El Atlético de Madrid sigue siendo el gran favorito para ganar la Liga. Porque va líder con cuatro puntos más que el Barça y seis más que el Madrid. Porque ambos perseguidores tienen que enfrentarse en Valdebebas dentro de un par de jornadas. Y porque, una vez eliminado de la Champions League ante el Chelsea, sólo tiene una competición que disputar, al contrario que los blancos, vivos en la competición europea, y los azulgranas, que jugarán en breve la final de Copa del Rey.

Aquí hablábamos de esa candidatura de los rojiblancos ya en diciembre. Cuatro meses después, ahí sigue como principal favorito, repito, pero cada día que pasa y cuantas menos jornadas quedan su hipotético triunfo se ve paradójicamente más difícil. No lo digo porque el Atleti haya desperdiciado buena parte de su ventaja. Tampoco es que exista una conspiración mediática ni nada por el estilo. Es que al equipo de Simeone le paga algo grave. Los jugadores no parecen los mismos que tanto brillaron en la primera vuelta del campeonato. Su juego es cada vez más lento y previsible, como sin chispa.

He visto con atención los últimos cuatro partidos ligueros del Atleti (Madrid, Getafe, Athletic y Alavés) amén de los dos encuentros de la eliminatoria de Champions frente al Chelsea. Seis duelos. Quinientos cuarenta minutos (sin contar los descuentos) de fútbol. El mejor jugador en todo este tiempo ha sido, sin género de dudas, Jan Oblak. Cuando el portero es el que más brilla, algo no marcha como debería, incluso en los conjuntos que se precian de ser más defensivos, como es el caso de los de Simeone.

Viene todo esto a cuento de que la decisiva parada del penalti frente al Alavés en esta última jornada es para muchos analistas la clave de por qué el Atleti puede ser campeón. Curioso análisis cuando lo que demuestra es, al menos para quien esto escribe, justo lo contrario. Oblak es un grandísimo portero, uno de los mejores del mundo, pero él solo no puede ganar esta Liga. Si los otros diez compañeros que salten al campo siguen al nivel de las últimas jornadas, los atléticos ya pueden irse despidiendo de su sueño.

El mantra del "partido a partido" que repiten cansinamente Simeone, todos sus jugadores y muchos de sus aficionados es un eslogan que queda perfecto para simular motivación y ceder la presión a otros, pero no sirve de nada a estas alturas de la película

El mantra del "partido a partido" que repiten cansinamente Simeone, todos sus jugadores y muchos de sus aficionados es un eslogan que queda perfecto para simular motivación y ceder la presión a otros, pero no sirve de nada a estas alturas de la película. Porque todos ellos, digan lo que digan, se veían acariciando el título sólo unas semanas atrás. Y ahora, aunque sigan líderes y, repito, sigan siendo los principales favoritos, la visión que era idílica se ha vuelto mucho más borrosa. Quizás eso pese demasiado en su ánimo. O quizás sea cansancio. O quizás les atenaza el miedo a ganar. O quizás sea solo un bache. Ya saben que en esto del fútbol lo mejor es cómo cambian las cosas de forma inopinada.

Además de Oblak, al Atleti aún le quedan los goles de un Luis Suárez que parece renacido para la causa y las jugadas de un Lemar que sí aguanta el nivel del principio de la temporada. Tampoco eso parece suficiente para aguantar en lo más alto de la clasificación durante las diez jornadas que quedan si el empuje y el juego del conjunto madrileño continúan siendo los mismos que ha exhibido en los últimos encuentros.

Hablando del calendario, dice un amigo colchonero que si su equipo gana los dos próximos partidos frente a Betis y Sevilla, ambos en la capital hispalense, tiene muchas opciones de ser campeón. Sintiéndolo mucho por él, creo que incluso si vence ambos encuentros, tiene pinta de que el Atleti acabará con la miel en los labios. Lo decía este domingo con toda la razón el propio Kiko Narváez, que no es sospechoso de madridista. Y lo dirá cualquiera que vea el fútbol sin forofismo en la mirada.