OPINIÓN

La SAREB, enésima chapuza

En el banco malo no se incluyeron ni préstamos o créditos a particulares, PYMES, Administraciones Públicas o participadas. No se limpió, de una vez por todas, toda la porquería de nuestro sistema bancario. Y de aquellos barros, un sistema bancario cuasi-zombi.

Jaime Echegoyen, presidente de Sareb.
Jaime Echegoyen, presidente de Sareb. EFE

España, ejemplo de Totalitarismo Invertido, país con miedo y sin futuro. La penúltima gota, ese pozo sin fondo que succiona a velocidad de vértigo el dinero de todos los españoles. Nos referimos a la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), el banco malo, que registró en 2016, por enésima vez, pérdidas adicionales por valor de 663 millones de euros. La razón, “los altos costes vinculados al mantenimiento de la cartera y la venta de activos en minusvalías”. Parafraseando al novelista, en un lugar de nuestra querida España, de cuyo nombre no quiero acordarme, alguien demasiado listo pronosticó que la SAREB llegaría a dar una rentabilidad del 14%. ¡Y sigue en su puesto!

Fueron intereses privados y espurios, con la complicidad del poder político de turno, quienes guiaron el diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero, y las recetas para revivirlo

España, capitalismo de amiguetes. Fueron intereses privados y espurios, con la complicidad del poder político de turno, quienes guiaron el diagnóstico de la salud de nuestro sistema financiero, y las recetas para revivirlo. De ahí viene todo, desde el fiasco de la intervención las cajas de ahorro, hasta el diseño de instrumentos como la SAREB. No permitieron que los funcionarios públicos del regulador hicieran el diagnostico de cómo se encontraba el enfermo, nuestro sistema bancario. Tampoco permitieron que se ejecutaran las recetas correctas, la nacionalización de las entidades insolventes, previo corte de pelo de sus acreedores.

Los grandes banqueros presionaron y presionaron. Los teléfonos de la oficina económica del presidente del gobierno echaban humo por aquellos días. No querían un banco malo “a la sueca”, y mucho menos la implantación del modelo bancario sueco. Solo aspiraban a quedarse con las entidades intervenidas a precio de ganga y que los españolitos de turno les sufragaran casi gratis los activos tóxicos de dichas entidades y si me apuras de las suyas.

Se protegieron intereses espurios

El Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la conferencia de prensa del viernes 31 de agosto de 2012, afirmó, sin despeinarse, que "la empresa de gestión de activos debía ser viable y no generar pérdidas y al final no debía tener ningún impacto sobre el contribuyente". Esta afirmación simple y llanamente era falsa porque ambos objetivos eran incompatibles, como ha acabado demostrado la realidad de los hechos. El gobierno tenía que elegir entre sobrepagar por la compra de los activos tóxicos, sin tocar a los acreedores extranjeros, en cuyo caso la fiesta la acabarían pagando los contribuyentes patrios. O, alternativamente, proteger a los ciudadanos españoles, infrapagando en la compra de dichos activos podridos, siendo la gerencia, los propietarios y los acreedores extranjeros quienes asumieran el coste por haber llevado a la insolvencia a nuestro sistema bancario, al tomar todos ellos riesgos excesivos.

Si el banco malo podía obtener un beneficio derivado de la “gestión” de los bienes que compra a los bancos, ¿por qué no podrían los bancos manejarlos ellos mismos?

Si el banco malo podía obtener un beneficio derivado de la “gestión” de los bienes que compra a los bancos, ¿por qué no podrían los bancos manejarlos ellos mismos? ¿Y qué pintan como accionistas de un instrumento de gestión de activos podridos todos aquellos que los incluyeron en su balance contaminándolo en unos casos, y en otros quebrándolos directamente?

Nuestro gobierno debería haber velado por los intereses de los españoles. Ello exigía obligar a que la Sareb jamás pagara por encima del valor de mercado. Se debería haber aplicado el escenario estresado de la consultora Oliver Wyman en la compra de activos tóxicos, lo que hubiese implicado que las entidades financieras, intervenidas o no, tuvieran que recapitalizarse. Si realmente hubiese velado por el interés de sus conciudadanos deberían haber obligado a que parte de las recapitalizaciones de las entidades intervenidas corrieran a cargo de sus acreedores, más allá de los accionistas. Pero además hubo otros problemas importantes. En el banco malo no se incluyeron ni préstamos o créditos a particulares, PYMES, Administraciones Públicas o participadas. No se limpió, de una vez por todas, toda la porquería de nuestro sistema bancario. Y de aquellos barros, un sistema bancario cuasi-zombi.

Todo estaba inventado

Frente al modélico rescate bancario sueco de 1992, las distintas reformas bancarias emprendidas por los ejecutivos de Zapatero y Rajoy fueron hechas a medida de intereses privados espurios. Son una prueba evidente de que España es un excelente ejemplo de Totalitarismo Invertido. El poder corporativo interfiere en la vida política, a la vez que el Estado se orienta cada vez más hacia el mercado, obviando los intereses de la ciudadanía.

Las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generaban capital para absorberlas

Existen dos modelos para hacer frente a los problemas de solvencia bancaria tras una crisis de deuda provocada por el estallido de una burbuja financiera o inmobiliaria. En el modelo sueco las pérdidas se reconocen hoy; en el japonés, se reconocen conforme los bancos van generando beneficios para absorberlas. España desde 2008 optó por el modelo japonés. Las pérdidas provocadas por los excesos en el sistema financiero solo se reconocen conforme los bancos generaban capital para absorberlas. Ello beneficia a los bancos y su gerencia, ya que se oculta su verdadera situación. Sin embargo, es nefasto para la economía, ya que distorsiona los precios de los activos financieros e inmobiliarios y el acceso al crédito.

Al final, la ausencia de controles ex ante del crédito, el mirar para otro lado, un diagnóstico y diseño externo del problema absolutamente “naive” y erróneo, lo hemos acabado pagando los españoles de a pié. Desahucios, deuda pública, desempleo... ¡Y volvemos a las andadas!


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