"Riazor no lo olvidará". Así empezaba la crónica de El Mundo sobre aquel partido celebrado la noche del 7 de abril de 2004. El artículo también podría haber empezado así: "Nadie en Europa lo olvidará". Porque fue una remontada épica que asombró a lo largo y ancho del continente. La noche de Champions más dichosa de un equipo, el Deportivo de la Coruña, más conocido y querido como Dépor, que fue capaz de tumbar el entonces vigente campeón de Europa, el Milan, con un 4-0 que permanece en las memorias de todos los aficionados al fútbol.

El Súper Dépor ya era el Euro Dépor. Porque el equipo coruñés llevaba varios años protagonizando grandes partidos en la máxima competición europea. Sin ir más lejos, en esa misma temporada eliminó en octavos a la Juve, finalista del año anterior. En cuartos, tocaba el más difícil todavía: enfrentarse al Milan que se había llevado la Orejona el año anterior.

En el partido de ida celebrado en San Siro los rossoneri de Carlo Ancelotti no habían tenido piedad del equipo entrenado por Javier Irureta. Un contundente 4-1 que parecía simple y llanamente imposible de superar. La vuelta sería un trámite para un conjunto acostumbrado a ganar y plagado de estrellas. Los Kaká, Maldini, Cafú, Pirlo, Seedorf, Shevchenko y compañía se las prometían muy felices. Algunos de ellos ya jugaban en el Milan que solo dos años antes, en 2002, venció en el mismo escenario por 0-4 a unos deportivistas impotentes.

Los precedentes eran negativos. Pero en aquella noche de abril de 2004 Riazor fue una olla a presión que llevó en volandas a unos jugadores que no querían dejar pasar la mejor oportunidad de sus vidas para hacer algo grande en la Champions. La fusión entre esa motivación del equipo y el apoyo de su público provocó que los futbolistas del equipo gallego jugasen a una velocidad impresionante. Presionaban y corrían como si cada balón fuera el último. Iban como aviones.

Sólo unas semanas antes los terroristas yihadistas habían perpetrado los atentados del 11-M y, como es lógico, la conmoción anegaba todo el debate público. Aquella noche el Dépor arrancó una sonrisa a muchos que sólo queríamos llorar

En la primera parte el Dépor arrolló. Ninguna otra palabra puede definirlo. Pandiani abrió el marcador en el minuto 4. Esperanza. Con 1-0 Kaká pudo empatar, pero Molina lo impidió al salvar un mano a mano que sin duda cambió el rumbo de la eliminatoria. Tras varias ocasiones claras marradas, Valerón y Luque marcaron en los minutos 35 y 44. Lo impensable ya estaba hecho. En la segunda mitad un Milan noqueado, como fuera de sitio, poco pudo hacer ante un Dépor que aumentó su ventaja gracias al gol de Fran.

Por su historia de equipo pequeño que se convierte en grande, aquel Dépor siempre fue especial y, de hecho, contaba con el cariño de muchos aficionados de otros clubes. Una vez más en aquel partido casi todos los españoles apoyaban al cuadro gallego. No puede olvidarse que eran días convulsos y grises en España. Porque sólo unas semanas antes los terroristas yihadistas habían perpetrado los atentados del 11-M y, como es lógico, la conmoción anegaba todo el debate público. Aquella noche el Dépor arrancó una sonrisa a muchos que sólo queríamos llorar en aquellas jornadas luctuosas. Un bálsamo para un país entristecido.

Después de eliminar a los dos finalistas de la temporada anterior, el milagro estaba al alcance de la mano. Pero el sueño europeo se acabaría en la siguiente eliminatoria. En unas semifinales mucho menos vibrantes, el Oporto de Mourinho marcó de penalti el único gol en 180 minutos y apeó así al Dépor de la soñada final. Casi a las puertas de la gloria. Un drama que, sin embargo, no oscurece aquella noche en la que los gallegos asombraron a Europa e hicieron sonreír a España.