"De ese tema prefiero morderme la lengua y no hablar". Así respondió Alfredo Santaelena a David Sánchez, periodista de Radio Marca, cuando este le preguntó si, como jugador histórico del Atlético de Madrid, tenía entrada para la final de la Liga de Campeones del 24 de mayo.

"Creo que han reservado 25 entradas para los veteranos", añadió el autor del gol que le dio la Copa al Atlético en 1991 ante el Mallorca. Pero ni él, ni Gárate ni, por lo visto, ningún exfutbolista rojiblanco ha recibido invitación directa alguna del club.

Normal -dentro de la imperdonable racanería- que desde las oficinas no llamen a los jugadores históricos. Son muchos más de 25, así que son ellos los que deben pedir la entrada y tener la suerte de que no estén agotadas.

El reparto de la escasas localidades que les ha dado la UEFA a los dos finalistas ha acabado destapando el nulo mimo que tienen los actuales dueños del Atlético con los aficionados y con la gloriosa memoria de la entidad.

Y, además, cuando se le compara con el comportamiento del vecino y eterno rival, la estampa es aún más fea. Penosa.

Porque el Real Madrid no sólo ha reservado diez veces más entradas, 250, para sus veteranos, sino que ha sido transparente en las cuentas desde el primer día. Y desveló el reparto al detalle:

El Atlético se limitó a asignar 13.050 localidades para los aficionados sin especificar que hará con las otras 4.000 que le ha dado la UEFA.

De ahí el enfado de muchos aficionados, de Alfredo y a buen seguro que de algunos exjugadores más.