Desde la heterodoxia

Hundimiento de la productividad: enésimo fracaso de la ortodoxia

El fracaso de la ortodoxia neoclásica está siendo estrepitoso, insuperable, hilarante. Produciría risa si no fuera porque la puesta en práctica de sus recetas tiene consecuencias perversas para la economía y la ciudadanía en su conjunto. El último episodio que tratan de explicar es algo que desde su perspectiva no entienden y lo bautizan como un nuevo puzle. ¿Por qué el crecimiento de la productividad se ha ralentizado tanto en las principales economías avanzadas como emergentes durante la última década? Esta es la pregunta que se plantea Gavyn Davies, otrora economista jefe de Goldman Sachs, en su último artículo en Financial Times, The internet and the productivity slump.

Permítanme en primer lugar introducir las ideas de Gavyn Davies y luego aportar nuestra explicación. Según Davies, “en cierta medida, este descenso ha sido una continuación de una tendencia de mucho más largo plazo en las economías avanzadas, pero que para algunos países se trata de un fenómeno nuevo. La desaceleración de la productividad del trabajo explica la mayor parte de la gran decepción respecto al crecimiento económico global desde justo antes de la Gran Crisis Financiera de 2008. En los Estados Unidos, por ejemplo, el crecimiento de la productividad desde el año 2005 ha sido un 1,8% anual más bajo que en la década anterior, un deterioro de proporciones trascendentales”.

Feldstein es un economista neoliberal clásico al que la actual crisis sistémica le ha invalidado todas sus teorías

Explicación de la ortodoxia: un nuevo puzle

A partir de aquí Davies trata de explicar el porqué, desde la óptica neoclásica. En primer lugar, introduce una explicación optimista, apuntada por quienes no se esperaban este fenómeno. Ya que no han acertado una, el problema según estos “cachondos” puede que sea porque hay errores de medición: es la hipótesis de medición errónea. Según dicha hipótesis, “la llegada de la tecnología de internet y el móvil ha dado lugar a aumentos de la producción que no están siendo identificados correctamente en las cuentas nacionales. Si ese es el caso, entonces tanto el PIB real y la productividad del trabajo podrían ser mayores de lo que se muestra en las estadísticas oficiales del PIB, y la desaceleración en el crecimiento de la productividad podrían no ser genuina, después de todo”. El principal defensor de esta hipótesis es el inefable economista Martin Feldstein, uno de los padres de la Teoría de Fondos Prestables, según la cual los déficits presupuestarios deberían dar lugar a mayores tipos de interés, que como saben ustedes, es falso. Feldstein es un economista neoliberal clásico al que la actual crisis sistémica le ha invalidado todas sus teorías, y que además cobraba del “establishment” por defenderlas.

Sin embargo, como detalla el propio Davies, diversos estudios recientes, no validan esta hipótesis. Los economistas David Byrne, John Fernald y Marshall Reinsdorf, en un artículo publicado hace solo unas semanas bajo el título Does the United States have a productivity slowdown or a measurement problem?, sostienen que la inflación en la economía digital no se ha subestimado tanto como lo fue en la década anterior a 2005. Como resultado de ello, creen que el reciente crecimiento de la productividad ha sido ligeramente mejor de lo que se estima oficialmente (en alrededor de 0,3 por ciento anual), pero en comparación con la década anterior, la desaceleración en la productividad es todavía mayor de lo que recogen los datos. En resumidas cuentas, la evidencia empírica sugiere que la hipótesis de una medición erróneano es la razón principal de la debacle de la productividad.

Nuestra explicación: una consecuencia más de la financiarización

En blogs previos analizamos la "bestia" que generó el Gran Fraude Académico: la “financiarización” de la economía en su conjunto. En uno de ellos examinamos específicamente los cambios que la financiarización ha producido en las empresas no financieras. Dicho proceso se ha traducido en una reafirmación del papel del accionista, de manera que bajo el objetivo último de maximizar la tasa de retorno del capital se incrementaron los flujos destinados a dividendos y a la recompra de acciones, disminuyendo de manera significativa la tasa de inversión en capital y desarrollo empresarial. Los costes sociales de tales estrategias han sido un aumento del desempleo y una presión a la baja de los salarios.

El incremento de la actividad financiera de las empresas no financieras ha tenido un impacto negativo en la inversión real de tales empresas

Detallamos, además, que existe una amplia literatura empírica creciente que demuestra que el incremento de la actividad financiera de las empresas no financieras ha tenido un impacto negativo en la inversión real de tales empresas. Y esta es la razón real del fuerte descenso en la productividad del trabajo y del capital, acompañado a su vez de un desplome en el crecimiento potencial de las principales economías del planeta.

Uno de los elementos clave de la hipótesis de inestabilidad financiera (HIF) de Hyman Minsky son los motores de los beneficios empresariales. Minsky incorpora en su HIF la visión de beneficios de Kalecki: un incremento en los gastos de inversión expande los beneficios sobre los rendimientos previos, activando un mayor apetito por el riesgo, y más inversión. Como eso no está pasando, también están cayendo los beneficios empresariales.

En definitiva, la puesta en práctica del pensamiento económico dominante ha generado unos costes sociales (pobreza, desigualdad), económicos (ausencia inversión productiva, descenso de la productividad del trabajo y del capital, menor PIB potencial) y políticos (Totalitarismo Invertido) inadmisibles. ¿Hasta cuando tenemos que aguantar tanta ignominia?


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