Peter Lim aterrizó en el Valencia CF en 2014 en loor de multitudes. Venía como salvador de un histórico en serios apuros. Prometía sanear las maltrechas cuentas del club, terminar el estadio Nuevo Mestalla e invertir tanto como fuera necesario hasta ganar la Champions. Seis años después, la realidad es que en lo económico el club valenciano está al borde de la ruina, con 400 millones de euros de deuda (100 acumulados en este sexenio negro), y en lo deportivo pasa por uno de sus peores momentos en mucho tiempo. La destitución de Javi Gracia este lunes es quizás el mejor exponente del esperpento que padecen los valencianistas.

En el fútbol moderno, ese propicio para las Superligas y otras megalomanías, está de moda que los millonarios se compren un club con la misma facilidad que usted o yo nos compramos un pantalón en alguna de las miles de marcas de Amancio Ortega. Este hombre de Singapur, país ubicado no muy lejos de donde se fabrican a precios irrisorios casi todas esas prendas textiles, invirtió 94 millones para hacerse con un Valencia que había caído en el desastre por la penosa gestión de diversas directivas.

Por supuesto, tanto el actual presidente, Anil Murthy, como los anteriores obedecen las órdenes del propietario que, como se publicó en su momento, manda tanto que hasta destituye a entrenadores por SMS

El singapurense Lim es un hacha para los negocios. No tenemos ni idea si sabe algo de fútbol o esta apuesta balompédica es solo un divertimento pasajero, pero ha demostrado que no tiene un pelo de tonto. Porque su empresa Meriton es la máxima accionista del Valencia y, al mismo tiempo, financia al club a cambio de garantías como los derechos de unos cuantos jugadores. Por supuesto, tanto el actual presidente, Anil Murthy, como los anteriores obedecen las órdenes del propietario que, como se publicó en su momento, manda tanto que hasta destituye a entrenadores por SMS.

La realidad es que el Valencia es ahora mismo el cortijo de este señor, que para eso puso la pasta cuando nadie quería ponerla. No por casualidad su hija Kim, que disfruta paseando por el césped de Mestalla, decía hace algún tiempo que "el club es nuestro y podemos hacer lo que queramos con él y nadie puede decirnos nada". Se generó la consiguiente polémica porque a los seguidores del equipo ché no les gustó lo que dijo, pero en puridad tampoco puede decirse que Kim mintiera. De los ocho miembros del consejo de administración, cinco residen en el país asiático del que es oriundo el dueño.

Quizás el mejor ejemplo de este desguace paulatino del club sea el caso del estadio Nueva Mestalla, cuya imagen ruinosa simboliza para muchos mejor que cualquier otra cosa la corrupción y la fiebre del ladrillo que arrasaron el levante español antes de la crisis de 2008

Las mil y una tropelías en la gestión económica del Valencia han provocado que hayan surgido diversos grupos opositores a Lim que presionan como pueden para forzar su salida. La enorme mayoría de los seguidores quiere que se marche de una maldita vez. Vino para arreglar un desaguisado que sólo ha conseguido empeorar, pero conviene no perder de vista que fueron otros quienes empezaron a desguazar el club. Este destrozo lo empezaron directivos cuyos nombres, que suenan muy de aquí, provocan urticaria entre la afición valencianista.

Desde el punto de vista de la gestión, quizás el mejor ejemplo de este desguace paulatino sea el caso del estadio Nueva Mestalla, cuya imagen ruinosa simboliza para muchos mejor que cualquier otra cosa la corrupción y la fiebre del ladrillo que arrasaron el levante español antes de la crisis de 2008. Precisamente un año antes, en 2007, se iniciaban las obras del campo que todavía no han concluido ni tienen viso de concluir a corto plazo. La llegada de Lim reabrió la esperanza sobre el final de los trabajos, pero en seis años el viejo Mestalla sigue sin venderse y el Nuevo Mestalla sin terminarse.

Ya es una costumbre que cada dos por tres Voro, ex jugador que ama al club, coja las riendas para remediar el desastre del momento

Los resultados deportivos de la época Lim también son desastrosos. El título de Copa del Rey de hace un par de años fue sólo un oasis de felicidad en este desierto inacabable. El club ni siquiera se clasifica para las competiciones europeas. Los entrenadores entran y salen a capricho. Los aficionados, atónitos, no ganan para disgustos. Ya es una costumbre que cada dos por tres Voro, ex jugador que ama al club, coja las riendas para remediar el desastre del momento. Es lo que pasó otra vez este lunes.

El panorama tiene difícil arreglo. De vez en cuando se escuchan rumores, tal vez lanzados interesadamente, sobre el posible intento de un grupo de empresarios valencianos por hacerse con el club para devolverlo a la normalidad. También se ha hablado de otros magnates interesados en comprarlo. Pero por el momento son sólo eso, rumores. Además, Meriton dice que el Valencia no está en venta.

Tristemente, el desguace continúa.