Barcelona y Villarreal se citaron en el Camp Nou después de la siesta, horario que pareció condicionar el partido en su tramo inicial. Los dos equipos se desplegaban con desgana en ese primer tramo de ritmo plomizo, agresividad nula y ocasiones inexistentes.

Hasta que una jugada aislada incendió el choque. Una contra de libro de la MSN, de esas en las que se buscan con una sonrisa en la boca, abrió el marcador. Suaréz dirigió la contra con Neymar barriendo al primer palo y Messi recibiendo en el segundo para servir al centro, donde el brasileño, en situación tan controvertida como milimétricamente reglamentaria, recibía para marcar el primer gol.

El gol desordenó el partido y le puso picante, obligando a los castellonenses a afilar sus expectativas y aumentar su agresividad. Debido a ello surgían los espacios y se disparaban las revoluciones del ataque azulgrana. Y en ese ir y venir, diez minutos más tarde el Villarreal encontró un desajuste con 30 metros a a espalda de la zaga culé. Una temeridad teniendo enfrente a Bakambu, que en una estampida se plantó ante Ter Stegen para batirle con pasmosa tranquilidad. El partido estaba en las áreas. Y en eso el Barcelona lleva toda la temporada evidenciando que es tan letal en la contraria como vulnerable en la suya.

Piqué y Soldado desperdiciaron dos remates de cabeza difícil de errar. El partido estaba demasiado abierto para las pretensiones azulgranas. Un disparo cruzado de Neymar, un remate de Suárez y una falta de Trigueros parecían lo último rescatable de una primera parte incómoda para la parroquia culé. Pero en la última jugada llegó la pelota a Messi, que arrancó una diagonal en el borde del área amagando disparar para evitar a los defensas que le iban saliendo al paso. En medio de la marabunta amarilla encontró un hueco y disparó mordido enviando la pelota a la red y desmoronando de nuevo las pretensiones de Escribá y su gente. Un gol y una asistencia del argentino dejaban al Barça arriba en el marcador.

La segunda parte amaneció más nerviosa que la primera con Neymar y Digne ganando la línea de fondo por la izquierda. Síntoma de lo que se venía encima. El Villarreal se agazapó en su área, con una comodidad inquietante, y el Barcelona bailó alrededor del área de los castellonenses con protagonismo del brasileño en una tarde inspiradísima. El partido estaba en el alambre, pero los dos equipos estaban cómodos. Pasada la hora Escribá invirtió el escenario y mandó irse a presionar arriba. El Barça, con paciencia, ensanchaba el campo tratando de tejer la salida de su campo con la pelota.

Pero el partido se rompió en una pillería. Rakitic sacó rápido un balón que Sergi Roberto llevó presto hasta Luis Suárez, quien recortó a Álvaro y amarró el disparo a la red. Gol número 34 de Suárez esta temporada, que junto a los 50 de Messi y los 16 de Neymar completaban ya los 100. Un centenar de goles que explican el principal y casi único argumento ofensivo de este Barcelona.

Un penalti a lo Panenka de Messi, tras majestuosa jugada de Neymar, redondeó una goleada engañosa que corona un partido en el que el diagnóstico es el resumen de la tempora. El Barça disfruta en el área rival y sufre en la propia, donde le crean muchas ocasiones. Algo, esto último, que no ocurría con Guardiola...