Casi nadie recuerda el resultado de aquel partido (1-0). La final de la Copa del Rey de 1984 pasó a la historia del fútbol por la tangana posterior que protagonizaron los jugadores de Barça y Athletic. Aquel día los bilbaínos lograron su último título relevante y Diego Armando Maradona jugó su último encuentro como azulgrana. Pero ni siquiera esos datos pueden con la impactante potencia que transmiten las imágenes de aquella pelea postrera.

El partido se disputó en el Santiago Bernabéu el 5 de mayo de 1984. El Athletic era favorito porque acababa de hacerse con el título de Liga. En frente estaba un gran Barça comandado por el alemán Schuster y por el astro argentino. La rivalidad entre los contendientes y el morbo que desprendía el encuentro eran máximos porque unos meses antes, en septiembre de 1983, Andoni Goikoetxea había lesionado de gravedad a Maradona merced a una entrada que está en los anales de la antideportividad.

De alguna manera el partido también suponía la batalla entre dos estilos futbolísticos antagónicos que los aficionados al fútbol rememoran con sólo mencionar a los entrenadores de los finalistas: César Luis Menotti y Javier Clemente. El preciosismo contra el pragmatismo. La calidad contra el físico. El toque contra el patadón. El técnico bilbaíno, que nunca ha tenido pelos en la lengua, insultó a Maradona en la previa.

No fue el mejor partido de ninguno de los presentes en el campo. En el minuto 13 Endika adelantó al Athletic con el único gol del partido. Durante los 80 minutos restantes el Barça lo intentó pero se topó una y otra vez contra el muro defensivo de un equipo aguerrido que supo mantener su ventaja sin demasiados problemas y a base de continuas faltas que desquiciaron a sus rivales. Faltas, piques e insultos a raudales. Demasiada tensión que hacía presagiar lo peor.

Los múltiples roces del encuentro y los comentarios previos fueron el caldo de cultivo para la batalla campal que se desató cuando el árbitro decretó el final. Sola hizo un corte de mangas a Maradona. El argentino le propinó una patada. Empezó el caos. Más patadas. Empujones. Puñetazos. Y golpes de todo tipo. El Pelusa, gran protagonista de la pendencia, dejó inconsciente a un miembro del cuerpo técnico del Athletic. Migueli, del Barça, y el citado Goikoetxea mostraron sus dotes para las artes marciales con golpes de kárate. Histórico bochorno. Vergüenza eterna.

Menotti declaró al final que "si esto ha sido un partido de fútbol, el fútbol está muerto". Pero la verdad es que fue fútbol, aunque no del más bello.