OPINIÓN

Mentiras arraigadas, semillas del caos

Todas estas dinámicas son partes consustanciales al proceso de financiarización de la economía global y van a desembocar en el caos que está a punto de de iniciarse.

Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort.
Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort. EFE

Estamos en el final de un ciclo que agoniza. Ése que se inició allende finales de los 70, cuando ciertas élites decidieron que lo de generar y repartir la renta y la riqueza ya no estaba de moda. A partir de ahí montaron toda una parafernalia muy colorida, especialmente académica, absolutamente inútil, pero muy elegante. Acabaron con el consenso keynesiano, bajo el cual se produjo el mayor aumento de bienestar de la historia. Y utilizando fuego de distracción, asaltaron y se apropiaron del Estado. El objetivo era doble. En primer lugar, trasvasar renta del factor trabajo al factor capital. En segundo lugar, utilizar el Estado para apropiarse de todo tipo de rentas, desde transferencias ocultas, pasando por subsidios del gobierno a grupos de presión, leyes que favorecen los oligopolios y una aplicación laxa de leyes de competencia.

Los Bancos Centrales han sido en realidad los más destacados hooligans defensores de la austeridad y la devaluación salarial

Quizás uno de los instrumentos que más ha contribuido tanto a ese trasvase de rentas del factor trabajo al factor capital como a una apropiación indebida de rentas y riqueza por parte de ciertas élites, especialmente las bancarias, ha sido la política monetaria en manos de unos Bancos Centrales aparentemente independientes. Bajo la aureola de independencia, los Bancos Centrales han sido en realidad los más destacados hooligans defensores de la austeridad y la devaluación salarial. Pero no solo eso, fueron los principales artífices de ceder la fijación de los tipos de interés a largo plazo de los bonos soberanos a los mercados financieros. Pero con la expansión cuantitativa ha quedado demostrado que el tipo de interés, tanto a corto plazo como a largo plazo, es una variable exógena que el Banco Central establece donde le da la gana. El objetivo de todo ello solo era uno: evitar el ejercicio de la soberanía monetaria en defensa del pleno empleo en las democracias desarrolladas.

La gran mentira

Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija. Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero.

Constituyen la gran mentira: la teoría monetaria de Milton Friedman y la escuela de Chicago

Desde el momento en que los emisores de dinero, los Estados, empiezan a ser gobernados democráticamente, las élites político-financieras decidieron sin titubear crear y difundir mitos que se han ido extendiendo, y que en el momento actual están muy arraigados en la intuición colectica. Constituyen la gran mentira: la teoría monetaria de Milton Friedman y la escuela de Chicago. El objetivo no era otro que mantener una serie de privilegios convirtiendo la economía en una especie de religión. En primer lugar, ocultaron a la ciudadanía algo obvio, los Estados soberanos jamás pueden quebrar. En segundo lugar, promovieron la independencia de los Bancos Centrales justamente en el momento en que los Estados democráticos podían ejercer su plena soberanía monetaria y generar pleno empleo.

Otras ideas equivocadas

Pero las raíces de la teoría monetarista –intrínsecamente falsa- son muy profundas y demasiado arraigadas. Durante mucho tiempo, y aún a fecha de hoy, menos mal que nos queda el Banco de Inglaterra, ciertos banqueros centrales siguen considerando que la oferta de dinero puede ser fijada de manera arbitraria por los Bancos Centrales. La realidad demuestra –véase toda la investigación reciente del Banco de Inglaterra- que la oferta de dinero es endógena, de ahí el fracaso más absoluto de la actual política monetaria global. La oferta de dinero en realidad viene determinada por la demanda de créditos y las preferencias del público. Por lo tanto, los créditos producen depósitos, y no al revés. El dinero bancario no es un múltiplo de la cantidad de dinero de curso legal o base monetaria. En realidad, la base monetaria es un cociente de la cantidad de dinero bancario.

Bajo este análisis, la tasa de inflación no puede ser ocasionada por una excesiva tasa de crecimiento del dinero. La causalidad va en sentido inverso, es la tasa de crecimiento de los precios y de la producción lo que va a incidir sobre la tasa de crecimiento de la cantidad de dinero.

Para invertir no hace falta ahorro previo o depósitos preexistentes

La implicación más importante de estas relaciones de causalidad va en contra de un mantra asumido por la mayoría de los economistas. El motor de la economía es el gasto en inversión decidido con independencia de las decisiones de ahorro. En realidad es la inversión que deciden las empresas lo que determina la cantidad de ahorro. Para invertir no hace falta ahorro previo o depósitos preexistentes. La Ley de Say en una economía monetaria es falsa.

Objetivo, limitar la eficacia de la política fiscal

Con la teoría monetaria de Milton Friedman y la independencia de los Bancos Centralers se pretendía, en primer lugar, y por encima de todo, limitar la eficacia de la política fiscal de los gobiernos. Hay que seguir manteniendo comportamientos y estructuras institucionales que limiten las capacidades de gasto de los gobiernos. Esto le da a la superclase un poderoso control indirecto sobre la política del gobierno, mientras permiten dar forma a los fundamentos de cierta ética capitalista basados en que te ganarás el pan con el sudor -a menos que tengas los medios privados suficientes-. Pero sobretodo permiten que el miedo siga desempeñando su papel como medida disciplinaria.

En segundo lugar, al pasar de un sistema donde el poder lo tenía el Tesoro a otro donde se traspasa al mercado, se genera un negocio brutal a favor de la superclase, las entidades financieras. Para ello se desregularon los mercados, de manera las entidades financieras pudieran actuar con libertad en el mercado secundario. Pero además se permitió que las entidades financieras crearan derivados a partir de la deuda pública. Además se prohibió que el Banco Central comprara deuda soberana en los mercados primarios. El negocio estaba servido. Todas estas dinámicas son partes consustanciales al proceso de financiarización de la economía global y van a desembocar en el caos que está a punto de de iniciarse.


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