Ahora que el patio político está tan movido -y todo por una moción de censura en Murcia, qué maravilla- y casi cualquier cosa se antoja posible, resulta una obligación moral proponerle a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno al que el destino le sonríe, que fiche como vicepresidente a Eden Hazard, futbolista del Real Madrid que costó más de cien millones de euros y que en sus dos temporadas de blanco acumula más lesiones que goles marcados.

Hazard sería un buen vicepresidente. Es obvio que lo haría mejor de lo que lo está haciendo vestido de blanco. Además, hiciera lo que hiciera, aunque sólo estuviera lesionado tanto como lo está en su accidentada etapa madridista, sus méritos serían valorados de forma más positiva que los de su antecesor, un Pablo Iglesias al que muchos culpaban ya hasta de la sequía en la sabana africana y ahora, en curiosa contradicción, también le vituperan por irse del Gobierno. Si, como parece, lo de Sánchez está imposible, quizás la vicepresidencia sea más fácil en la Comunidad de Madrid, ya que seguramente a Isabel Díaz Ayuso le valga cualquiera antes que Ignacio Aguado.

Bromas aparte, estoy seguro de que, al igual que los sanitarios tienen ganas de que acabe ya la pandemia y los políticos tienen ganas de elecciones, todos los aficionados al fútbol, y no sólo los madridistas, estamos deseosos de ver al mejor Hazard en España. No cabe duda sobre que el belga es un fantástico futbolista que brilló sobremanera en el Chelsea y en la selección de su país. Pero lleva dos temporadas oscuras que nadie logra entender.

Hazard es el fichaje más caro en la historia del Real Madrid. Más de cien millones de euros pagó el club que preside Florentino Pérez en el verano de 2019. Por encima de todo, el belga llegaba para hacer olvidar a Cristiano Ronaldo pero, por ahora, los madridistas apenas se han enterado de que viste de blanco. Diez lesiones acumula ya. Casi un año entero en el dique seco. Concretamente ha estado en la enfermería 320 días en los que se ha perdido 55 partidos. Ha disputado el 27% de los minutos posibles desde que está en el conjunto madridista.

Números que contrastan con su etapa de siete años en el Chelsea, donde apenas se perdió 20 partidos en total. Afirmaba el propio Zidane este lunes que "algo está pasando con él ya que nunca se ha lesionado y esto es nuevo". En efecto, "algo" está ocurriendo para que un deportista con semejante fiabilidad previa haya entrado en barrena física de esta manera. Lo único seguro es que la preparación de este jugador no es la adecuada. Porque se antoja inconcebible que un futbolista de un club con los mejores servicios médicos vuelva a tener una lesión muscular tras jugar apenas 15 minutos a medio gas.

Incluso los políticos adictos a las mociones de censura, el transfuguismo y las triquiñuelas entienden que carece de sentido gastarse 100 millones en un jugador de 28 años

El futbolista que según las terminales mediáticas madridistas -sin duda demasiadas, pero ese es otro tema- venía al Madrid para alcanzar su verdadero techo, pelear por el Balón de Oro y devolver a su club al camino de luchar por la Champions vive inmerso en una suerte de agujero inexplicable. Se lesiona por mera costumbre. Cuando juega, vaga por el campo. Parece una sombra de lo que fue. Cuatro goles en 36 partidos.

¿Por qué está pasando esto con Hazard? Quizás sólo pueda achacarse a una mezcla entre mala suerte y la citada errónea preparación física -porque la suerte, por sí sola, no puede hacer esto-. Quizás todo proviene de un error de nefasta planificación deportiva, dado que incluso los políticos adictos a las mociones de censura, el transfuguismo y las triquiñuelas pueden entender que carece de sentido gastarse 100 millones en un jugador de 28 años. Quizás todo, mucho más sencillo, se resume en que esos seres presuntamente superiores también se equivocan. O, mejor dicho, cuando yerran también es a lo grande. Galácticamente.