OPINIÓN

“Laissez faire” y la depresión que viene

A finales de los 70 la superclase reescribió la historia, creó un relato falso y acabó con el consenso keynesiano. Para ello, además de rescatar del baúl de los recuerdos a Friedrich Hayek, impulsó la escuela de Chicago.

Friedrich Hayek.
Friedrich Hayek. Auburn.edu

Algunos no se enteran o simplemente pretenden reescribir la historia. Desde finales de los años 70, pero muy especialmente tras la llegada al poder de los neoconservadores Margaret Thatcher y Ronald Reagan, se impuso el actual “pensamiento único” o “consenso de Washington”, puro “laissez faire”. Detrás de la actual crisis sistémica, del presente caos financiero y de deuda, el peor en un siglo, del actual Totalitarismo Invertido, se encuentra el capitalismo libertario del laissez-faire que predicaban Milton Friedman y Friedrich Hayek, al que se permitió desbocarse sin reglamentación. Ésta es la fuente primaria de nuestros problemas de hoy. ¡Y miren que ya desde finales de los años veinte Nicholas Kaldor, antiguo alumno de Hayek, en la London School of Economics (LSE), le destrozó todas y cada una de sus teorías de crecimiento económico!

Había que promover académicamente la fe ciega en la eficiencia de los mercados de capitales y en la perfecta racionalidad de los inversores

Pero da igual. A finales de los 70 la superclase reescribió la historia, creó un relato falso y acabó con el consenso keynesiano. Para ello, además de rescatar del baúl de los recuerdos a Friedrich Hayek, impulsó la escuela de Chicago. No les faltó a los defensores y promotores intelectuales de estas escuelas una generosa financiación, exactamente igual que ahora. Había que promover académicamente la fe ciega en la eficiencia de los mercados de capitales y en la perfecta racionalidad de los inversores. Ello dio argumentos a toda una corriente económica, política y académica que, entre otras cosas, defendió a toda costa la desregulación y unos modelos de remuneración salarial de los ejecutivos absolutamente ineficientes, injustos, favoreciendo un masivo fraude contable. Las consecuencias ya las conocemos todos: la mayor crisis económica sistémica desde la Gran Depresión.

Un poco de historia económica

La Teoría del Ciclo de Hayek (1929-1931), efecto concertina, tuvo un grave problema: Nicholas Kaldor, que fuera su estudiante, se había convertido al keynesianismo, y fue “destrozando” sus teorías del ciclo. No voy a entrar en una disquisición académica, pero permítanme al menos recordar los puntos de controversia. Para Kaldor, la proporción de bienes de capital en relación a bienes de consumo debería en realidad caer en vez de subir durante una expansión. Al partir de excesos de capacidad, durante la fase inicial de recuperación se demanda más empleo que capital. Lo contrario ocurre en las caídas: como no se pueden despedir máquinas se echa a gente a la calle, lo que provoca un colapso en la demanda de bienes de consumo. Era exactamente lo contrario a lo mantenido por Hayek.

Hayek absorbió estas lecciones de su viejo alumno en sus trabajos posteriores (1939,1941). Propuso que la expansión del crédito en el mínimo del ciclo expandirá la demanda de bienes de consumo, lo que incrementará beneficios en dichas empresas y sus precios, y aumentarán la inversión. Como los precios de los bienes de consumo aumentarán, los salarios reales caerán, aumentando beneficios. Cuando los beneficios aumentan, puede ser razonable para los empresarios invertir para una mayor producción. Esta nueva inversión se dirigirá hacia métodos de producción intensivos en mano de obra (efecto Ricardo). El efecto de la primera inversión aumentará la demanda de bienes de capital, mientras que el efecto Ricardo lo disminuirá. Si la inversión aumenta, los beneficios aumentan más, y cuanto mayor sea el aumento en beneficios mayor será la caída en salarios. Habrá un momento en el que la caída en salarios supere los beneficios extra de la ampliación de capital, y por lo tanto disminuirá la inversión. Para Hayek es el exceso de consumo (precios más altos, y caídas de salarios reales) lo que hace que se desacelere la actividad y revierta. El exceso de demanda causa recesiones y no el exceso de oferta.

Friedrich Hayek pasó a ser irrelevante, hasta que fue rescatado por fundaciones conservadoras cargaditas de dinero a finales de los 70

De nuevo Kaldor le rectificó, al demostrar que el efecto Ricardo sólo era posible en circunstancias muy especiales y altamente improbables. Kaldor sostenía que el subconsumo y la sobreproducción como causantes de la crisis. Ni que decir tiene que Friedrich Hayek pasó a ser irrelevante, hasta que fue rescatado por fundaciones conservadoras cargaditas de dinero a finales de los 70.

Huida hacia adelante

Pero lo que en realidad querían las élites económicas y financieras occidentales, impulsando estas escuelas, era otra cosa, justificar e imponer un decrecimiento real de las condiciones de vida de los trabajadores para aumentar así el peso de las rentas del capital sobre el factor trabajo. Ello al final se tradujo en crecimientos raquíticos, e iniciaron una nueva huida hacia adelante. Se compensó el vaciamiento de la economía, bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y la tasa de retorno del capital. Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en una recesión de balances privados iniciándose la actual crisis sistémica.

La huida hacia adelante generó un volumen descomunal de deuda privada, que permitió, sobre todo, la financiación de un gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas a favor de grandes multinacionales y capitales. La ausencia de una mínima explicación coherente sobre la dinámica de la deuda privada por parte de la profesión económica ha generado un enorme daño social y económico. Y ahí seguimos, camino de una depresión.


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