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El Real Madrid cae eliminado de la Euroliga: los porqués del descalabro

Jeffery Taylor, abatido tras la eliminación.
Jeffery Taylor, abatido tras la eliminación. EFE

Cuatro años después, el Real Madrid no estará en una Final Four de la Euroliga. Será la primera vez que Pablo Laso no transite por la cita por excelencia del baloncesto del Viejo Continente desde que, en 2012, Montepaschi Siena y el por entonces denominado Gescrap Bizkaia (hoy Dominion Bilbao Basket) dejaran a los blancos fuera de combate en el Top 16. A partir de ese momento, tres finales y un título contemplaban a los merengues.

Es justo apuntar que, pese a que el técnico vasco subrayase en la rueda de prensa inmediatamente posterior al KO que estaba muy orgulloso de la competición que habían hecho sus jugadores, el Real Madrid ha avanzado a trompicones durante todo el torneo. Siempre trastabillado, había conseguido burlar la morrada en dos ocasiones, venciendo en verdaderas finales al Bayern de Múnich en la primera fase y al Khimki en la antesala de octavos, pero la sensación era de que se había caminado demasiado por el borde del precipicio.

Y si la indudable competitividad del cuadro capitalino había conseguido apagar algunos incendios pasados, contra el Fenerbahçe (un superequipo aun sin el lesionado Jan Vesely) las llamas multiplicaban el trabajo de los bomberos. La mano del mítico Zeljko Obradovic supo jugar bien con las piezas del tablero y Luigi Datome, Ekpe Udoh (un número 6 del Draft de la NBA que ha martilleado a los madrileños en la pintura) y Bogdan Bogdanovic fueron capaces de lidiar con la baja del hombre mejor pagado de la plantilla.

El Real Madrid sólo llegó a mostrar credenciales de campeón durante el primer partido en tierras turcas, en el que un parcial de 12-23 en el tercer cuarto obligó a los locales a desequilibrar la contienda en el último. En el segundo choque sobre el parquet del Ülker Sports Arena, los blancos fueron borrados del mapa (100-78) y en el a la postre definitivo, una aguda crisis ofensiva resultó letal para los de Laso, que se quedaron anclados en 63 puntos.

Incluso sin Vesely, su gran estrella, el Fenerbahçe fue demasiado para este Real Madrid

Sirven tras esta eliminación las mismas conclusiones que se hubiesen sacado si la moneda del Real Madrid-Khimki que cerró el Top 16 hubiera caído en cruz. Alejándonos de dramatismos, hay que recordar que esta misma plantilla merengue venció con solvencia en la pasada Copa del Rey, por lo que el proyecto Laso no da síntomas de agotamiento. Bien es cierto, sin embargo, que la dirección deportiva deberá afrontar de cara al futuro una serie de retoques en el plantel que serán claves para el corto-medio plazo.

En el perímetro, el puesto de base está muy bien cubierto (incluso dando la sensación de que se ha infrautilizado al talentosísimo Luka Doncic) pero, si ampliamos el espectro, otros exteriores despiertan más dudas. Sólo Sergio Rodríguez ha superado los diez puntos de promedio en la eliminatoria clave, en la que, por ejemplo, se ha echado en falta a un gris Rudy Fernández, al que contemplan casi tres 'kilos' por temporada en materia de nómina (segundo baloncestista mejor pagado de la Euroliga, sólo por detras del ruso Alexey Shved) y que no se ha mostrado lo desequilibrante que avisa su contrato. 

Aunque lo que quizá más hayan extrañado los aficionados madridistas haya sido a la cohorte de soldados universales que tan importante fue en la Novena. Nocioni siempre muere por la camiseta que lleva puesta, pero lleva 36 años impresos en el pasaporte y al de Santa Fe le devoran los problemas físicos. Maciulis, su partenaire en tantas segundas unidades el curso pasado, luchando en el Vietnam de los aros, ha sido absolutamente intrascendente.

Si a eso le sumamos a un Felipe Reyes eterno pero limitado en sus funciones, a un Lima novato a estos niveles, a un Taylor sobrepasado, a un Hernangómez tierno, a un Rivers efervescente (tanto para explotar como para luego diluirse) y a un Thompkins con el que el club reconoce tácitamente que erró en verano (ay, Slaughter), los peros ya son varios (y serios).

Urge para Juan Carlos Sánchez reforzar la posición de alero y la 'cuatro' con nombres contrastados (sólo hay que fijarse para cotejar el nivel en los que, en esta última eliminatoria, tenía enfrente). Y quizá acompañar a Gustavo Ayón de alguien de garantías en sus minutos de relevo (paradojas del deporte, el huido Bourousis se ha metido en la Final Four con el Baskonia haciendo el mejor baloncesto de su vida).

Son reformas que la dirección técnica del club de Concha Espina tendrá que acometer en verano. Antes, deberá recopilar los restos del naufragio para armar otro bajel con el que navegar hacia el título de Liga Endesa. No lo tendrá fácil: el Barcelona ya no parece tan afligido como en febrero, el Laboral Kutxa de Perasovic recuerda al Tau Cerámica de los años mozos y, por si fuera poco, el completísimo Valencia Basket se negará a clausurar en blanco su temporada histórica. ¿Demasiado oleaje para una tripulación que ya no está entre las cuatro mejores de Europa?

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