En estos días los aficionados del fútbol español andan centrados en tres asuntos: el lamentable episodio racista acaecido en Cádiz, el triunfo de la Real Sociedad ante el Athletic en la Copa del Rey y la vuelta de la Champions de este martes con todo un Madrid-Liverpool. Resulta ciertamente lógico. Sin embargo, pasa inadvertido para la mayoría un tema que, como ya informó Vozpópuli, puede variar el rostro del fútbol europeo hasta hacerlo irreconocible. Porque en este mes de abril se decidirá el formato de las competiciones europeas del futuro, con la ya famosa Superliga como amenaza a los campeonatos nacionales.

Existen dos actitudes respecto a esta hipotética revolución del fútbol europeo que al menos sobre el papel aumentaría sobremanera el capítulo de ingresos de los grandes equipos del continente. La primera actitud, ya expresada aquí claramente, es asegurar que esta Superliga supondría simple y llanamente cargarse el fútbol español. La segunda consiste en defender este cambio que preconizan Florentino Pérez y compañía porque la Champions es la madre de todos los títulos y, por ello, hay que apostar por un formato similar al de la NBA o la Euroliga de básket que sirva para explotar más este deporte.

Repito que mi posición es cristalina, pero no está de más admitir que también es bastante irrelevante. Aquí la cosa no va de opiniones periodísticas, claro está, porque aquí hablamos de negocio. El compañero Joaquín Hernández ya ha explicado en este diario que el cambio podría servir para remediar el desastre de los 5.000 millones de pérdidas que ha provocado el impacto de la pandemia en el deporte rey. No es una cantidad para tomarse a broma y menos aún cuando tantos equipos andan en números rojos o en serio riesgo de adentrarse en ellos.

Queremos escuchar la voz del pueblo antes de una decisión de tamaña relevancia que, salvo milagro, van a tomar en los despachos unos señores encorbatados que tal vez lleven demasiados años yendo a palcos y sin pisar una butaca de aficionado

Teniendo en cuenta, además, que crecen en todas las tertulias -ellos sabrán por qué, pero huele a comidas pagadas en reservados de ilustres restaurantes- los defensores de este proyecto de Superliga, quizás sea ya hora de preguntar sobre el particular a los aficionados. Son ellos y no los tertulianos quienes pagan esta fiesta hedonista del fútbol. Y digo yo que algo tendrán que decir al respecto.

El referéndum se antoja caro y de dudosa legalidad. Así que hay que hacer una encuesta. O, mejor, una macroencuesta. El sondeo nos servirá para conocer la opinión de los futboleros sobre el nuevo modelo de negocio que pugna con el tradicional. Desde aquí reclamamos a los Tebas, Rubiales y demás gestores del fútbol patrio que encarguen cuanto antes esta encuesta. Queremos escuchar la voz del pueblo antes de una decisión de tamaña relevancia que, salvo milagro, van a tomar en los despachos unos señores encorbatados que tal vez lleven demasiados años yendo a palcos y sin pisar una butaca de aficionado.

Señores del fútbol, no encarguen esta encuesta, tan necesaria para nuestro futuro, al Centro de Investigaciones Sociológicas que dirige, con mano socialista y sin rubor alguno, José Félix Tezanos

Necesitamos saber cómo respira el personal sobre una cuestión verdaderamente importante como esta. Que la pregunta sea abierta o cerrada no importa. Tampoco que se haga sólo por vía telefónica o también por vía telemática. Todo ello son detalles que habrá que dejar a los expertos en la materia, que son legión aunque rara vez acierten cuando se trata de hacer vaticinios. Pero eso sí, señores del fútbol, no encarguen esta encuesta, tan necesaria para nuestro futuro, al Centro de Investigaciones Sociológicas que dirige, con mano socialista y sin rubor alguno, José Félix Tezanos. Porque esto es mucho más serio que esos jueguecitos electorales. .