OPINIÓN

¿Cuál es el activo primigenio de la actual burbuja de deuda?

El 1% más rico, la superclase, va a intentar conservar su poder. Pero para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda.

¿Cuál es el activo primigenio de la actual burbuja de deuda?
¿Cuál es el activo primigenio de la actual burbuja de deuda? Andre Hunter

Siento ser un aguafiestas. Ojalá esté equivocado y que lo que bulle en mi cerebro sea simplemente el resultado de un mal sueño de una noche de verano. Pero la autocomplacencia, el engaño, las malas artes de aquellos que nos llevaron a La Gran Depresión (2008-2014) me obligan a compartir una reflexión en voz alta. Detrás del actual rebote de la actividad económica, que se inicia en 2014, solo hay una nueva burbuja, la tercera desde 1998. Es la burbuja de deuda pública, de consecuencias imprevisibles en un país sin soberanía monetaria como el nuestro. La clave está, como me explicó un buen amigo y fiel seguidor de este blog, en identificar el activo primigenio que está siendo financiado por semejante aumento de la deuda pública patria. Hoy solo plantearemos una serie de hipótesis que habrá, obviamente, que contrastar más adelante. Como corolario, si al final todo sale mal, La Gran Recesión será un juego de niños, y su segunda parte nos llevará a una situación “a la griega”.

Es cada día más evidente la conexión entre el actual sistema de gobernanza económica, el "neoliberalismo", y aspectos tan diversos como el populismo, el estancamiento secular y las distintas inflaciones de activos surgidas desde 1998

Es cada día más evidente la conexión entre el actual sistema de gobernanza económica, el "neoliberalismo", y aspectos tan diversos como el populismo, el estancamiento secular y las distintas inflaciones de activos surgidas desde 1998. Bajo el marco de análisis de la ortodoxia dominante, desde el lado de la demanda, Occidente solo puede hacer frente al estancamiento secular con tipos de interés reales negativos. Pero la implementación de dichas políticas monetarias activa distintas burbujas financieras y/o inmobiliarias.Desde la crisis de distintos países emergentes en el período 1997-1998 la economía global no ha hecho otra cosa que moverse de burbuja en burbuja de activos, con el agravante de que a cada inflación de activos, cuando estallaba, le seguía otra todavía más perniciosa, de manera que cuando ésta nueva explotaba el impacto macroeconómico negativo se acrecentaba.

El problema es que las dos primeras burbujas, la tecnológica (1998-2000) y la inmobiliaria (2002-2007), fueron generadas por recursos propios y/o deuda privada alrededor de un colateral nítido y claro, bien sean empresas tecnológicas o activos inmobiliarios. Sin embargo, la actual burbuja, fruto de las conexiones de poder entre las élites políticas y económicas de turno, gira alrededor de la deuda pública. El problema es investigar que está financiando esa deuda pública.

Hipótesis de partida: la deuda pública financia a terceros

La hipótesis de partida, que deberemos contrastar, es que el activo primigenio que está siendo financiado por el brutal incremento de la deuda pública patria en el período 2008-actualidad no es tangible, como lo eran las empresas tecnológicas o los activos inmobiliarios vinculados a las burbujas generadas por deuda privada. Es mucho más sutil. Nuestra hipótesis es que se estaría financiando a terceros, básicamente al sistema bancario y a determinados oligopolios patrios vinculados al poder político, así como a distintos colectivos que permiten que el actual Régimen se mantenga.

La política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales para hacer frente a La Gran Recesión se empeñó en reconstituir el sistema existente

En realidad la política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales para hacer frente a La Gran Recesión se empeñó en reconstituir el sistema existente con el objetivo último de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejaban a los ciudadanos, especialmente a los más pobres, con una sensación de impotencia y desesperación política. Para ello se propuso, utilizó, y continúa usando, dos líneas básicas de política económica en lo que podemos calificar como una cínica perversión de las mismas. Por un lado, una política monetaria expansiva al servicio exclusivo de las élites, especialmente las bancarias, y que solo genera burbujas y no rentas. Paralelamente, se está produciendo una brutal expansión de la deuda pública en la práctica totalidad de las democracias occidentales. Detrás de ello no se pretende sostener el empleo y los ingresos mediante inversiones públicas en nuevos sectores estratégicos, o garantizar una vivienda digna o unos estándares salariales mínimos, ni siquiera potenciar una educación pública como elemento de mejora social. Sólo se está incrementando la deuda pública para financiar a terceros, sanear sus desaguisados, e incluso financiar la percepción de rentas de determinados colectivos, relevantes electoralmente, con emisión de deuda pública.

La inversión en política de las elites

Existe cada día más evidencia académica, sobre todo en países anglosajones, que demuestra que el 1% más rico, además de invertir en jets personales, yates gigantes, obras de arte y/o áticos de lujo, también invierte en política, bien comprando voluntades o bien controlando medios de comunicación. Se ha legislado y se legisla en favor de los distintos oligopolios, monopolios, monopsonios controlados por élites gerenciales que, además de saquear a sus accionistas, no pagan sus impuestos en sus países de origen. Y no les quepa ninguna duda que estas “inversiones políticas” dan sus frutos, y están siendo muy rentables.

Se legisla estableciendo reglamentos a su medida, y además no se aplican las leyes antimonopolio a aquellos grupos que impiden la libre competencia

Estos grupos de presión gozan de impuestos más bajos, tanto ellos como sus negocios. Si hace falta, sin ningún tipo de rubor, porque ellos se lo merecen, exigen y consiguen subsidios a sus corporaciones y conglomerados; logran que con deuda pública se rescaten sus desaguisados. Se legisla estableciendo reglamentos a su medida, y además no se aplican las leyes antimonopolio a aquellos grupos que impiden la libre competencia.

Ese 1% más rico, la superclase, va a intentar conservar su poder. Pero para ello necesita consolidar su control sobre el sistema global de la deuda. Por eso para la ciudadanía es vital, por un lado, una profunda reconversión de un sistema financiero sobredimensionado, a costa de gerencia y acreedores. Pero por otro, debemos exigir además, como única reforma estructural real, en aras de nuestra libertad, una reestructuración de la deuda, mediante las correspondientes quitas. Si eso ocurriese, automáticamente la superclase se arruinaría y perdería el control del poder. Y es aquí donde deberíamos ser proactivos y presionar hasta que la clase política asuma estas medidas.


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