OPINIÓN

Exceso de confianza y fragilidad de España

Si ahora aumentan los tipos de interés a largo plazo, la deuda soberana de España estaría sometida a una carga financiera que nos haría inviable como país. Seguiríamos los pasos de la malograda Grecia.

Exceso de confianza y fragilidad de España.
Exceso de confianza y fragilidad de España. EFE

La situación actual de nuestra querida España se parece muchísimo a la de los años previos al colapso de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, esta vez, el proceso de endeudamiento de nuestra economía es alrededor de un colateral no tan nítido, claro y palpable como en su momento fue el precio de la vivienda. Nos referimos a la deuda soberana. El colapso de sus precios en ausencia de soberanía monetaria -como es el caso actual de nuestro país- generaría una crisis de incalculables consecuencias. Si caen los precios de los bonos soberanos, en un entorno de aumento de los tipos de interés e incremento de las primas de riesgo, la economía española recaerá. Al perder la soberanía monetaria, dentro del Euro, las probabilidades de este cisne negro son mayores de lo que prevé el consenso.

En el caso de que se activara el mecanismo endógeno de aversión al riego en los mercados financieros, caerían los precios de los bonos y se produciría una crisis de deuda soberana y bancaria “a la griega”

Nuestras élites -políticas, económicas, académicas…-, en plena orgía urbanística, miraron para otro lado. Ahora, en pleno proceso de ensimismamiento, dentro del euro, vuelven hacer lo mismo, desacreditar con eufemismos –agoreros, cenizos,…- a aquellos que osamos poner en duda el oráculo monclovita. Si se hiciera un sencillo análisis de riesgos, se podría percibir algo obvio. En el caso de que se activara el mecanismo endógeno de aversión al riesgo en los mercados financieros, caerían los precios de los bonos y se produciría una crisis de deuda soberana y bancaria “a la griega” y las consecuencias para nuestra ciudadanía serían todavía más dramáticas que La Gran Recesión. En realidad sería la segunda fase de la misma.

Neoliberalismo, igual a deuda

En la primera fase de la Gran Recesión el problema era la deuda privada y la fragilidad bancaria. Nuestra situación se asimilaba a la de Irlanda. Y de aquellos barros estos lodos. Si se hubiese hecho lo correcto para hacer frente a una recesión de balances –reestructuración del sector bancario a costa de bonistas sénior, quitas de deuda privada, control de capitales, expansión fiscal, subidas salariales…- se habría limpiado esa porquería generada en las últimas décadas, bajo el predominio del pensamiento único, llamada deuda. Pero no fue así. Como consecuencia, en el momento actual, se añade la deuda soberana alrededor de la cual se concentra la mayor parte de nuestra deuda externa. La fragilidad bancaria es todavía mayor. ¿Quién compra bancos españoles cuando el p/e del bono soberano a 10 años patrio es mayor de 100? ¿Quién compra bancos españoles cuando las ganancias de capital de sus carteras de deuda más los cupones representan casi el 100% de los beneficios antes de impuestos?

Desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 754.000 millones de euros. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 1 billón de euros

Desde 2008 la deuda privada se ha reducido en casi 754.000 millones de euros, en un proceso de desapalancamiento de familias, empresas y entidades financieras. Por el contrario, se ha producido un fuerte incremento de la deuda pública, en casi 1 billón de euros. Ello se debe básicamente a dos razones. Por un lado, la intensa recesión de balances acelerada por las políticas económicas implementadas desde mayo de 2010, y que activaron los estabilizadores automáticos. Por otro, a un incremento del stock de deuda pública correspondiente a fondos que se destinan no a sufragar gastos operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a terceros (rescate bancario).

Por qué es importante la soberanía monetaria

En el rescate del sistema bancario irlandés, el Fondo Monetario Internacional, bajo Strauss Kahn, propuso quitas. Pero hete ahí que el BCE y el hombre de Wall Street, Timothy Geithner, se opusieron. Defendieron a los acreedores bancarios, y como explicaba Morgan Kelly, un académico irlandés que participó en las discusiones sobre el rescate irlandés de finales de 2010, lo que realmente subyacía en el mensaje de Irlanda era lanzar un aviso a España de no tocar a los acreedores bancarios. En aquel año nuestra deuda externa era básicamente bancaria. Teníamos que haber aplicado un mecanismo de resolución donde la juerga bancaria no la pagaran los contribuyentes (bail-out) sino la gerencia y los acreedores (bail-in).

Los alemanes, los mismos que especularon en torno a la vivienda y suelo patrio, no quisieron asumir un euro de las malas inversiones de sus bancos. Como consecuencia se socializaron pérdidas privadas, aumentando exponencialmente la deuda pública patria. Si ahora aumentan los tipos de interés a largo plazo, la deuda soberana de España estaría sometida a una carga financiera que nos haría inviable como país. Seguiríamos los pasos de la malograda Grecia.

Estamos bajo la espada de Damocles de los caprichos del banquero central de turno o de esos que constantemente sugieren que somos unos vagos y parásitos

Para que ello ocurra bastaría con que el Banco Central Europeo dejara de comprar en secundario deuda soberana española, especialmente si las primas de riesgo aumentan. El efecto sería explosivo. Y eso puede ocurrir, tal como le pasó a Grecia. Estamos bajo la espada de Damocles de los caprichos del banquero central de turno o de esos que constantemente sugieren que somos unos vagos y parásitos. Y miren que ya ha quedado demostrado que al final, con el Euro, en realidad les hemos subsidiado –véanse los indecentes superávits por cuenta corriente de Alemania-.

Por todo ello, hoy en día, el concepto de soberanía monetaria es tan importante. Por el futuro de nuestros hijos, debería abrirse al menos un debate y no asumir como dadas ciertas premisas. Pero de ello no se habla, se oculta a la ciudadanía dónde estamos y las alternativas existentes. Y los excesos de confianza suelen acabar muy mal. Nunca olviden la hipótesis de inestabilidad financiera Hyman Minsky, y como la estabilidad aparente genera inestabilidad.


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