Fernando Alonso nunca tiene razón para el puñado de antialonsistas que analizan con microscopio cada decisión del piloto español. Haga lo que haga, lo hace mal.

Una cosa es la lógica desilusión de quienes ansiaban ver al asturiano en 2017 al volante de un Mercedes y, por tanto, con opciones reales de ganar el título, y otra la crítica fácil y, sobre todo, dura.

Este martes Alonso acudió a la sede de McLaren para zanjar de forma rotunda ante los jefes de la escudería y ante el mundo los rumores que le situaban como uno de los candidatos a ocupar el asiento dejado libre de forma sorprendente por Nico Rosberg apenas unos días después de proclamarse campeón del mundo.

El coche libre es más que goloso. Es una de las dos máquinas que partirán en marzo de la parrilla de Australia con la vitola de máximas favoritas a ganar el título. Y las hipotéticas manos de alguien como Fernando Alonso, mucho más.

Deportivamente, era una oportunidad inmejorable. Y teniendo en cuenta la edad de Alonso, mucho más. A los 35 años, el tiempo corre más deprisa que los bólidos y los campeonatos van pasando sin que el ovetense logre el ansiado tercer entorchado mundial.

Precisamente por eso, y aunque la posibilidad de que Mercedes fichara a Fernando sólo era una de las muchas que barajan en el equipo germano, la negativa firme del español ha proporcionado munición gratuita para que sus enemigos le aticen durante los próximos meses.

Dos son los argumentos fundamentales de los anti: el económico y el anímico.

Contrato multimillonario

Según Bussiness Book, Fernando Alonso cobra 35 millones de euros en McLaren Honda, diez más de lo que paga Mercedes a Lewis Hamilton.

Sin que haya habido siquiera negociaciones, algunos de los enemigos de Alonso han optado por el recurso fácil de afirmar que la escudería de la estrella no podía pagar dos sueldazos y que, derivado de eso, el asturiano se ha negado a percibir ni un euro menos de lo que gana actualmente. Dos afirmaciones y, por tanto, un silogismo económico indemostrable.

Miedo a Hamilton

El segundo razonamiento, presuntamente de índole deportiva, es todavía más kafkiano.

Los antiAlonso aseguran que el bicampeón mundial ovetense no quiere competir de nuevo -como en 2007 en McLaren- a cara de perro en el mismo garaje que Lewis Hamilton.

Dicen que Fernando es el amo en McLaren Honda, que lo será más en 2017 junto al joven belga Stoffel Vandoorne y que no tiene ya ganas ni fuerzas para luchar en cada metro de pista y en cada centímetro de box y de despacho.

En las cabezas de estos aficionados no entra el concepto de lealtad de Fernando Alonso con McLaren, y sobre todo con Honda, que apostaron fuertemente porque él liderase un ambicioso pero peliagudo reto. Y, en esa línea, son capaces de admitir que lo de verdad valiente en este caso es aguantar en su actual equipo intentando llegar a lo más alto habiendo partido de la nada.

Si Alonso y McLaren lo consiguen, los agoreros tendrán que esconderse. Si, por contra, Mercedes vuelve a arrasar, las redes sociales se llenarán de ácidas -más todavía- críticas.