OPINIÓN

Salto al vacío

En la edad de oro del capitalismo, como resultado del activismo político y sindical, hubo una caída de la tasa de ganancias del capital. Y eso no era aceptable. Había que revertir la caída de la tasa de ganancias, socavando la participación democrática.

Salto al vacío.
Salto al vacío. EP

La situación que atraviesa Estados Unidos empieza a ser preocupante. Al profundo deterioro social y político, se le unen los clamorosos errores geoestratégicos. El último, la posición del actual inquilino de la Casa Blanca en materia de cambio climático -alguien le debería haber explicado que lo que firmó Obama no era vinculante, fue un paripé-. Todo ello tiene su reflejo económico. Una de las mayores vulnerabilidades de la economía global es el déficit creciente de la balanza comercial no energética estadounidense. El dólar solo tiene un camino, una intensa depreciación. Y China, agazapada, frotándose las manos.

Desde hace al menos tres décadas EEUU sufre una seria crisis interna que afecta al bienestar de millones de sus ciudadanos y un grave declive de su legitimidad internacional

Ello viene a colación del último libro de Mariano Aguirre, el otrora director del Norwegian Centre for Conflict Resolution, “Salto al vacío. Crisis y declive de los Estados Unidos” publicado por la editorial Icaria. Su argumento es muy sencillo. Desde hace al menos tres décadas EEUU sufre una seria crisis interna que afecta al bienestar de millones de sus ciudadanos y un grave declive de su legitimidad internacional debido a los reiterados y dramáticos fracasos, desde Vietnam hasta Iraq. La victoria de Donald Trump es resultado de esta crisis estructural de largo plazo. Obviamente no cumplirá sus promesas de beneficiar a los trabajadores y a la clase media, ni alterará el orden económico-militar liberal, pero intentará llevar adelante reformas ideológicas para contentar a su base ultraconservadora. El choque dentro de los Estados Unidos está garantizado.

Neoliberalismo y represión

Pero dicha decadencia va más allá de los Estados Unidos. Todo comenzó allá por los años 70, con el inicio de la era neoliberal en la que vivimos desde entonces. Su principio crucial es socavar los mecanismos de solidaridad social y apoyo mutuo, y el compromiso de participación de los ciudadanos en la política. La libertad se reduce a una mera subordinación a las decisiones de un poder privado cada día más concentrado e irresponsable. Las instituciones de gobierno, u otros tipos de asociación que podrían permitir que las personas participaran en la toma de decisiones, son sistemáticamente debilitadas. Margaret Thatcher lo dijo alto y claro en su famoso aforismo "no hay sociedad, sólo individuos".

Al debilitar o socavar a los sindicatos u otras formas de asociación, se deja con una sensación de impotencia a la mayoría de la población

Y para mantener el statu quo, la represión. Parafraseando a Marx, “la represión está convirtiendo a la sociedad en un saco de patatas, sólo individuos, una masa amorfa incapaz de actuar conjuntamente". A partir de la represión, se destruyen o al menos se socavan los mecanismos de gobierno a través de los cuales las personas pueden participar para que una sociedad sea realmente más democrática. Así, al debilitar o socavar a los sindicatos u otras formas de asociación, se deja con una sensación de impotencia a la mayoría de la población, mientras se transfieren las decisiones a un poder privado irresponsable, todo bajo la retórica de la libertad.

La única barrera a la amenaza de destrucción es un público informado y comprometido, capaz de actuar conjuntamente con el fin de enfrentarse y responder a dicha amenaza. Pero ello ha sido sistemáticamente, de manera consciente, debilitado. Las élites consideraron que demasiada democracia era peligrosa, que era necesaria más "moderación" para que la gente se volviera más pasiva y apática, vamos que no molestara demasiado.

Las decisiones se ponen en manos de una troika no elegida: la Comisión Europea, el FMI, y el Banco Central Europeo

En Europa, la forma en que se socava la democracia es muy directa. Las decisiones se ponen en manos de una troika no elegida: la Comisión Europea, el FMI, y el Banco Central Europeo. Ellos toman las decisiones. Por eso la ciudadanía está cada día más enojada, ve como están perdiendo el control de sus vidas. Las políticas económicas les están perjudicando en gran medida, y el resultado es ira, desilusión.

El reparto de la tarta de la riqueza

Los internacionalistas liberales, en su visión de consenso, llegan a la conclusión de que un problema importante es lo que ellos denominan, "las instituciones responsables del adoctrinamiento de los jóvenes". Las escuelas, las universidades, las iglesias, no están haciendo su trabajo. No están adoctrinando adecuadamente a los jóvenes. Los jóvenes tienen que ser devueltos a la pasividad y a la obediencia, y entonces la democracia funcionará. Pero además la retórica utilizada es una profunda locura. Un documento muy influyente entre los internacionalistas liberales, el Memorándum Powell, que se encuentra en el origen del llamado movimiento conservador moderno, llega a afirmar que “hay que usar todos los recursos a nuestro alcance para derrotar a esta nueva izquierda que está socavando la libertad y la democracia”. ¿De verdad piensan que está gobernando la izquierda?

En el trasfondo de todo, el reparto de la tarta de la riqueza. En la edad de oro del capitalismo, como resultado del activismo político y sindical, hubo una caída de la tasa de ganancias del capital. Y eso no era aceptable. Había que revertir la caída de la tasa de ganancias, socavando la participación democrática. Y de aquellos barros estos lodos: un salto al vacío en toda regla.


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