OPINIÓN

Discrepo, el dólar se depreciará

El argumento a favor de un dólar más débil se basa en ver cuál es la mejor manera de mejorar la situación comercial con los países que generan enormes superávits comerciales contra Estados Unidos.

Dólar.
Dólar. Tbit

Las cosas no son lo que aparentan. Cuando una apuesta es tan unánime en los mercados financieros como la actual, donde la práctica totalidad de las casas de inversión prevén la apreciación del dólar y la depreciación del euro, desconfíen. Las unanimidades no suelen generar al final los resultados previstos. U ocultan algo, o esconden puntos de vista olvidados. Quizás, al contrario, suelen acabar produciendo importantísimas pérdidas.

Ni China quiere un yuan depreciado, ni los Estados Unidos se pueden permitir el lujo de un dólar fuerte

Ni China quiere un yuan depreciado -durante el año pasado el banco central chino intervino masivamente paras evitar una caída de su divisa-, ni los Estados Unidos se pueden permitir el lujo de un dólar fuerte. En el caso europeo, depende del país del que hablemos. El euro desde la perspectiva del país ancla, Alemania, está infravalorado –a eso ha jugado siempre el país teutón- pero para países como España, Italia o Francia está sobrevalorado. De ahí la imposición germana, en base a la ortodoxia neoclásica, de que mejoremos nuestra competitividad vía austeridad y bajadas salariales, es decir, generando más miseria.

Cuando ciertos economistas patrios alaban el virtuosismo de Alemania, simplemente demuestran una miopía sublime. Se olvidan de que en una Unión Monetaria, frente al absurdo de establecer criterios ad hoc como el déficit público o la deuda pública, es mucho más pernicioso soportar que uno de sus países integrantes registre sistemáticamente superávits por cuenta corriente superiores al 5%. Fuera de la Unión Monetaria, la moneda de dicho país sufriría tal apreciación –en el caso alemán rondaría el 30%- que su sector exterior enseguida vería como se evaporaba su superávit, y su sector industrial ralentizaría su crecimiento económico. Lo contrario les sucedería a países como España o Italia.

Estados Unidos necesita un dólar débil

La nueva administración estadounidense debe de elegir entre la vuelta a los aranceles -impuestos a la importación- o una depreciación de su divisa. Y cuando los argumentos se ponen encima de la mesa, no hay duda, Estados Unidos finalmente optará por un dólar débil. Una combinación de una intensa política de inversión en infraestructuras públicas, absolutamente obsoletas, unido a una subida del salario mínimo y una depreciación del dólar podría dar un importante impulso a la lánguida economía yankee.

Imponer un impuesto de importación a esos países conllevaría claramente represalias a las exportaciones estadounidenses

El argumento a favor de un dólar más débil se basa en ver cuál es la mejor manera de mejorar la situación comercial con los países que generan enormes superávits comerciales contra Estados Unidos. Imponer un impuesto de importación a esos países conllevaría claramente represalias a las exportaciones estadounidenses. La pregunta clave, por lo tanto, es si la administración Trump quiere un dólar más débil para impulsar las exportaciones estadounidenses. Dado el hecho de que, sobre la base de la paridad de compra, el dólar está muy sobrevalorado frente al euro, el yen o la libra esterlina, la mejor estrategia sería permitir que el dólar se depreciara.

Existe, sin embargo, un factor de política monetaria que podría trastocar lo que debería ser un objetivo claro de la política económica de Trump, un dólar débil. Los mercados financieros descuentan, al menos, tres subidas en los tipos de interés oficiales estadounidenses por parte de la Reserva Federal. Si al final fuera así, es obvio que el dólar no se depreciaría, incluso se podría acercar a la paridad. Sin embargo, el regulador estadounidense podría sorprender exactamente por todo lo contrario, de manera que al final solo se produjera una única subida de tipos de interés. La tasa de paro va repuntando poco a poco, y la actividad económica se está desacelerando. En este escenario, subidas de tipos de interés alimentarían aún más a las voces que pone en duda la necesidad de independencia del Banco Central estadounidense.

Quizás acabe sucediendo exactamente lo contrario a lo asumido por el amplio consenso de mercado

Finalmente hay dos factores adicionales que no deben pasar desapercibidos. Por un lado, la administración Trump está generando demasiado ruido, demasiada incertidumbre, sin saber de manera fehaciente cual es su diagnóstico de la situación, y cuáles son sus objetivos e instrumentos de política económica. Por otro lado, la combinación de salarios al alza e inversión pública debería reactivar un crecimiento de la inflación tan necesario para una economía tan endeudada como la norteamericana. En un escenario de incertidumbre y/o repunte saludable de la inflación, el dólar históricamente se deprecia.

No se fíen, en definitiva, de las unanimidades. Y piensen que quizás acabe sucediendo exactamente lo contrario a lo asumido por el amplio consenso de mercado. Mi apuesta es ésa, que al final el dólar se acabará depreciando con fuerza en los próximos dos años respecto a las principales monedas del planeta. Veremos.


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