OPINIÓN

Por un nuevo acuerdo social

En el último año y medio han entrado en nuestro país casi 150.000 millones de euros por la expansión cuantitativa del BCE. La contrapartida es más deuda total y externa.

Los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro.
Los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos y Cristóbal Montoro. EFE

La economía española presenta un problema real de insuficiencia de demanda. Por un lado, un mercado laboral destrozado, situación que se ve agravada por el hundimiento de las rentas del factor trabajo. Por otro, un modelo productivo en líneas generales fallido -salvo un tejido de pequeñas y medianas empresas exportadoras muy dinámicas-, donde el poder real lo detentan antiguos monopolios naturales y un sector financiero cuyas necesidades de Target 2 alcanza cifras próximas a los 320.000 millones de euros. Ambos sectores constituyen las élites extractivas de nuestro país. Y fueron ellos, de la mano de una clase política cómplice, quienes decidieron nuestro futuro, convirtiendo España en un país desigual, sin perspectiva de mejora alguna, donde los extractores de las rentas del suelo se movían como hienas, alrededor de la burbuja inmobiliaria, mientras ofrecían migajas al resto de la población. Cuando pinchó la burbuja, al talento patrio no le quedó más remedio que buscar fortuna allende nuestras fronteras.

Se compensó el vaciamiento de la economía, bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, alrededor de la burbuja inmobiliaria

En este contexto, al igual que la inmensa mayoría de economías de nuestro entorno, se compensó el vaciamiento de la economía, bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, alrededor de la burbuja inmobiliaria, elementos que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y la tasa de retorno del capital. Mientras duró, los beneficios empresariales se multiplicaron, a la vez que se deprimían los salarios. Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en una recesión de balances privados iniciándose la actual crisis sistémica.

En un contexto de acumulación de deuda privada alrededor de dos burbujas -la inmobiliaria y la de internacionalización- solo la política fiscal era efectiva. Los multiplicadores fiscales y el rescate a terceros explican la expansión brutal de la deuda soberana desde 2008. Digámoslo claramente, los motores del crecimiento de España desde la segunda mitad del 2013 han sido, por un lado, la relajación del ajuste presupuestario, con el consentimiento expreso de Bruselas -desde 2014 se ha producido un incremento del déficit estructural-. Por otro, la entrada de flujos financieros foráneos en nuestra economía, derivados fundamentalmente de la política monetaria del BCE. Inicialmente fueron inyecciones directas de liquidez al sistema bancario, vía préstamos a largo plazo a coste irrisorio; ahora, a través de la expansión cuantitativa, mediante la compra en mercado secundario de deuda pública por parte del regulador.

En el último año y medio han entrado en nuestro país casi 150.000 millones de euros por la expansión cuantitativa del BCE. La contrapartida es más deuda total y externa. Sin embargo, no se está canalizando hacia nuevas inversiones productivas, lo que nos hubiese permitido garantizar un mayor crecimiento nominal futuro, y de esta manera garantizar el repago de la deuda. Los flujos de inversión extranjeros se están destinando en realidad a financiar al Tesoro y a la compra de bonos corporativos de las grandes empresas patrias, bajo el paraguas de la “seguridad” aportada por los bancos centrales. Ello no es específico de España, es en realidad una tendencia global. En una economía financiarizada, las inversiones especulativas son dominantes, y las tendentes a mejorar el capital productivo no tan necesarias.

La excesiva deuda total y externa nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE

La excesiva deuda total (4,1 billones de euros) y externa (1,15 billones de euros) nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE (ambos, aversión y grifo del BCE, están interconectados). En ese caso, España entraría en círculo vicioso.

EPA del tercer trimestre, ejemplo de lo que somos

La Encuesta de Población Activa del tercer trimestre es un reflejo del modelo productivo por el que ha optado finalmente España: país de camareros, desindustrialización, salarios bajos y precariedad laboral. Como consecuencia, la productividad de los factores productivos se hunde. Salarios bajos, hundimiento de la productividad de los factores productivos, brusco descenso de la población activa durante la crisis sistémica, unido a la demografía y la falta de voluntad política amenaza nuestro sistema público de pensiones.

Veamos los rasgos más críticos de la EPA del tercer trimestre. En primer lugar, las cifras récord alcanzadas este verano en la temporada turística han situado la tasa de paro por debajo del 20% (18,91%). Por el contrario, han disparado la temporalidad del empleo. El incremento de ocupados se produce en el sector servicios, que absorbe más de las dos terceras partes del total (178.700) y en menor medida en la industria (34.200) y en la construcción (29.900).

Es precisamente esta absoluta dependencia del sector servicios, con contratos mal remunerados y de corta duración, la que vuelve a disparar las cifras de temporalidad del mercado de trabajo

Es precisamente esta absoluta dependencia del sector servicios, con contratos mal remunerados y de corta duración, la que vuelve a disparar las cifras de temporalidad del mercado de trabajo. Así, mientras los asalariados con contrato indefinido descienden en 29.100, los que tienen contrato temporal aumentan en 245.900. Algo más que una tendencia.

Finalmente, sigue descendiendo el número de activos (27.300 menos), que alcanza los 22.848.300. En el último año la población activa ha descendido en 51.200 personas debido a la salida de jóvenes del país y a aquellos parados de larga duración que, finalmente, desisten de encontrar un empleo.

En definitiva, nuestro modelo productivo, especialmente en un contexto donde nuestro sector turístico está teniendo años excepcionales, en parte por razones geopolíticas, se reduce a un país de camareros y crupieres. Negro futuro para nuestros hijos. Es urgente ya un cambio de modelo productivo y nuevo acuerdo social.


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