OPINIÓN

La fragilidad económica y política de los Estados Unidos

El hartazgo del pueblo estadounidense alcanza cotas históricas. Una nueva encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago es un mal presagio para la presidencia de Donald Trump y para la economía estadounidense.

La fragilidad económica y política de los Estados Unidos.
La fragilidad económica y política de los Estados Unidos. EFE

Estados Unidos es, a fecha de hoy, y de manera creciente, el eslabón más frágil global, tanto a nivel geopolítico como económico. Las razones son diversas. Por un lado, el empeoramiento de la actividad económica. Por otro, un clima de deterioro político y social de proporciones históricas. Ello se traduce, en un mundo cada día más multipolar, en un declive geopolítico. La confluencia de deterioro económico, hostilidades políticas, y declive geopolítico arrastrarán a los Estados Unidos a una situación caótica, fuera de control.

Venimos advirtiendo en los últimos meses, desde estas líneas, del deterioro económico de los Estados Unidos, sin duda alguna el área económica que más está desentonando en lo que llevamos de año. Y cuando parecía que los distintos indicadores adelantados apuntaban a una paulatina recuperación, tras un desastroso primer trimestre de año, la mayoría de ellos empiezan de nuevo a señalar una desaceleración intensa. La economía global, profundamente inestable, podría registrar una notable desaceleración a partir del eslabón que, tanto analistas como economistas, consideraban más fuerte, los Estados Unidos.

Los indicadores adelantados de la OCDE sugieren que la recuperación relativa de Estados Unidos se está agotando

Los indicadores adelantados de la OCDE sugieren que la recuperación relativa de Estados Unidos se está agotando, exactamente igual que la de Reino Unido. Son dos países que sufrirán una intensa desaceleración, sino recesión, cuando estalle el ciclo de deuda, salvo que usen su soberanía monetaria, empiecen a aumentar salarios, y de manera decidida dejen ya de mimar a una superclase cada día más rentista y menos productiva.

Pero este proceso se está extendiendo a otras áreas desarrolladas. En Japón se ha frenado la recuperación de las expectativas, al agotarse los efectos del uso conjunto de la expansión cuantitativa y fiscal. En Europa sólo Alemania mantiene un momentum positivo, mientras continúa la debilidad de Italia, a la que se une Francia. Ya saben nuestro razonamiento. El país teutón ha disfrutado de un tipo de cambio que no le corresponde, sorbiendo la sangre de sus socios comunitarios, a través del cual ha generado un vergonzoso superávit por cuenta corriente que debería haber reciclado. Ello toca a su fin porque el euro ha iniciado una carrera alcista imparable que le aproximará a los 1,35 USD/EUR.

La debilidad económica de los Estados Unidos

En Estados Unidos la tasa de ahorro aún no ha revertido a la media como en otras economías. En ausencia de subidas salariales, el sobreendeudamiento, retroalimentado por una riqueza ficticia, favoreció un crecimiento del consumo por encima de la renta disponible. Esta dinámica se reactivó vía política monetaria, de manera que una vez se desinflen los mercados financieros estadounidenses, sobrevalorados, el desapalancamiento correspondiente debería implicar un consumo privado más bajo, menor inversión privada, y por lo tanto una tasa de ahorro más alta, salvo que se vea compensada por fuertes subidas salariales.

Los déficits del gobierno y de los hogares han permitido que el consumo y los ingresos corporativos se mantengan estables a pesar de que los sueldos y salarios se han desplomado

Dado que el déficit de un sector siempre emerge como el superávit de otro, el déficit combinado de gobiernos y hogares se traduce en un superávit en los márgenes de los beneficios corporativos, que se han disparado a niveles récord en los últimos años. Básicamente, los déficits del gobierno y de los hogares han permitido que el consumo y los ingresos corporativos se mantengan estables a pesar de que los sueldos y salarios se han desplomado hasta el punto de que el porcentaje de participación de la renta de la fuerza laboral en el PIB ha caído al nivel más bajo en las tres últimas décadas. Ya que los inversores parecen creer que estos márgenes de beneficio son permanentes, y no lo son, la valoración de las acciones se encuentra en múltiplos sobrevalorados. Por ello es interesante seguir los beneficios empresariales, que ya están cayendo.

Y es en este escenario donde debemos desempolvar un riesgo endógeno olvidado por gran parte de analistas y economistas, el inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados. Dicho ciclo se iniciaría en los mercados financieros yankees, los más sobrevalorados del planeta, con una divisa excesivamente apreciada, y en un contexto de desaceleración-recesión de dicha economía no anticipada por la mayoría de analistas.

El deterioro político de los Estados Unidos

Pero hay todavía algo más peligroso, de naturaleza intangible, el profundo deterioro político de los Estados Unidos. Mientras que el establishment aún no ha asumido la victoria de Donald Trump, éste muestra un comportamiento errático, infantil, de completa inacción. El hartazgo del pueblo estadounidense alcanza cotas históricas. Una nueva encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos de la Universidad de Chicago es un mal presagio para la presidencia de Donald Trump y para la economía estadounidense. La nueva encuesta muestra que el 64 por ciento de los estadounidenses desaprueba el trabajo que Trump está haciendo. Particularmente preocupante para una democracia, el 65 por ciento dice que no respeta las instituciones y tradiciones del país. En temas específicos, el 66 por ciento desaprueba su manejo de la atención de la salud; el 64 por ciento rechaza la actitud de Trump sobre el cambio climático; el 63 por ciento se muestra disconforme con su política exterior; el 60 por ciento desaprueba su manejo de la inmigración y el 55 por ciento critica cómo maneja la economía.

Pero hay todavía algo más peligroso, de naturaleza intangible, el profundo deterioro político de los Estados Unidos

Obviamente, estos datos amenazan al consumo estadounidense que, en ausencia de subidas salariales, es totalmente insostenible. A pesar de la centenaria campaña de propaganda de Wall Street para convencer a Washington de que controla las palancas del crecimiento económico de los Estados Unidos y, que por ello, debe ser bendecido y aplacado con todos sus deseos, los ciudadanos informados comprenden y saben que el poder económico está en manos del consumidor, en una nación donde dos tercios del PIB es el gasto de los consumidores. Y todo apunta a que Estados Unidos desplegará, salvo que empiecen a entender y aplicar la Teoría Monetaria Moderna, la segunda fase de su particular recesión de balances, y detrás la mayoría de países occidentales, entre ellos y particularmente el nuestro.


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