En estos días primaverales de mayo los futboleros recordamos unas cuantas finales europeas como algunas de las que ya hemos recogido en esta sección intolerable que nos recuerda que somos viejunos. Pocas finales pueden recordarse tanto como aquel Alavés-Liverpool del que acaban de cumplirse veinte años. Un partido loco que tuvo todo lo imaginable y que se resolvió por un gol de oro en la prórroga.

En su primera participación en la Copa de la UEFA los alaveses consiguieron la machada de llegar hasta la final. En el camino los Contra, Téllez, Javi Moreno o Jordi Cruyff entrenados por Mané dejaron en la cuneta, entre otros, a un histórico como el Inter de Milán y a otro equipo español en horas altas como el Rayo Vallecano. Para el último partido, un hueso inglés de glorioso pasado como el Liverpool, que eliminó en semis al Barça para meterse en una final dieciséis años después de la tragedia de Heysel, que otro día repasaremos aquí.

La final se disputó el 16 de mayo de 2001 en el Westfalenstadion de Dortmund. Allí estaba ese Alavés formado por unos jugadores que jamás llegarían tan alto como aquella noche. En frente, un temible equipo que combinaba talentos con veteranía y con extrema juventud. El Liverpool de Gerrard, McAllister, Owen o Fowler. Dos equipos verticales que prometían espectáculo. Y vaya si lo ofrecieron.

En el minuto 15 los ingleses ya ganaban por 2-0 con tantos de Babbel y Gerrard. Mané movió ficha cambiando el sistema de juego, para lo que introdujo en el campo a Iván Alonso, que acortó distancias al poco de entrar. Antes del descanso, un penalti claro provocó el 3-1 convertido por McAllister. El Alavés pecó de nerviosismo y cometió errores impropios de un partido así. Parecía que las remembranzas de otras noches históricas pesaría más que la pujanza de un equipo humilde al que no conocían en media Europa. Pero había final por delante.

Javi Moreno, uno de los estandartes del equipo, recordaba en recientes declaraciones a Marca lo que ocurrió en el vestuario: "Cuando acabó Mané, Desio y Karmona se levantaron y dijeron: 'Chavales, vamos a ser la misma banda de siempre y a 'correrlos' a patadas. Éramos una familia. La mayoría nos íbamos a tomar un pintxo después de entrenar, salíamos a cenar… Todos nos llevábamos bien y confiábamos en el otro. Cambiamos el chip, salimos sin miedo ni pudor y empatamos".

Después del descanso precisamente él conseguía dos goles en apenas tres minutos. 3-3. Ver para creer. Ambos equipos bajaron la intensidad pero era sólo un espejismo. A unos quince minutos del final Fowler, en una gran jugada personal, adelantó otra vez a los ingleses. Pero en el minuto 90 Jordi Cruyff empató de cabeza gracias a un córner. Otro empate. A la prórroga.

Funcionaba el sistema del "gol de oro", de manera que si un equipo marcaba, el partido terminaba en ese momento con su victoria. El miedo parecía apuntar a los penaltis, pero el tiempo extra fue tan divertido, tan emocionante y tan loco como el resto del partido. En el minuto 99 el brasileño Magno era expulsado. El Alavés aguantaba agazapado atrás las acometidas del rival. Cuando faltaban cuatro minutos, sólo cuatro minutos para acabar, el central Karmona, capitán de los vascos, hizo una falta que le costó su segunda amarilla. Con nueve, tocaba la heroica. Pero en el lanzamiento de esa misma falta estaba el destino envenenado para el Glorioso. Al intentar despejar, Geli peinaba el balón y lo introducía en su propia portería. Victoria para el Liverpool y crueldad extrema para el Alavés en una de las finales más bonitas de la historia del fútbol europeo.