Deportes En España somos tan gilipollas que vitoreamos a Rossi

Hasta hace unos meses, el motociclismo era uno de los pocos deportes donde la rivalidad sólo existía en la pista y terminaba cuando lo hacía la carrera, con el ondear de la bandera a cuadros. Siempre ha habido batallas portentosas, carenado con carenado... pero nada más.

Por supuesto, ni todos los pilotos eran amigos ni se iban juntos a cenar los domingos por la noche después de cada Gran Premio. Pero se respetaban y, como sucede en cualquier modalidad, esa actitud se trasladaba a sus seguidores, que también respetaban a los demás aficionados sin importar nacionalidad. Ahora no.

Lo sucedido en el tramo final de la temporada pasada, cuando la batalla a tres bandas entre Jorge Lorenzo, Marc Márquez y Valentino Rossi fue favorable al primero, que se proclamó campeón, ha enlodazado el Mundial de MotoGP hasta límites desconocidos. Ganó Lorenzo, Rossi vociferó e insultó a los pilotos españoles... y el asunto se ha envilecido tanto que Dorna, empresa organizadora del campeonato, ha creído prudente ponerles guardaespaldas a Lorenzo y Márquez este fin de semana durante el GP de Italia:

Desde lo sucedido en noviembre del año pasado, muchos de los numerosísimos fans de Rossi en todo el mundo abuchean de forma sistemática a Lorenzo y Márquez. Y, por lo visto, se teme que en Mugello puedan ir más allá de los silbidos. Una actitud -los pitos- lamentable, pero que podría llegar a entenderse si eres italiano o, como mínimo, no eres español.

España es otro mundo. Evidentemente, el DNI no te obliga a apoyar a ningún compatriota. Y la libertad es una de los bienes más preciados del ser humano así que, aun siendo español, ¿por qué no desear que gane un deportista legendario como el italiano Valentino Rossi? Cada uno tiene sus gustos.

Lo que va más allá de la libertad, y roza el ámbito de la insensatez, es ser español y abuchear a tus paisanos mientras vitoreas a un italiano. No se trata de rancio nacionalismo. Ni siquiera de patriotismo, ese concepto tan denostado en un país donde nunca ha existido.

Es, simplemente, una cuestión de respeto. De educación. Virtudes que deberían estar presentes siempre, en la vida y en el deporte, pero que se antojan obligatorias cuando estás en presencia de tipos que se juegan la vida sobre una máquina de dos ruedas a más de 200 km/h.

Hay que ser "gilipollas" para renegar de los tuyos hasta el extremo de vituperarlos en público mientras alabas a un italiano que lleva meses sembrando el odio. Dicho sea todo esto desde mi "libertad de expresión". Que, supongo, será la misma que ampara a quienes exhiben banderas independentistas y pitan himnos nacionales ajenos. Cosas todas ellas que solo suceden en un país llamado España. 



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