OPINIÓN

Estados Unidos, ¿fuera de control?

En los Estados Unidos, las disensiones empiezan a separar a familias y amigos. Y los principales responsables de dicho cisma son los mismos muñidores que transformaron los Estados Unidos en un Totalitarismo Invertido.

El presidente de EEUU, Donald Trump.
El presidente de EEUU, Donald Trump. EFE

Hace una semana desde estas líneas advertíamos del deterioro económico de los Estados Unidos. Los efectos de los estímulos de la administración Obama, profundamente timorato a la hora de abordar los problemas de la creciente pobreza y desigualdad en su país, tocan a su fin. Los últimos datos no hacen sino corroborar dicha tendencia. Sin embargo, hay otro elemento todavía más preocupante, la creciente y profunda hostilidad entre dos visiones distintas de concebir los Estados Unidos de América. La confluencia de deterioro económico y hostilidades políticas podrían arrastrar a los Estados Unidos a una situación caótica, fuera de control.

El conflicto de visiones ha llegado a tal punto que se puede hablar de diferencias irreconciliables. Pero lo más lamentable es que el problema de fondo no es tanto la diferencia de perspectivas, que se resuelve democráticamente, sino la actitud de quienes no aceptando el resultado de las últimas elecciones presidenciales utilizan los aparatos mediáticos para profundizar en dichas divergencias. El objetivo, mantener el statu-quo de la superclase. Pero como se les vaya de la mano, la situación podría desembocar en incidentes violentos.

Me comentan gente que vive ahí, de distintas ideas y pensamientos, que tras la llegada al poder de Donald Trump las hostilidades han empezado a alcanzar la categoría de cismas a lo largo y ancho del país

Me comentan gente que vive ahí, de distintas ideas y pensamientos, que tras la llegada al poder de Donald Trump las hostilidades han empezado a alcanzar la categoría de cismas a lo largo y ancho del país. Las disensiones empiezan a separar a familias y amigos. Y los principales responsables de dicho cisma son los mismos muñidores que transformaron los Estados Unidos en un Totalitarismo Invertido, tal como lo definió Sheldon Wolin, el otrora profesor emérito de filosofía política de la Universidad de Princeton. Los rasgos básicos son un cuerpo legislativo débil, un sistema legal que sea obediente y represivo, y un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos. Y este esquema es fomentado por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores. Dichos medios de comunicación cargaron primero contra Bernie Sanders, y ahora cargan contra Donald Trump. Por cierto, ¿hay algo más antidemocrático que el intento de convertir en hereditaria la presidencia de los Estados Unidos a través de sagas familiares -Bush, Clinton, Obama...-?

Esta situación es perfectamente trasladable a nuestro país. Un sistema de partidos dominante que se alterna en el poder sin que de fondo cambie en realidad nada

Esta situación es perfectamente trasladable a nuestro país. Un sistema de partidos dominante que se alterna en el poder sin que de fondo cambie en realidad nada. Les vuelvo a recomendar encarecidamente la lectura del artículo académico de Andrés Villena “Redes de Poder Gubernamental en la Democracia Reciente. España: 2004-2012”. En él, mediante técnicas SEM, el autor demuestra los “parecidos estructurales” a la hora de analizar las estructuras relacionales de poder bajo el gobierno del Partido Popular formado en el año 2012 y el ejecutivo del Partido Socialista Obrero Español en el 2004. El estudio revela dos rasgos fundamentales para ambos casos: un elevado nivel de cohesión relacional y un conjunto relevante de vínculos que relacionan a los gobiernos constituidos con importantes grupos de poder de la estructura social. Ello limita la acción democrática y explica la crisis de representación política que se está viviendo actualmente nuestro país. Bajo este análisis no duden ustedes lo que harían los medios de comunicación dominantes si, por ejemplo, llegará Podemos al poder. Pero volvamos a Estados Unidos.

Deterioro económico y hostilidades políticas

La semana pasada compartí con ustedes el profundo deterioro del crecimiento económico que para Estados Unidos estaba dibujando el modelo GDPNow, alimentado por la Reserva Federal de Atlanta. Recuerden que dicho indicador ofrece una previsión o estimación oficial del PIB actual, previa a su publicación, y que se va modificando con la publicación de nuevos datos, tanto de indicadores de actividad como de encuestas. Hace dos semanas, con los datos publicados de consumo y renta personal, la previsión de crecimiento intertrimestral anualizado cayó al +1,8% para el trimestre en curso, lo que suponía una fuerte desaceleración respecto a lo que preveía con anterioridad a la publicación de este dato. Decíamos que la evolución del mismo sugería que los Estados Unidos podrían registrar un crecimiento inferior al 1% intertrimestral anualizado. Los últimos datos corroboran dicha afirmación. El 8 de marzo, tras la publicación de los datos del comercio al por mayor, el modelo redujo la previsión al 1,2% intertrimestral anualizado. No es descartable que acabe en territorio negativo.

La superclase se puede ver tentada, por razones políticas, a provocar y acelerar el estallido de la colosal burbuja

Pero hay un problema de fondo más allá de una mera desaceleración cíclica. Hay un riesgo endógeno, engordado por la superclase, a través de una política monetaria encaminada a proteger la riqueza de los que más tienen, y olvidado por gran parte de analistas y economistas. Se trata del inicio de un nuevo ciclo de aversión al riesgo en los mercados financieros, profundamente sobrevalorados, y cuya mecha se encendería en los mercados financieros yankees, los más sobrevalorados del planeta, con una divisa excesivamente apreciada, y en un contexto de desaceleración-recesión de dicha economía no anticipada por la mayoría de analistas. La superclase se puede ver tentada, por razones políticas, a provocar y acelerar el estallido de la colosal burbuja. El tsunami posterior sería de consecuencias inimaginables, pudiendo desembocar en una situación fuera de control.


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