Es una delantera que los fanáticos del fútbol recitan con facilidad: Pelé, Jairzinho, Tostao, Gerson y Rivelino. El Brasil del Mundial de 1970 en México. Una oda al fútbol ofensivo. Una manera de jugar preciosista, al toque y sin soltar la pelota -cuarenta años antes del tiki-taka patrio, no se olvide- que deslumbró al mundo. Cuenta la historia oficial que aquel equipo triunfó porque su entrenador, Mario Lobo Zagallo, se atrevió a jugar con los cinco delanteros citados. La realidad, como siempre, es más prosaica que la leyenda.

Para empezar, esa apuesta por jugar con los cinco magníficos no fue sencilla. El técnico que supuestamente iba a dirigir a Brasil en el Mundial era Joao Saldanha. Pero estaba convencido de que había llegado el momento de apartar del equipo a Pelé, que había ganado las copas del mundo de 1958 y 1962. Dejó a O Rei como suplente en un partido preparatorio. El enfado de la afición derivó en protestas en las calles que sirvieron para apartar al técnico. Quizás, en realidad, aquello fue la excusa, porque lo cierto es que Saldanha, miembro del Partido Comunista, era una figura incómoda para la dictadura militar de Emilio Garrastazu Médici. En todo caso, a solo tres meses del campeonato el técnico fue sustituido por un Zagallo que había participado como jugador en los dos mundiales ganados.

Al llegar al equipo, Zagallo tenía el mismo problema. Demasiada calidad arriba. Demasiados delanteros. Y decidió apostar por juntarlos a todos, pero con su propio permiso. Porque, como cuenta Alfredo Relaño en uno de sus libros, el entrenador les pidió a los propios jugadores que resolvieran el entuerto. En una reunión celebrada en un hotel de concentración, Pelé y compañía se repartieron los puestos. En el centro del campo junto a Clodoaldo, más defensivo, jugarían como interiores Gerson y Rivelino, con este último haciendo las veces de extremo en muchos momentos. La delantera sería para los otros tres: Tostao, Jairzinho y O Rei.

En el Mundial del país azteca los tres de arriba intercambiaban sus posiciones continuamente para despistar a los rivales. Podían hacerlo porque en sus respectivos equipos cada uno jugaba en puestos diferentes a los que ocupaban en la selección. Así lo contaba uno de los protagonistas, Tostao, en una entrevista a El País. En ella también desvelaba que, pese a lo que siempre se recuerda de aquel equipo ofensivo, uno de los secretos de su éxito era el trabajo defensivo.

"El de 1970 fue un equipo compacto: cuando perdía la pelota todos marcábamos del mediocampo hacia atrás cerrando los espacios al adversario. Había acciones improvisadas, pero el funcionamiento era colectivo. Cuando los rivales entraban a nuestra mitad de campo nosotros combatíamos mucho. Esto no era común entonces. (...) Jugábamos con contraataques, tocando rápido".

"Zagallo entrenaba todos los días el posicionamiento colectivo del equipo cada vez que se perdía la pelota, especialmente con Clodoaldo, Gerson y Rivelino, para que protegieran a los centrales. Si perdíamos la pelota los tres volantes tenían que retroceder inmediatamente por el medio. Y después teníamos que bajar los atacantes a ayudar"

Otro de los secretos, acaso al principal, de aquel equipo fue su perfecta preparación física. La selección canarinha entrenó durante semanas en Guanajuato, a 2.200 metros de altitud, para prepararse para sus partidos en Ciudad de México. Esto provocó que los jugadores brasileños combatieran mejor que el resto la explosiva mezcla entre la altitud y el calor asfixiante del país azteca. Esto se cuenta en el documental El Brasil del 70 (Movistar +), que también recoge cómo el cuerpo técnico fotografiaba a los rivales para después estudiar, usando diapositivas, su posicionamiento táctico.

Todo el mundo recuerda o habla de la calidad de aquel equipo. La final contra Italia (4-1) quizás fue su mejor partido. Los goles del encuentro -ese salto de Pelé en el primero, ese disparo de Gerson del segundo, esa dejada de O Rei y remate de Jairzinho en el tercero y esa fabulosa jugada culminada por Carlos Alberto del cuarto- están en todos los museos futbolísticos. Si quieren verlos, al final tienen un resumen del partido.

Todos esos que hablan de aquel equipo citan sus características ofensivas. La prensa inglesa dijo que "debería estar prohibido un fútbol tan bello". Galeano escribió que "jugó un fútbol digno de las ganas de fiesta y la voluntad de belleza de su gente". Fue así, pero no solo así. Pelé y compañía levantaron la copa del mundo de 1970 por sus envidiables cualidades técnicas, claro, pero no solo por ellas. Porque en el fútbol, siempre, no todo es como parece.