Desde la heterodoxia

Los gobiernos no son ni hogares ni empresas

Permítanme ustedes volver de nuevo a mi último blog. A partir del análisis del último artículo de James Montier, Market Macro Myths: Debts, Deficits, and Delusions, detallamos conclusiones no convencionales muy jugosas. En recesión de balances, la política monetaria tiene un impacto nulo en la economía, mientras que la política fiscal ofrece una alternativa real. En realidad, la política monetaria solo ha influido de manera notoria en el apetito por el riesgo de los inversores, provocando burbujas o inflaciones de activos. Mientras, el abandono de la política fiscal como instrumento de política económica es meramente ideológico. Peor aún, obedece a la defensa de los intereses de clase de ciertas élites

La ausencia de una política fiscal activa significativa, hace que las élites capitalistas ejerzan un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno

La ausencia de una política fiscal activa significativa, hace que las élites capitalistas ejerzan un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno. Debido a que la política fiscal activa revela que el Estado puede crear empleo, ésta debe ser socavada desde el punto de vista de la superclase, ya que interfiere en sus negocios. Pero además, a las élites no les gustan los cambios sociales y políticos resultantes del mantenimiento del pleno empleo. Como señalaba Montier, el estancamiento secular es una opción política que activa el miedo como medida disciplinaria.

Los mitos macroeconómicos del mercado

Para poder llegar a estas conclusiones, Montier muestra por qué los defensores de la austeridad presupuestaria se equivocan. En realidad utilizan una serie de "mitos" fundacionales falsos para justificar que los gobiernos deben implementar un presupuesto equilibrado.

Aunque no es una lista completa, los "mitos" más usuales que analiza James Montier, y que se pueden escuchar en políticos, medios de comunicación y la mayoría de los economistas, son los siguientes. Mito 1: Los gobiernos son como los hogares. Mito 2: La impresión de dinero para financiar los déficits presupuestarios es inflacionaria. Mito 3: Los déficits presupuestarios y un elevado nivel de deuda pública conducen a elevados tipos de interés. Mito 4: Los déficits presupuestarios son insostenibles. Mito 5: La deuda pública es una carga para las generaciones futuras.

Uno de los mitos más extendidos entre los defensores de la austeridad expansiva es que el sector público es como un hogar o como una familia

Uno de los mitos más extendidos entre los defensores de la austeridad expansiva es que el sector público es como un hogar o como una familia. Recordemos como de manera machacona el ínclito monclovita en funciones nos dice que las cuentas del gobierno son como las de una familia. El argumento es el siguiente. Cuando una familia o una empresa incurren en un exceso de deuda privada, de manera que las rentas que generan no les permiten hacer frente al pago del principal e intereses, presentan un problema de solvencia. Por eso el exceso de acumulación de la deuda del sector privado es un problema, suele acabar en una recesión de balances. A partir de esta idea, los economistas convencionales extrapolan este resultado a los gobiernos y sus déficits. Por desgracia, lo hacen de manera indiscriminada, y ahí radica el problema. La realidad a veces no es lo que parece.

Gobiernos monetariamente soberanos

Para rebatir este argumento, James Montier distingue entre aquellos gobiernos que son monetariamente soberanos (emiten sus propias monedas, tienen tipos de cambio flotantes, y emiten deuda en su propia moneda) y los que carecende tal condición soberana. En la primera categoría encontramos países como Estados Unidos, Reino Unido y Japón, mientras que la Eurozona es un buen ejemplo del segundo grupo. Esta distinción tiene una gran influencia en cómo se debe pensar en términos de deuda y déficit público. Aquellas naciones que gozan de estatus de soberanía monetaria pueden, en efecto, tomar prestado de ellos mismos. Tienen la capacidad de crear dinero y gastarlo. Por lo tanto no pueden jamás ser forzados a la insolvencia. Tales beneficios los disponen las naciones monetariamente soberanas.

Sin embargo, para ambos tipos de regímenes de deuda pública la situación de ésta sigue siendo diferente de la deuda privada. De hecho, la deuda pública es a menudo la contraparte del ahorro privado. Para ver esto tenemos que recurrir a la contabilidad nacional. Para una economía abierta en contabilidad nacional se obtiene una identidad que recoge los balances sectoriales (sector privado, sector público, sector exterior). Si el sector privado quiere ahorrar por encima de su inversión, entonces tiene que haber un déficit de las administraciones públicas y/o un superávit en cuenta corriente. Si uno trabaja con una economía cerrada (es decir, sin el comercio exterior), el déficit público sería la contrapartida exacta de cualquier excedente del ahorro del sector privado.

En el caso de España el sector privado registró tremendos déficits durante la burbuja inmobiliaria

Quizás el aspecto más agradable sobre identidades contables es que por su construcción siempre se cumplen y, por lo tanto, cuando nos fijamos en los datos vemos exactamente lo que esperaríamos. El sector privado en general suele registrar excedentes siendo la contraparte los déficits fiscales del gobierno. Si analizamos los datos de Estados Unidos de los últimos 60 años se observa claramente que las dos veces en las que el sector privado ha registrado déficits significativos la cosa ha acabado muy mal. La primera fue la burbuja punto com. La segunda fue la burbuja inmobiliaria. En el caso de España el sector privado registró tremendos déficits durante la burbuja inmobiliaria.

Ambos son ejemplos de los peligros de la acumulación de deuda por parte del sector privado. Sin embargo, el sector público ha ido acumulando deuda durante todo este período, contrariamente a las proclamas de los defensores de la austeridad expansiva. Una vez que se comprende que los déficits públicos son la contrapartida del ahorro del sector privado, entonces la aproximación al hecho de incurrir en deuda pública se analiza de manera diferente. Por el contrario, lo que sí nos debería preocupar es la acumulación excesiva de deuda privada, exactamente el hecho que obvió la ortodoxia bajo argumentos ideológicos –eficiencia de mercados y racionalidad de los inversores-. Pero ahí tienen ustedes a las élites, desviando la atención y centrándose en lo irrelevante.


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