OPINIÓN

La lucha contra la desigualdad: algunas propuestas

El Estado debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial. Pero, para ello, es necesario disponer de soberanía monetaria.

La lucha contra la desigualdad.
La lucha contra la desigualdad. Europa Press

Es evidente que la desigualdad aumenta día a día de manera escandalosa. Es evidente además que la desigualdad hace más frágil y vulnerables a los más pobres, a los más débiles, sumiendo en la desesperanza a multitud de familias que no tienen lo básico para garantizar una vida digna a sus hijos. Muchos de estos niños acaban siendo carne de cañón –tutelas, reformatorios…-, frente a una insensibilidad creciente de nuestros gobernantes y de sus propios conciudadanos. Es evidente que en el trasfondo de todo ello se encuentran la puesta en práctica de todo un conjunto de políticas económicas, educativas, públicas y sociales profundamente injustas, imbuidas bajo un falso principio de libertad que como tal no existe y cuyo único objetivo es la acumulación de rentas y riquezas en muy pocas manos.

Hay una tendencia creciente por parte del poder de culpabilizar a quienes sufren y padecen una situación de pobreza

Pero hay algo todavía más deplorable, la estigmatización del más pobre, del que sufre. Hay una tendencia creciente por parte del poder de culpabilizar a quienes sufren y padecen una situación de pobreza, o de indignidad en el sentido más amplio del derecho, de que en el fondo ellos son responsables de su situación. En este relato, los poderes públicos, el Estado, no debe de intervenir para corregir los problemas crecientes de pobreza y desigualdad, sino que deben quedarse al margen. El ascensor social ya no funciona.

Renta básica universal

La pregunta es qué podemos hacer. En la literatura económica existen y se explican diferentes mecanismos destinados a corregir los desequilibrios en términos de pobreza y desigualdad. Citaré cuatro instrumentos que aparecen, con más o menos intensidad, en las discusiones entre economistas y de los que se hacen eco, de vez en cuando, los medios de comunicación, aunque muchas veces esos mismos medios, por razones ideológicas y de defensa de los intereses de sus acreedores, desacreditan. Lo ideal sería en principio una combinación en dosis justas de varios de ellos. Estos cuatro instrumentos son la renta básica universal, el salario mínimo, el reparto de trabajo, y, finalmente, el trabajo garantizado.

La renta básica universal es la concesión a todo ciudadano, al margen de su situación personal, de un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades vitales

La renta básica universal es la concesión a todo ciudadano, al margen de su situación personal, de un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades vitales. De esta forma, nadie se verá forzado a aceptar cualquier tipo de trabajo para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad. En una sociedad segmentada, con fuerte precarización y con una distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, se debe reafirmar el derecho universal a una vida digna, el derecho ciudadano a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir; por tanto, son necesarias unas rentas sociales o básicas para todas las personas sin recursos, para evitar la exclusión, la pobreza y la vulnerabilidad social; al mismo tiempo, se debe garantizar el derecho a la integración social y cultural, respetando la voluntariedad y sin la obligatoriedad de contrapartidas, siendo incondicional con respecto al empleo y a la vinculación al mercado de trabajo; pero estimulando la participación en la vida pública y reconociendo la actividad útil para la sociedad.

En España, al no disponer de soberanía monetaria, es muy difícil implantar una renta básica universal. Se trata de un problema técnico que tenemos los países del sur, de muy difícil solución dentro del euro. Pero al margen de ello, personalmente tengo mis dudas sobre la incondicionalidad total de la renta básica; y su universalidad, es decir, una renta básica igual, para todos, “ex ante” y sin comprobación de recursos. Mucho me temo que bajo estas condiciones lo único que podría salir es una renta básica universal insuficiente para su objetivo último, reafirmar el derecho universal a una vida digna.

Salario mínimo y reparto de trabajo

Para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. Esta relación positiva es paradójica -la paradoja de costes de Kalecki-.

Si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio sub-óptimo con débil ocupación y bajo nivel de vida

Si dejamos que actúen solo las fuerzas del mercado, éstas conducirán a la economía a un equilibrio sub-óptimo con débil ocupación y bajo nivel de vida –véase España-. Dado que el equilibrio alto de empleo es inestable, tan solo la intervención del Estado podrá conseguir que la economía se mantenga cerca del mismo. Para ello el Estado debe intervenir para conservar unos salarios reales altos, incluso en períodos de paro, fijando un salario mínimo interprofesional garantizado que presione al alza a todo el abanico salarial.

Las elevadas tasas de paro han llevado a numerosos economistas de izquierda y a los partidarios de la economía solidaria a proponer el reparto del trabajo. Sin embargo, el sistema de reparto de trabajo no puede producir estos efectos positivos sobre la ocupación a no ser que el salario horario de los trabajadores se incremente, por lo menos en proporción al aumento de la productividad por hora de trabajo.

Trabajo garantizado

Desde la Teoría Monetaria Moderna, la propuesta de trabajo garantizado o desempleo 0% es una consecuencia lógica. Bajo soberanía monetaria, con tipos de cambio flexibles, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. A pesar de ello, los gobiernos sufrieron intensas presiones para mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Uno de los objetivos de esas presiones era evitar el pleno empleo, ya que en este caso el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria.

Bajo soberanía monetaria, el trabajo garantizado es posible

Por lo tanto, como corolario, bajo soberanía monetaria, el trabajo garantizado es posible: necesitamos cuidar de nuestros mayores, de nuestros hijos, de nuestros enfermos; aumentar los servicios de ocio y de cultura; cuidar y mantener las infraestructuras, nuestros barrios; reforestar enormes extensiones de terreno; proteger la fauna y la flora de nuestro entorno; mejorar los servicios sanitarios; defender a los más vulnerables. Mediante el trabajo garantizado se otorga a los ciudadanos el derecho a trabajar si así lo desean. Bajo soberanía monetaria podría financiarse sin ningún problema a través de programas concretos que podrían ser gestionados por distintas organizaciones con experiencias en los mismos. Por lo tanto, al igual que en la renta básica universal, es necesario disponer de soberanía monetaria.

Todos estos instrumentos son de enorme utilidad, necesarios para garantizar el derecho universal a una vida digna. Y las autoridades deberían tenerlos en cuenta, aunque solo sea para mantener algo que tanto les gusta, el orden y una paz social duradera.


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