Hay goles que recuerdan todos los aficionados al fútbol. Instantes de esplendor que pasados los años siguen emocionando a los ojos que los vivieron. Porque volver a ver esos tantos te empuja a rememorar durante un segundo aquella alegría infinita y transversal que anda guarecida en los recovecos de la mente. Eso ocurre con el gol de Nayim que dio la Recopa de 1995 al Real Zaragoza. Entonces fue asombroso. Hoy es (o sigue siendo) simplemente inolvidable.

Quizás los más jóvenes ni recuerden que existía un título llamado Recopa en el que competían los campeones de Copa de cada país. Pero volvamos a lo que nos ocupa. Corría el minuto 120 de la final que disputaban en París el equipo español y el Arsenal. En el Parque de los Príncipes, nombre rimbombante del estadio parisino, todo el mundo esperaba los penaltis que decidirían al campeón. Entonces el balón sale rebotado en una disputa y cae cerca de Nayim, que controla con el pecho y, en un intento que se antojaba delirante, dispara una parábola imposible desde 40 metros. "¿Adónde va este?", nos dijimos todos.

Vuela el balón durante dos segundos que se hacen eternos, en los que parece detenerse el tiempo. Lo que parecía una locura de súbito parece probable porque la pelota cae hacia la portería. El arquero inglés, David Seaman, acaso entre confiado y sorprendido, comete dos errores: sólo saca una mano y salta antes de tiempo, de forma que toca el balón cuando él mismo está cayendo y carece de fuerzas para rechazarlo. Lo imposible deviene en posible. O milagroso.

El grito emocionante y emocionado de José Angel de la Casa, histórico comentarista de TVE, es una prueba irrefutable de la mezcla de asombro y alborozo que sentimos quienes asistimos a este momento. Nadie puede creerlo por la forma en que ha sucedido, pero es real. El Zaragoza, campeón de la Recopa de Europa ante el equipo que había levantado el trofeo el año anterior.

La final, disputada el 10 de mayo de 1995, había empezado con demasiada dureza por parte de los jugadores ingleses. El Zaragoza de los Poyet, Higuera, Aragón o Pardeza y entrenado por Víctor Fernández no lograba desplegar su buen juego, ese que les había permitido eliminar en semifinales al Chelsea y en cuartos al Feyernoord gracias a partidos memorables. En el segundo período llegaron los goles. Esnáider adelantó a los maños en el minuto 67 gracias a un trallazo con la izquierda que borró las telarañas de la portería de Seaman. Poco después Hartson empataba tras una buena jugada de los ingleses.

En realidad pocos recuerdan lo que pasó antes del lanzamiento de Nayim, que lo eclipsa todo porque no existe un gol siquiera parecido. Muchos goles se han marcado en el último minuto, no tantos se han metido cuando una final está a punto de acabar y muy pocos se han logrado desde esa distancia. Lo de Nayim aúna todas esas características. Por eso ahora, 26 años después, sigue emocionando a cualquier aficionado al fútbol. Por eso, está en la historia de este maravilloso deporte.

(A Jorge Sainz, enorme periodista, gran amigo y zaragocista impenitente)