falsas noticias

La macroeconomía y la economía financiera tal como se enseña en las universidades o se presenta en los estudios empíricos de organismos multilaterales –OCDE, FMI,..- y/o bancos centrales se asemeja a las falsas noticias, haciendo de la economía una profesión casi inservible. En mi caso debo reconocer que las enseñanzas que recibí me dieron el instrumental necesario para investigar por mi cuenta, tener una visión crítica, contrastar las teorías con los datos, no contentarme, en definitiva, con hipótesis y teorías que en muchos casos eran y son meramente ideológicas.

En el campo de la economía financiera la eficiencia de mercados, la racionalidad de los inversores, o los modelos de equilibrio general estocástico no llegan ni a la categoría de cuento infantil. Pero detrás de ellos surgieron modelos de valoración de activos, de optimización de carteras o control de riesgo que predecían que el riesgo de los mercados financieros era muy pequeño, completamente valorable y manejable. Con ello se justificaba intelectualmente unos niveles de endeudamiento y apalancamiento extremadamente peligrosos que llevaron a la economía global a la Gran Recesión. Lo grave es que la fe ciega en la eficiencia de los mercados de capitales y en la perfecta racionalidad de los inversores espoleó toda una corriente económica, política y académica que, entre otras cosas, defendió a toda costa la desregulación y unos modelos de remuneración salarial de los ejecutivos absolutamente ineficientes, injustos, y que favorecieron un masivo fraude contable.

En el campo de la economía financiera la eficiencia de mercados, la racionalidad de los inversores, o los modelos de equilibrio general estocástico no llegan ni a la categoría de cuento infantil

Las autoridades económicas y financieras a lo largo del mundo han utilizado estos argumentos para legitimar decisiones económicas y políticas, que acabaron generando costes sociales (pobreza, desigualdad) económicos (descenso productividad del trabajo y del capital, caída PIBs potenciales, ausencia inversión capital y desarrollo) y políticos (Totalitarismo Invertido) inasumibles e inadmisibles.

El antídoto contra el veneno inoculado

La realidad empírica de Japón, por ejemplo, debería permitir abrir los ojos a la macroeconomía dominante e inducirles a adquirir un conocimiento profundo de la forma en que operan los sistemas monetarios modernos y de las dinámicas que rigen las relaciones entre el gobierno y los sectores no gubernamentales. Serían entonces capaces de conciliar la abrumadora evidencia empírica que respalda la Teoría Monetaria Moderna.

Si uno piensa que los gobiernos pueden quedarse sin dinero, jamás podrá entender la dinámica de los tipos de interés de los bonos soberanos de países como Japón. De acuerdo con los principales libros de texto macroeconómicos, los déficits presupuestarios deberían dar lugar a mayores tipos de interés. Pero la realidad es la contraria, los bancos centrales hacen lo que quieren con los tipos de interés. Aquellos gobiernos que son monetariamente soberanos (emiten sus propias monedas, tienen tipos de cambio flotantes, y emiten deuda en su propia moneda) como Estados Unidos, Reino Unido o Japón tienen la capacidad de crear dinero y gastarlo. Por lo tanto no pueden jamás ser forzados a la insolvencia. Tales beneficios los disponen las naciones monetariamente soberanas.

Anticipando el colapso

A partir de estas enseñanzas, que tanto hemos detallado desde estas líneas, se debería utilizar activamente la política fiscal en base a la Teoría Monetaria Moderna para generar pleno empleo. La evidencia empírica se amontona. Pero no lo harán, supone reconocer el fracaso ideológico del neoliberalismo y sus fundamentos. Caerían como un castillo de naipes. Por eso hemos de anticipar cuando se desmontará el chiringuito neoclásico.

Es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los activos financieros sobrevalorados

Como no se hará aquello que hay que hacer, hemos de estar preparados para el siguiente cataclismo, que vendrá de nuevo de un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros, tal como sucedió en 2000-2002 y 2007-2009. Es cuestión de tiempo esperar a que se desate la siguiente fase de venta masiva de los activos financieros sobrevalorados, la práctica totalidad de ellos. Lo que ocurre es que un activo financiero puede estar sobrevalorado mucho tiempo. Por ello es necesario incorporar modelos de asignación tácgtica de activos, de corto plazo –miópicos-, que vayan más allá de la valoración. Los macrofundamentos se centran en las dinámicas no lineales, en particular en el estudio de los sistemas caóticos y complejos.

Les voy a dar una regla muy sencilla. Si ustedes detectan caídas en los precios de las materias primas industriales, importantes depreciaciones en las divisas globales de tipos de interés más altos, y una ampliación de los diferenciales de tipos de interés depo-repo (TED spread), ¡abróchense los cinturones! Por todo aquello que pueda venir como consecuencia de no haber hecho en su momento aquello que era justo y eficiente.


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