Desde la heterodoxia

Frente al pensamiento gregario, un Plan B para España

La semana pasada tuve el honor de presentar el libro, del economista y profesor australiano William Mitchell,Eurozone Dystopia Groupthink and Denial on a Grand Scale, traducido al español, en una excelente versión, por la editorial Lola Books bajo el título La Distopía del Euro: Pensamiento Gregario y Negación de la Realidad. Desde un punto de vista de la economía política, la conclusión evidente que se obtiene del libro es que todos aquellos que queremos cambiar el rumbo a la deriva del pensamiento gregario dominante tenemos quetener diseñado un plan B para nuestro país, España.

El consenso sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno

William Mitchell es uno de los padres de la Teoría Monetaria Moderna (TMM), que tantas veces hemos citado aquí. Según la TMM, el consenso sobre la austeridad no se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno e ignora deliberadamente muchas de las opciones reales que están a disposición de los gobiernos emisores de moneda “fiat”. El pensamiento gregario dominante tiene un carácter destructivo al imponer recetas cuyos supuestos macroeconómicos fundamentales no se basan en la realidad.

Tras la ruptura de Bretton Woods en 1971, la mayoría de gobiernos empezaron a emitir sus monedas mediante decretos legislativos bajo un tipo de cambio flotante. Un tipo de cambio flexible libera a la política monetaria de tener que defender una paridad fija. Por lo tanto, las políticas fiscal y monetaria pueden concentrarse en garantizar que el gasto doméstico sea el suficiente para mantener altos niveles de empleo. Los gobiernos que emiten sus propias monedas ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos.

La distopía del Euro

Buscando en el diccionario de la Real Academia Española, se define distopía como “la representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Bill Mitchelmantiene que las soluciones para hacer frente a la crisis social y económica en realidad han producido la Distopia de la zona euro.

Desde el inicio de la crisis de la eurozona había soluciones más eficientes y más justas. Estas eran ampliamente entendidas por los economistas y no eran especialmente difíciles de implementar -al menos técnicamente (otra cosa es la política)-. Había un camino alternativo, cancelación de deudas y mucha menos austeridad. Pero este camino no fue tomado. La deuda (sobre todo privada) fue utilizada como una excusa para apretar el orden económico neoliberal dentro de un marco federalista conservador. La alternativa habría ayudado a preservar el modelo social europeo y habría cambiado la agenda neoliberal. La pregunta es: ¿por qué fueron ignoradas?

Lo único que sí es cierto es que cuando los sectores privados acumulan ahorros negativos alrededor de una burbuja, la economía acaba muy mal

Si fuera por incompetencia, ya se habría producido un cambio de políticas. Basta ver cómo los problemas del sistema bancario no están resueltos, o cómo el crecimiento económico sigue siendo raquítico, sin hablar de los millones de desempleados y trabajadores que no son capaces de salir de la miseria. Pero quieren seguir imponiéndonos la austeridad. ¿Por qué? Por instinto de clase y de protección de la élite dominante.

William Mitchell demuestra por qué los defensores de las políticas de austeridad están equivocados. Para ello analiza y combate en su libro una serie de mitos fundacionales falsos. Se trata de ciertos clichés con los que políticos, medios de comunicación y la mayoría de los economistas, pretenden adormilarnos. Es falso que los gobiernos sean como los hogares. Es falso que la impresión de dinero para financiar los déficits presupuestarios sea inflacionaria. Es falso que los déficits presupuestarios y un elevado nivel de deuda pública conduzcan a elevados tipos de interés. La Teoría Monetaria Moderna los invalida uno a uno. Lo único que sí es cierto es que cuando los sectores privados acumulan ahorros negativos alrededor de una burbuja, la economía acaba muy mal.

Plan B para España

La Unión Monetaria Europea (UME) es un sistemadefectuoso desde sus orígenes. En el libro Mitchell detalla cómo se hizo caso omiso de los informes precedentes (Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba de la necesidad de una instancia fiscal federal y de los peligros de dejar todo en manos de una Banco Central, como una parte no constituyente del gobierno, y de establecer, en este contexto, unos tipos de cambio fijos entre los estados miembros.

Mitchell a partir de este análisis y de su crítica a los mitos asumidos, plantea tres alternativas para solucionar el caos actual. En primer lugar, el establecimiento de una verdadera federación política y económica, pero las grandes diferencias entre las naciones europeas lo hacen altamente improbable. En una segunda alternativa, el BCE podría utilizar su capacidad de emisión de moneda para financiar los déficits fiscales de los Estados miembros para que pudieran fomentar el crecimiento y el empleo en sus economías nacionales sin encontrarse con las restricciones que los mercados de bonos privados ejercen en sus gastos. Sin embargo, se opone con contundencia Alemania y la propia Comisión Europea.

Bajo este escenario, si nada cambia, sólo hay una alternativa, según Mitchell, la opción de la salida del euro

Bajo este escenario, si nada cambia, sólo hay una alternativa, según Mitchell, la opción de la salida del euro, y que puede ser o bien mediante un desmantelamiento ordenado de la moneda y una restauración de la soberanía monetaria individual para cada nación, con el restablecimiento de su propio banco central, o bien una salida unilateral de cada nación. La mejor opción para países como Italia, España, Grecia o Portugal es la salida unilateral de la unión monetaria mediante el restablecimiento de su propia soberanía económica y política.

Este análisis es especialmente certero si analizamos el crecimiento económico de España desde la segunda mitad de 2014, frágil y auto-programado por las élites. Se permitió al ejecutivo del PP una expansión fiscal que invalida la austeridad, y que ha permitido la recuperación del consumo público, y por ende de la economía. Y además el BCE riega generosamente a un sistema bancario español con problemas de fondo, lo que permite una recuperación del flujo del crédito. Bajo este panorama será muy difícil que una nueva fuerza políticapueda cambiar en el corto plazo la política económica. Si alguien la cuestionará, automáticamente el Banco Central cerraría el grifo, se paralizaría el crédito, aumentaría la aversión al riesgo y emergería con toda su fuerza la fragilidad de los balances bancarios. Y finalmente, como en Grecia, intentarían imponer al nuevo gobierno, esa austeridad que relajaron conscientemente en el período 2014-2015. Por eso es hora de pensar en un Plan B.


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