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Alberto Lardiés

FÚTBOL NO ES FÚTBOL

Ni Juegos ni 'Champions' pero siempre nos quedará Nadal

El mejor deportista español de la historia volvió a hacernos vibrar frente al televisor en este aciago 2020

Ni Juegos ni 'Champions' pero siempre nos quedará Nadal
Ni Juegos ni 'Champions' pero siempre nos quedará Nadal

En este 2020 distópico la maldita pandemia impidió la principal fiesta del deporte, que son los Juegos Olímpicos, y hasta convirtió el fútbol en un negocio tambaleante. Los futboleros asistimos a una muestra más de la decadencia de nuestros equipos en Europa con esa Champions para el Bayern. Pero no todo son malas noticias para los amantes del deporte. Porque el mejor deportista español de la historia volvió a hacernos vibrar frente al televisor. 

Cada cuatro años el mundo, deportivo o no, se paraliza por la celebración de los Juegos Olímpicos. Este año tocaban los de Tokio que, por cierto y como se recordará, fue la ciudad que tumbó las aspiraciones de Madrid para acoger este inigualable evento. Pero en este 2020 que por fin se acaba lo que se paralizó fue el mundo en sí mismo y, como consecuencia, los Juegos de la ciudad japonesa se pospusieron para 2021. 

Ha sido un año incompleto. Demasiadas ilusiones perdidas. Lo mismo que con los Juegos ocurrió con la que iba a ser la primera Eurocopa organizada al alimón en diversas sedes de unos cuantos países. Nos quedamos sin competición en sí misma y, de paso, sin el morbo de volver a ver a la Selección jugando en Bilbao, donde los nacionalistas, siempre tan progresistas ellos, preparaban su particular recibimiento a los jugadores de su propio país

En el balompié patrio el Real Madrid se llevó con justicia una Liga enrarecida por el parón durante el confinamiento. Y el Barça siguió adelante en su proceso de descomposición

En el balompié patrio el Real Madrid se llevó con justicia una Liga enrarecida por el parón durante el confinamiento. El Barça siguió adelante en su proceso de descomposición en el campo y en los despachos. Donde mejor se evidenció esa caída que parece imparable fue en aquellos cuartos de la Champions donde el Bayern humilló a Messi y compañía con ese 8-2 todavía indigesto para los culés. Además, se suspendió la final de Copa entre Athletic y Real Sociedad.

Año anómalo

Hablamos de un año anómalo, eminentemente extraño, diríase que pausado desde el punto de vista deportivo. Pero en el último trimestre volvió el mejor deportista español de todos los tiempos para devolvernos la sensación de realidad perdida. Rafael Nadal volvió a ganar en Roland Garros. Y ya van trece veces. No hay palabras para definir las gestas de este hombre. En esta ocasión ni el frío ni el cambio de bolas ni el número uno del mundo, Novak Djokovic, pudieron con su magia en París. 

En 2020 también desaparecieron algunos rostros que parecían eternos protagonistas de nuestras vidas. La tragedia de Kobe Bryant tiñó de negro el baloncesto. En España perdimos la voz inconfundible de Michael Robinson. Y a todos, incluso a los que pudieran odiarle, se nos murió Diego Armando Maradona, tan excesivo en el juego como en sus desmanes personales. 

Demasiadas cosas que se quedaron por el camino. Demasiadas ausencias que permanecen. Y también demasiado racismo y demasiada mala educación en los campos de fútbol. Porque las vetustas lacras de nuestro deporte rey todavía nos persiguen con ahínco. Tampoco en el deporte fue el mejor año de nuestras vidas, en suma. Pero hasta en las derrotas más dolorosas hay un recoveco para la esperanza. Siempre nos quedará Rafael Nadal.

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