GOLF

Un 'major' que vale una vida: Sergio García se saca de encima en Augusta su gran maldición

García, tras embocar el 'putt' de la victoria.
García, tras embocar el 'putt' de la victoria. EFE

Pocos confiaban ya en él. Y no es éste, lo juro, el tópico con el que se suele comenzar el relato de una resurrección de película, sino un hecho empírico. Tras 74 oportunidades, incontables decepciones y tantos domingos ilusionantes tirados al sumidero, Sergio García ha espantado, al fin, todos sus fantasmas. Y lo ha hecho con elegancia: llevando a su armario la prenda verde con más solera del golf universal tras ganar un Masters de Augusta que, más que por una chaqueta, vale por una vida.

Dieciocho años después de que aquel niño prodigio de Borriol pisara los 'greens' de Georgia por vez primera y comenzase a embelesar al deporte patrio, Sergio se ha confirmado como el siguiente eslabón en la cadena que empezaron a trenzar 'Seve' Ballesteros y Chema Olazábal. Desde 1999, un español no ganaba un 'major' y ha tenido que ser García, tantas veces tildado de perdedor, quien gritase un "me lo merezco" cuando los focos empezaban ya a resignarse a apuntar a Jon Rahm como opción viable de futuro.

En un mano a mano formidable, con momentos de golf apabullantes, el borriolense (-9) aguantó el pulso del inglés Justin Rose, tantas veces compañero de correrías en la Ryder Cup, negociando bien incluso un desliz en la vuelta final de esos que antaño presagiaban el desplome. Pero esta vez no. Algo era diferente. "Sentí la calma que nunca había sentido en un grande", diría luego.

Tuvo un 'putt' asequible, aunque de caída traicionera, para vencer en el 18, pero lo falló y el desacierto en un golpe clave parecía desperezar de nuevo su maldición gitana. Caminó con la cabeza gacha hacia el hoyo de desempate y muchos creímos notar el 'déjà vu' de amargas tardes pasadas. Pero su cabeza funcionó como nunca y fue Rose el que terminó por tirarse a la cuneta, con un último mal 'drive' y un posterior 'bogey' que anunciaban que Sergio, inmutable con un 'birdie' primoroso, iba a ser el campeón.

García abandona así a Lee Westwood y a Colin Montgomerie en la presidencia del selecto club de jugadores brillantes que jamás han ganado un 'major'. Que ardan portadas pasadas y titulares agoreros. 'El Niño' se ha hecho mayor en Augusta. Ganando. De una vez por todas.



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